Valle de México desde el cerro de Santa Isabel
: Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 30
Descripción:
"Después de realizar recorridos por parajes de Tlaxcala y Veracruz para óleos como Arroyo de Tlaxcala (1874), Vista de la ciudad de Tlaxcala (1874) y Volcán de Orizaba (1875), (FIG. 61) regresa de nuevo a la Sierra de Guadalupe. Velasco asciende a un cerro más elevado y más al poniente, el de Santa Isabel. Este sitio le permite incluir la solidez del cerro de Atzacoalco, los volcanes, el lago y abarcar más valle y horizonte, con lo que acentúa la vista de manera imponente y majestuosa. En El valle de México desde el Cerro de Santa Isabel, (FIG. 10) de 1875, incorpora una escena retomando ahora la familia y en especial a la madre, como la unidad básica de educación, cohesión y construcción social. En la segunda parte del siglo XIX mexicano el concepto victoriano de la madre articula, a su papel rector en la familia, el de formadora de ciudadanos; por ello "es más importante la educación de la mujer, que la del hombre, porque –educar a éste- es formar a un individuo, mientras que educar a la mujer es formar a una nación".
En este lienzo del valle de 1875, pinta al contorno de la Ciudad de México como una singularidad geográfica del mundo; nada más extraordinario de nuestro espacio que constituir una inmensidad, confinada entre sierras y volcanes, a una gran altura.
Aunque no se trate de un valle, sino más bien de una cuenca, el pintor mexiquense intensifica la idea de valle por la dilatación pictórica de horizontes, lo que conduce a la exaltación del albedrío. Pero el óleo, a la vez recupera la imagen de cuenca, al figurar el hueco geográfico como regazo para la ciudad, espacio como origen, amparo de orografía circundante, matriz-con-cavidad; en una palabra, matria. El concepto se acentúa con la figura femenina y el niño en brazos, junto al paso ligero de la juventud como fuerza vital. De esta manera el espacio en sus óleos, igual que en el imaginario tradicional, es cuenca y valle al mismo tiempo."
(Reséndiz Rodea, Andrés, 2013, p. 26-27)
Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 59
Descripción:
"Históricamente, la representación del paisaje nacional se ha caracterizado por cierto centralismo. El valle de México, franqueado por los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, condensa el territorio nacional como su paisaje fundacional y primigenio. La épica de este paisaje fue trazada, como nadie lo había hecho, por José María Velasco en el siglo XIX. El paisaje, como un género narrativo, es expuesto en una descripción que Justino Fernández hizo del lienzo El Valle de México pintado por Velasco en 1877: "Es una alegoría del país, con los símbolos nacionales del águila y el nopal y en el centro de la composición la villa de Guadalupe, donde nuestra Señora con ese nombre tiene su santuario". Éste es el paisaje nacional centralista, cuna de poderes políticos y religiosos, y sitio de fundación mítica. Su importancia ha hecho que se siga recurriendo a él hasta la fecha cuando se busca englobar un paisaje nacional. No sorprende, por esto, que en ocasiones sirva como escenario para una serie de imágenes que buscan representar a la nación o a la patria. El valle de México sirve como fondo para una trinidad nacional extremadamente particular, pintada por José Bribiesca en 1949, compuesta por Cristo, el Escudo y una madre que alimenta a su hijo".
(Garza, Daniel, 2011, p. 58-59)