Constructores
Con marco: 84 × 74 × 2.5 cm
Descripción
Desde una particular perspectiva, podemos observar a tres hombres con cachuchas que trabajan en una construcción urbana. Visten atuendos de mezclilla sin camisa y sobresalen por su musculatura corporal. Los personajes se encuentran rodeados por rascacielos y por estructuras, cadenas y vigas de acero. Además de los elementos mecánicos, advertimos en primer plano las partes pesadas de una grúa, como poleas, punta y gancho. Los altos edificios quieren recordar al espectador que nos encontramos frente a una urbe cosmopolita que conjuga armónicamente el acero fundido, el concreto y al obrero especializado.
Comentario
La obra Constructores puede ser un ensayo o una variación de los dibujos para las estampillas fiscales realizados por Francisco Eppens en la administración cardenista (1934-1940). La producción visual del pintor en este periodo se distinguió por la configuración visual de signos y símbolos que fueron utilizados para fortalecer la propaganda de este régimen. Debemos recordar que este imaginario fue profuso en representaciones de trinidades revolucionarias, soldadores, libros, escuelas, actividades deportivas, mazorcas de maíz, banderas, hoces y martillos.
En la trayectoria de este pintor originario de San Luis Potosí destacó particularmente su quehacer como ilustrador y diseñador gráfico en los Talleres de Impresión de Estampillas y Valores (TIEV) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, tarea que desempeñó de 1935 a l951. En la década de los años treinta, este artista también realizó varias portadas para varias publicaciones sindicales como Lux y Avante.
En esta apoteosis del constructor moderno, el artista empleó lineas diagonales y verticales para conferirle fuerza a la composición y destacar al mismo tiempo la simetría de los primeros planos. La utilización del lápiz-crayón da a la obra contrastes lumínicos, sombreados contundentes e ilusión de profundidad; mientras que la perspectiva de la obra recuerda los ángulos contrapicados de las fotografías del ruso Alexandr Rodchenko.
Constructores expresa la condición simbólica del cuerpo masculino que operó en el imaginario del Estado: el hombre nuevo, superior, fuerte y saludable sería el encargado de conducir a la sociedad hacia un futuro ideal basado en la industrialización. La energía muscular remite a una identificación masculina y la perfección anatómica que también se implementó en las academias decimonónica. En ese sentido, lo masculino fue concebido como una fuerza espiritual con capacidad de transformación y con un carácter "androcéntrico, falocéntrico e hipermasculino".
La fuerza física ejercida por estos trabajadores urbanos, que es posible apreciar en una musculatura desbordante, evidencia su total capacidad de manejar maquinaria pesada y su dignificación por medio del trabajo. la masculinidad se acompaña de elementos industriales, mecánicos y modernos y denota también el dominio del hombre sobre ellos, si bien la obra quiere hacer patente el poder del trabajador y su unión afortunada con la tecnología y la ingeniería. En esta retórica visual del progreso, las figuras están representadas de manera casi heroica, celebran la parte humana pero también la industrial. La exaltación de trabajadores de cuerpos musculosos, racionales, fuertes y viriles era equivalente a la legitimación del individuo político.
La ficción de un nuevo hombre se sostuvo también en los adelantos científicos, consecuencia natural de una reestructuración política y el establecimiento del orden social. Jean Clair señala: "en regímenes basados en una política racial, el guerrero y el ciudadano fueron considerados como productos de la tecnología biológica y de la ciencia genética. El concepto de la eugenesia, impuesto por los Estados totalitarios, se conjugó con el sueño de fabricar las células de un hombre puro y regenerada". De esta manera, un componente central de las ideas eugénicas y de las teorías higienistas del régimen posrevolucionario fue el culto al cuerpo y la exaltación del deporte, bases de una estética de perfección corporal.
El dibujo Constructores se contextualiza dentro del discurso modernizador enarbolado por la élite posrevolucionaria. La política higienista, promovida por agentes y tecnócratas de las décadas de los años veinte y treinta, derivaría en una búsqueda de transformación, mejoramiento, "perfeccionamiento genético" y "dominio personal del cuerpo" de la sociedad mexicana, donde sólo tendrían cabida los individuos más aptos, sin vicios o sin defectos congénitos que harían efectivas sus obligaciones cívicas.
Debemos recordar que la eugenesia fue difundida entre los médicos mexicanos en la década de los años veinte e influyó notoriamente en las políticas públicas del régimen. Como lo ha estudiado Beatriz Urías, se articuló una "cruzada contra la degeneración, el alcoholismo, las enfermedades y la prostitución [. . .] poniendo un especial énfasis en los niños, las mujeres, la familia y los trabajadores". Durante el callismo, el maximato y los años cardenistas "el combate sanitario contra aquello que la sociedad había incubado como elementos 'patológicos' apareció, en efecto, como una manera de buscar el establecimiento de un orden y la aplicación de una ley".
En efecto, la aplicación de la medicina preventiva en el ámbito social determinó el terreno de las medidas políticas y, en este sentido, se facilitó la unión entre las instituciones médicas y las instancias públicas que intentaron lograr la "regeneración social", que es precisamente donde se inserta el "hombre nuevo".
El régimen de Lázaro Cárdenas tuvo como principal modelo el "nuevo hombre" soviético, el cual fue mado no sólo por medio de medidas positivas tales como la educación de la juventud y la difusión de los deportes, sino también mediante la "reeducación" en distintos ámbitos de las esferas pública y privada.
En Constructores, las figuras masculinas cubren espacialmente el dibujo. No obstante, la obra también se constituye como una alegoría del progreso gracias a la construcción. El comportamiento retórico de los personajes y la utilización del lenguaje corporal-su esfuerzo fisico-deviene en una muestra simbólica del compromiso del trabajador con el régimen. En escala monumental, el obrero hace este despliegue de fuerza y virilidad afirmando una identidad masculina poderosa y simultáneamente glorificada.
Por otro lado, la altura de los edificios concuerda con la propia condición de masculinidad de los protagonistas. Aquí, los rascacielos en bloque-y recubiertos con piedra-se asemejan a los levantamientos del downtown de Manhattan, metáfora de la racionalidad arquitectónica y del poder económico y tecnológico de la época. De manera optimista, Eppens quiere evidenciar la modernización arquitectónica e industrial, pero sin dejar de lado el factor humano, aquí igualmente poderoso.
Eppens, como artista al servicio del Estado, realizó múltiples ilustraciones de tipo oficialista en las que prevalecía la representación varonil. Incluso en las imágenes de actividades deportivas, el artista destacó la simbolización del cuerpo masculino: el hombre superior, fuerte y saludable sería el encargado de conducir a la sociedad hacia un futuro ideal. Así, las obras de Eppens funcionarían para exaltar los logros políticos, sociales, económicos y tecnológicos que querían ser consolidados por el poder estatal.
Podemos suponer que los artistas patrocinados por los regímenes posrevolucionarios tenían la creencia que el proceso institucional del que formaban parte coadyuvaría a la encarnación del hombre y del ciudadano moderno. Los ideales del cardenismo también fueron producto de una asimilación muy sui generis de los programas culturales y artísticos generados en Alemania, la Unión Soviética e Italia. Haciendo una adaptación al imaginario del régimen, la élite instauró una firme propaganda visual que buscó transformar el futuro basado en la industrialización del país. Así, el "hombre nuevo" se asoció con una nueva moral que exaltó sobre todo los valores nacionalistas.
De esta manera, parece ser que la política y las imágenes se fundieron para dar cuerpo a un proyecto de modernización eficaz que consolidó la autoridad del régimen. Ciertamente, Constructores de Francisco Eppens materializó dicho discurso.
Como parte del sistema político, el artista en los años sesenta ejecutó los murales de la sede del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y participó activamente en el diseño del escudo nacional.
La obra fue generosamente donada al Museo Nacional de Arte por Rodrigo Eppens en el año 2004.