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Retrato de María Asúnsolo
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Artista RAÚL ANGUIANO (1915 - 2006)

Retrato de María Asúnsolo

Fecha1942
TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 102 x 82 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Donación María Asúnsolo, 1988
Más información

En este dramático retrato, Raúl Anguiano representa a María Asúnsolo sentada, mirando a la distancia. El tono de la pintura es solemne, con su fondo oscuro y neutro. La expresión de ella es seria; sus manos llevan un solo anillo y barniz de uñas rojo, y descansan sobre su regazo. Su cabello oscuro, que ya se muestra gris en las sienes, está peinado cuidadosamente en un chongo. Lleva una blusa transparente de cuello alto, fajada dentro de una falda blanca. La imagen destaca notablemente la belleza de la piel luminosa de Asúnsolo, que a menudo ensalzaban los escritores de la época.

Comentario

El retrato de María Asúnsolo pintado por Anguiano es una de las más sencillas de entre las muchas imágenes que inspiró la galerista y musa en la década de los años cuarenta. La pintura es un estudio de contrastes simples pero dramáticos: el atuendo blanco de Asúnsolo frente al fondo oscuro; la solemnidad de su expresión y su peinado apretado en contraposición al fuerte atisbo de sexualidad pícara de su blusa transparente; el contraste del recatado cuello de encaje con las uñas pintadas de rojo brillante. Anguiano, quien más de cincuenta años después declararía que Asúnsolo "fue la belleza del siglo veinte", crea un retrato humano y secular, sin los elementos decorativos ni las referencias bíblicas y mitológicas que aparecen en muchas otras imágenes de Asúnsolo (entre ellas, las debidas a Juan Soriano o Federico Cantú).

Mientras que la pintura de Anguiano puede haberse inspirado en la gravedad similar del cuadro de David Alfaro Siqueiros Retrato de María Asúnsolo bajando la escalera (1935), su retrato tiene relación más estrecha con una fotografía en blanco y negro sin fecha de Manuel Álvarez Bravo-también en la colección del Museo Nacional de Arte. En esa fotografía, Asúnsolo aparece reclinada en un diván, perdida en sus reflexiones. Su vestido cae en pliegues sobre los contornos de su cuerpo, y la transparencia de la prenda se ve acentuada por la luz brillante que proviene de la ventana detrás suyo.Tanto la imagen de Anguiano como la de Álvarez Bravo son retratos cargados psicológicamente que buscan hallar claves de la personalidad de Asúnsolo. La simplicidad y la aparente falta de artificio en ambas imágenes crean una cierta intimidad que sugiere al espectador que es posible conocer de verdad a la modelo fijándose cuidadosamente en su apariencia.

Sin embargo, con todo y la frecuencia con que los artistas prominentes de la época pintaron y fotografiaron a Asúnsolo, los detalles de los primeros años de su vida eran más bien vagos para quienes la conocían. Se ha sugerido que Asúnsolo nació en Estados Unidos, en San Luis Misuri, pero que su fuerte identificación con México la llevaría más tarde a declarar como su lugar de nacimiento el estado de Guerrero. Si bien su madre era francocanadiense, el mayor impacto en su historia personal lo tendría la herencia de su padre, Manuel Dolores Asúnsolo, y su participación en la Revolución mexicana. Por ello es significativo que en el mismo año en que Anguiano pintó el retrato de Asúnsolo, ella le encargara también una imagen de su padre basada en una fotografía de infancia, Retrato de Manuel Dolores Asúnsolo (General zapatista) (1942). Anguiano presenta al joven Manuel Asúnsolo de niño, en pantalón corto, pero su mirada llamativa parece anticipar el protagonismo militar por el que más tarde sería recordado.

En una entrevista de 1996, Asúnsolo contó que la influencia de las actividades revolucionarias de su padre y su posterior asesinato en la ciudad de México, cuando ella era niña, la habían probablemente inspirado a simpatizar con el comunismo. Aunque se la ha alabado sobre todo por su contribución a las artes, escritores como Ermilo Abreu Gómez también han destacado su conciencia política y social: "Con ocasión de la guerra civil española, de la lucha contra el fascismo, de la prédica contra los prejuicios raciales, del esfuerzo en favor de niños abandonados, de los presos abandonados en las cárceles, su ayuda es preciosa." En ocasiones, los proyectos políticos y artísticos de Asúnsolo coincidían: por ejemplo, en 1950 formó parte del comité editorial responsable de publicar en México la primera edición del Canto general de Pablo Neruda.

Anguiano tenía simpatías políticas similares a las de María Asúnsolo: en 1937 se afilió a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y fue miembro fundador del Taller de Gráfica Popular (TGP) el mismo año; su primera litografía producida en el Taller fue una imagen de Emiliano Zapata. Nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1915, Anguiano estudió en la Escuela Libre de Pintura de Guadalajara antes de trasladarse a la ciudad de México en 1934. Anguiano exploró también con regularidad temas apolíticos, como escenas de burdeles, carnavales y figuras alegóricas en paisajes metafísicos, y tuvo contacto de primera mano con diversas corrientes internacionales mientras estudiaba en la Art Students League de Nueva York a principios de los años cuarenta.

En esta época, Anguiano comenzó a recibir críticas elogiosas por su talento como retratista; Jorge Juan Crespo de la Serna, por ejemplo, expresaría que "Anguiano perfecciona el espíritu de cada uno de sus modelos, respetando ese arbitrio que acentúa el soplo psicológico manifiesto." El artista realizó varios retratos femeninos; además de Asúnsolo pintó, entre otras, a Ruth Rivera (1944), Victoria Alonso (1944) y Julia Crespo (1947). Anguiano solía pintar a sus modelos en tres cuartos de perfil, con las manos en reposo y los rostros en expresión solemne pero relajada.

Es significativo que el retrato que más se parece al de Asúnsolo sea uno de su propia abuela que Anguiano pintó en 1940. Aunque en este cuadro hay un tratamiento más suelto y rudo de la pintura, y aunque la modelo es una mujer mucho mayor, ambos retratos comparten un pronunciado contraste de claroscuros, amén de una dignidad callada. Las dos obras son ejemplos clave del estilo de Anguiano, que el artista describiría de manera sucinta en 1947: "Mis formas de expresión se basan en el realismo, pero no en el realismo naturalista. Mi concepto del realismo abarca desde la interpretación directa y fresca de la realidad objetiva hasta el expresionismo interpretativo."

Asúnsolo conservó en su colección su retrato, así como el de su padre, hasta 1988, cuando los donó al Museo Nacional de Arte. Casi sesenta años después de que Anguiano la pintara, volvería a emplear a María Asúnsolo como tema. En 2001, el artista recibió una comisión para un mural titulado Biografía de la pintura mexicana, para el auditorio del East Los Angeles College, en California, y rindió homenaje a Asúnsolo como la figura que había inspirado a tantos artistas. En este nuevo retrato seguiría los pasos de muchos otros colegas que la habían pintado como diosa: la representó como Venus saliendo de una concha. Anguiano recordaría entonces: "Era una mujer muy interesante, bella y sencilla."

Esta pintura ingresó al Museo Nacional de Arte como parte de la donación de María Asúnsolo en 1988.