La pobreza y la elegancia. Impresión de negativo original del Comitato Tina Modotti. Trieste, Italia.
Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 98
Descripción:
"Así, la vestimenta y la moda entran en competencia con el arte, en cuanto estrategias de significación del hecho corporal; se imponen sobre la gestualidad de la anatomía, que se resalta en el género del desnudo artístico, disfrazando o transformando su simbología a partir de códigos imbricados en una estructura social jerárquica e históricamente delimitada. Si bien la ropa ha sido un definidor de clase, oficio y grupo étnico desde la Antigüedad, su producción y comercialización masiva en el siglo XX la han convertido en una herramienta poderosa de deslizamiento entre clases, que acentúa la importancia de una capacidad adquisitiva que permite ahora transformar no sólo la imagen simbólica del individuo, por medio del arte, sino el cuerpo en sí, por lo menos en apariencia. La relación entre lo virtual y lo real se invierte en este juego de disfraces institucionalizado; la imagen crea y moldea la realidad, la identidad y el estatus social.
Por lo menos esto nos promete la publicidad comercial, como recalcan dos "clásicos" de la época posrevolucionaria, el renombrado fotomontaje de Tina Modotti La pobreza y la elegancia (ca. 1927); fig. 75) y el pequeño óleo El verano (1937; fig. 119) de Antonio Ruiz. Las dos obras dan cuenta del impacto de este fenómeno en la cultura visual urbana, en los anuncios espectaculares y escaparates que compiten en la vía pública por la atención del paseante, ofreciendo a su vista objetos de deseo, que ya no marcan su distancia en términos de pudor estético; más bien la accesibilidad la determina ahora el poder económico, que permite que el espectador se apropie, en términos literales, de la fantasía ofrecida, o bien, que quede relegado a la marginación y la frustración.
Tanto Modotti como Ruiz subrayan este proceso en términos de relaciones espaciales, gestualidad corporal y los códigos mismos de la vestimenta. La imagen rectangular que presenta dos caballeros erguidos y elegantes se asoma arriba y atrás del obrero agachado, sentado en la acera –de espaldas al anuncio–, su cara escondida por la sombra que tiende su gesto de desesperación, auxiliado por la gorra que marca su condición proletaria. Las dos personas "de carne y hueso" en El verano también enuncian su condición social por medio de su atuendo: el sombrero y el rebozo hablan de un origen campesino, mientras el overol y los zapatos de tacón reflejan su ingreso a la sociedad urbana. Elevan su mirada para admirar –asombrados– la evocación del ocio moderno en el aparador, evocación que se figura como contrapuesta a su realidad en todos los sentidos, desde el color de la piel, hasta el contexto geográfico y, desde luego, por la ropa. El vidrio del escaparate sólo confirma su separación abismal.
El uso de fotomontaje por Modotti y la inclusión de un maniquí sin brazos, deshumanizado, por Ruiz, nos hablan de su postura de crítica social ante el discurso corporal que instaura la industria de la moda, a la vez que sus propias imágenes privilegian también la articulación del cuerpo, y del espacio social y pictórico, en términos de ejes de clase."
(Cordero Reiman, Karen, 1998, p. 97-99)