Autorretrato
Descripción
Un hombre de mediana edad vestido sobriamente con traje gris sostiene de manera decidida un bastón en su mano izquierda, mientras se encuentra parado en lo que parece ser un escenario. Un cortinaje o telón rojo rodea su alargada figura, el hombre dirige una mirada directa que trasluce frialdad. Detrás de él se sitúa una composición escenográfica en la cual se distinguen diversos elementos: a la altura de su cabeza en el costado derecho, se observa un avión; en el costado izquierdo, un sol; ambas figuras entresalen de un cielo brumoso. Del lado izquierdo, junto a su brazo, se levanta un risco o monte y, por debajo de éste, un tendido de postes eléctricos o de teléfono que se corta abruptamente. Del lado derecho se observa un castillo o torreón ubicado en lo alto de un cerro por el cual serpentea una corriente de agua. En la estructura arquitectónica ondea una bandera tricolor. Detrás del hombre, un camino de magueyes forma un triángulo a partir de su cuerpo y el ángulo del brazo que sostiene el bastón.
Comentario
En 1923 la Secretaría de Educación Pública editó el libro Método de dibujo. Tradición, resurgimiento y evo1ución del arte mexicano, de Adolfo Best Maugard, con el objetivo de utilizarlo como texto de apoyo en las clases de educación artística que se impartían en las escuelas primarias y de artes y oficios del Distrito Federal. Ese mismo año, el artista realizó su segundo Autorretrato el cual puede ser considerado la síntesis de sus planteamientos pedagógicos y estéticos que se remontan a varios años atrás, cuando Best Maugard trabajó al lado del antropólogo alemán Franz Boas dibujando más de dos mil piezas de cerámica para catalogar las colecciones de la Escuela Internacional de Antropología y Etnología Americanas.
Este trabajo, explicaba el artista, le permitió "conocer más a fondo lo arcaico mexicano" y darse cuenta de que los motivos ornamentales se repetían y mezclaban teniendo como base siete elementos que podían combinarse infinitamente a partir de esta primera conclusión, Best Maugard estableció una serie de reglas que indicaban la manera de utilizar los siete elementos ornamentales: después de haberlos asimilado, se ensayarían las diferentes combinaciones estáticas y dinámicas que conformaban las grecas y los petatillos respectivamente. De esta manera, quien utilizara el sistema de enseñanza artística tendría la posibilidad, según el pintor, de ejercer su libertad creadora para concebir múltiples formas mediante estos motivos ornamentales básicos.
En su Autorretrato, Best Maugard partió de las bases planteadas en su método de dibujo y para ello concibió una pintura de grandes dimensiones, decisión poco usual en la producción artística del pintor, la cual se caracterizaba por los pequeños formatos llenos de minucia decorativa.
En esta pintura, Best Maugard representó su espigada figura de cuerpo entero-detalle interesante, pues en su anterior Autorretrato (1922) aparece de medio cuerpo-, para situarla en el centro de la composición como un punto a partir del cual se ordena la escena. El espacio pictórico es concebido a la manera de un foro teatral, dividido por medio de un cortinaje o telón de color rojo que separa el escenario-en el cual se sitúa el pintor-de un paisaje escenográfico.
La obra se caracteriza por un sentido de teatralidad y por el papel que desempeña Best Maugard, al concebirse a si mismo como un actor o "maestro de ceremonias" dentro de un espectáculo que pareciera aludir a la realidad misma. El pintor, situado de pie entre el escenario y el fondo escenográfico, porta con grave ademán un austero traje gris de tres piezas, con lo cual nos da la impresión de encontramos frente a un empleado gubernamental o un rígido profesor. Lo cierto es que esta imagen proyectada por Best Maugard contrasta notablemente con la interpretación realizada por Diego Rivera en el retrato protocubista que le hiciera a su amigo y colega en 1913, en el cual nos presenta al joven como un auténtico dandy, gentleman extremadamente mundano y elegante, despreocupado de su entorno pero profundamente cuidadoso de su aspecto exterior.
Al contrario de dicha visión, Best Maugard busca hacer patente su personalidad y la facultad de mando que de ella deriva, por tal razón acentúa su autoridad no sólo mediante la vestimenta sino también con el bastón que sostiene en la mano. La figura visiblemente alargada de Best-una solución plástica que nos remonta a la obra de El Greco-domina el espacio con su presencia solemne, que se contrapone a la vivacidad y el colorido de la escenografía que lo acompaña. En su papel de director o de maestro de ceremonias, el pintor nos dirige una mirada soslayada al voltear ligeramente su rostro hacia el espectador, signo que en voz de evidenciar una posible evasión nos sugiere la autoridad y el papel protagonista que Best Maugard buscaba representar.
En el paisaje de fondo, el pintor decidió acentuar el sentido decorativo de su obra mediante la integración de algunos elementos-como el avión, el castillo o los postes de luz-que formaron parte del vocabulario visual identificado con las propuestas del Método de dibujo. La presencia de un avión y de un cableado de luz dentro de un paisaje de montañas y magueyes nos podría remitir al proceso de modernización al que debía enfrentarse el país en un momento de reconstrucción nacional, sin embargo, resulta interesante notar que dichos elementos se inscriben precisamente dentro de una escenografía-acentuando con ello su condición falsa-en la que se mezclan libremente los motivos sin obedecer precisamente a la realidad. Dicha sensación de falsedad se hace más evidente por los postes de luz que súbitamente se interrumpen, en una clara demostración de su sentido ornamental.
A pesar de ello, como nos dice Karen Cordero, es notorio el "interés de Best por integrar elementos del llamado ‘arte popular’ en un nuevo contexto de modernización social y modernidad plástica", adaptando su estética primitiva a los "objetos característicos de la modernidad urbana" y reinterpretándolos, de acuerdo con los lineamientos de su sistema pedagógico, en un afán por identificar los motivos de la imaginería popular con los símbolos del progreso material.
De igual manera, en su Autorretrato, Best Maugard también tuvo la oportunidad de integrar otro de los fundamentos que sustentaron su creación artística: la teosofía, lo doctrina que le permitió consolidar un vínculo directo con el proyecto de redención cultural impulsado por algunos grupos de la élite intelectual del país y con el cual se pretendió utilizar al arte como un medio de perfeccionamiento del ser humano. En el Autorretrato, el pintor buscó articular un discurso teosófico que le permitiera explicar la finalidad de su propia creación. Así, por ejemplo, podemos observar dentro de dicha obra que la figura de Best Maugard tiene detrás de si un camino de magueyes el cual, al coincidir con el bastón que el artista lleva en la mano izquierda, crea un triángulo que domina el centro de la pintura. El triángulo, en tanto símbolo de la Trinidad divina, podría hacer referencia entonces a la doctrina mística y espiritual de la teosofía relacionada con la creencia en un ser supremo.
Por otra parte, el bastón que sostiene Best Maugard nos habla de una capacidad de poder y mando, no sólo en el orden intelectual y en la jerarquía social sino también en el orden espiritual, éste es el elemento que señala a un maestro, guía indispensable en el proceso de iniciación. El bastón simboliza también el sostén de la marcha del pastor y del peregrino, lo cual nos habla de un camino por recorrer, en este caso el de la regeneración.
En la composición observamos también un castillo que se encuentra al costado del pintor, el cual se levanta por encima de unos riscos, protegiéndose así de cualquier peligro exterior, signo que brinda la impresión de calma y seguridad. Sin embargo, el castillo es considerado además como símbolo de trascendencia espiritual, de ahí el sentimiento de protección que proyecta. Saliendo de los peñascos sobre los cuales se levanta el castillo, nace una cascada que representa un movimiento descendente que alterna con el sentido de ascendencia que emana de la montaña. Dentro de este paisaje ornamental, vemos además un sol (naturaleza) y un avión (tecnología), colocados en el mismo nivel que la cabeza de Best Maugard, dos elementos que pertenecen al dominio del aire y que de alguna manera son la materialización de su fuerza. Ambos simbolizan la preeminencia de la mente y el pensamiento, síntesis de la inteligencia cósmica.
Al analizar dichos elementos en conjunto mediante una interpretación que busca trascender lo aparente, observamos que el Autorretrato de Best Maugard parece adquirir una nueva dimensión, pues no sólo representa las propuestas estéticas y pedagógicas concebidas por el pintor, sino también su interés por la doctrina teosófica, ya que cada uno de los motivos que hemos señalado simboliza el proceso de transformación y perfeccionamiento al cual aspira la teosofía, de ahí que el pintor se presente a sí mismo como maestro y guía, papel que posiblemente asumía dentro de la sociedad teosófica.
Al retomar nuevamente el sentido formal de la obra, vemos que el pintor recurrió especialmente a los planteamientos de su Método de dibujo con el fin de lograr que el Autorretrato proyectara el carácter de la estética popular, haciendo hincapié en la concepción ingenua y primitiva de las formas y en el uso de colores encendidos, al estilo de las artesanías mexicanas, para demostrar no sólo la viabilidad de su teoría pedagógica sino también para hacer de su arte un ejemplo de autenticidad y nacionalismo artístico.
Best Maugard creó una obra en la que todas las formas se delimitan claramente por la línea gruesa del dibujo, haciendo que el trazo continuo y la pincelada acentúen el sentido de simplificación que intentaba señalar en su pintura, con lo cual el artista busca remitirnos claramente al arte popular e infantil, imitando la manera sintética y planimétrica de concebir las formas que caracteriza a estas manifestaciones. En el Autorretrato, Best Maugard recogió también sus propuestas en torno a la necesidad de impulsar la expresión sincera de las ideas y emociones, desechando los "prejuicios académicos" que entorpecían "las facultades latentes del arte" que subyacían en todos los individuos. Por tanto, su pintura buscaba acercarse a un arte naïve que no entendía de proporciones ni de perspectiva sino sólo de impulsos creativos.
Así, por ejemplo, Best intenta crear un primitivo sentido de profundidad tratando de subrayar con ello la premeditada ingenuidad de la composición. De igual manera, el pintor abandonó ciertos recursos estéticos-esto se manifiesta nuevamente en el rompimiento de la simetría y la proporción-para concebir formas imperfectas que reforzaran la idea de un arte sin pretensiones académicas. A pesar de esta posición que reivindicaba las expresiones antes ignoradas por el arte culto, democratizando los espacios artísticos y transformando los valores estéticos, Best Maugard no pudo sustraerse al paternalismo de las élites culturales tan común en nuestro país, ya que desde su Autorretrato adoptó el papel de maestro y guía (no sólo en las doctrinas teosóficas), utilizado para ello diversos símbolos, pero también el recurso de aislar su figura del resto de la composición, mediante el contraste de colores que se produce entre el gris de su traje y los amarillos, azules, verdes y rojos que dominan el resto del conjunto.
En este sentido, el artista estableció una distancia entre su figura y el entorno popular al cual intentaba evocar, por ello se encuentra parado sobre un escenario, por encima de quienes pueden estar observándolo, dirigiendo el desarrollo de los acontecimientos, pero también dominando dicho devenir desde una posición privilegiada. Finalmente, esto iba más allá de la mera representación plástica, pues por medio de su propia creación artística y de sus concepciones estéticas se hizo evidente la mirada ajena y distante con la que Best Maugard intentó captar las emociones artísticas populares, emanadas de un grupo social al cual no comprendía en toda su complejidad, debido a la irremediable brecha social y cultural que le impedía crear una visión de lo mexicano exenta de idealismos.
La obra se integró al acervo del Munal en 1982 procedente del Museo de Arte Moderno del INBA.