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Terror cósmico
Terror cósmico
Artista RUFINO TAMAYO (1899 - 1991)

Terror cósmico

Fechaca. 1954
TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 106 x 76 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
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DESCRIPCIÓN

La figura tiene diversas estructuras a partir de su centro. Los aspectos reconocibles pueden advertirse en un rostro desorbitado, los dientes, las comisuras de la boca, la mandíbula, la lengua, las orejas, la nariz y los ojos. Uno de los brazos parece sostener una constelación estelar formada por cuatro puntos, que, a su vez, forman un agrupamiento triangular. También se aprecia de lado derecho una luna seccionada en dos partes. Vemos un conjunto de formas entre curvas, elipses, y líneas triangulares que se entrelazan con el personaje.

COMENTARIO

A partir de la década de los años cuarenta, Rufino Tamayo tenía como una de sus preocupaciones plásticas y temáticas la relación del hombre con el universo. Esta obra es una muestra de este vínculo visto desde una postura de miedo y terror ante lo desconocido y lo infinito, posición que ya había manifestado en otras obras del año de 1954, como los murales en vinelita llamados La noche y el día y Naturaleza muerta hechos para el restaurante Sanborns de las calles de Reforma y Lafragua.

Sobre el tipo de la iconografía tamayesca del horror, Jorge Juan Crespo de la Serna comentó: "Tamayo despedaza la forma humana y los objetos, para recomponer luego un trasunto en devenir, de las cosas, acaso más cercano a una idea cósmica".

Por su parte, Octavio Paz decía: "El sol y la luna, el día y la noche, el terror mecánico y la alegría casi animal de la luz, son las fuerzas enemigas y complementarias que rigen el universo poético de Rufino Tamayo".

Precisamente Paz, quien siguió muy de cerca la trayectoria de este artista oaxaqueño, indicó:

" … el tema es un pretexto; lo que el pintor se propone es dejar en libertad a la pintura: las formas son las que hablan, no las intenciones ni las ideas del artista, Las forma es emisora de significados... "

Así, en esta pintura, existe una combinación entre los aspectos reconocibles de una figura humana y los rasgos que caracterizan al arte abstracto. La composición, eje del cuadro, parece ser una máquina accionada que emite un grito en medio de una constelación estelar. Al abrir la boca no sabemos si es un grito o sólo una expresión mientras que una cabeza superpuesta lo relaciona con una naturaleza humana. Las múltiples formas están enlazadas hasta confundirse en una sola. De manera independiente a esta figura y de una forma muy pequeña, podemos ver un sol eclipsado, una luna en cuarto menguante o un eclipse.

En buena medida, esta pintura nos muestra que el hombre y los avances tecnológicos, dentro de su racionalidad y el dominio, no pueden alcanzar a comprender totalmente el universo y sus secretos. En esta posición reflexiva de Tamayo sobre el cosmos, parece que recurrió a los significados simbólicos. El cosmos es el principio y final de las cosas, mientras que la constelación estelar remite a la nocturnidad y la multiplicidad, son luminarias en un cielo nocturno y simbolizan la luz espiritual capaz de penetrar en las tinieblas. La noche es el símbolo de la oscuridad misteriosa, de lo irracional o inconsciente y también de la muerte. Por su parte, el eclipse de sol y de luna en varios ámbitos culturales suelen relacionarse con la muerte del astro al que se imagina devorado por un monstruo.

Paz hizo una lectura de las obras de Tamayo en relación a este mundo nocturnal: aludía sobre todo a la representación lunar que remitía al peso de la muerte y la noche. Así, dentro de una realidad atroz -de que la máquina parece ser partícipe ­ el artista se asomaba a la muerte y la resurrección de los mundos estelares.

También para el poeta, el espacio pictórico de Tamayo era una extensión animada por el peso y movimiento de su universo simbólico. Dentro de una constelación de formas, la energía quedaba petrificada mientras que la violencia de los contrastes de los colores de la pintura hacía aparición.

El terror manejado en la pintura de Tamayo correspondió a una visión incierta del infinito. Esta máquina parece que fue lanzada al universo y dentro de su construcción racional, no puede controlar su miedo, dentro del dinamismo de la obra, podemos pensar en una dirección ascendente. La máquina quiere ser un reflejo de ferocidad y bestialidad, mezcla de elementos mecánicos y humanos.

En el plano formal, se acentúan más los efectos propios de la pintura y la superficie ilusoria gracias a los contrastes del color que varía entre la paleta de tintes azules, grises, negros, grises y rojizos. Las líneas curvas completan la armonía de todo el cuadro, mientras que también se muestra un dominio de la perspectiva, la cual pone límites a la profundidad del espacio del cuadro. Durante sus estancias en el extranjero, Tamayo decidió experimentar plásticamente con los modelos de la vanguardia europea. Por ejemplo, podemos observar en esta obra ecos del expresionismo abstracto en la forma de componer grandes áreas de color, la búsqueda sintética de elementos formales, la exaltación de los aspectos planimétricos del cuadro y una aparente pérdida del dibujo para favorecer enteramente el equilibrio colorístico.

También en este óleo es evidente que Tamayo cita visualmente la expresión de la gestualidad referente a los cuadros de Francis Bacon. Tamayo toma del pintor inglés la conceptualización de un universo que disuelve el cuerpo y que muestra de manera descarnada la precariedad de la condición humana tanto como el horror que pueden generarse a partir de sus propios miedos e inquietudes. Sobre sus referencias al estilo y a las influencias de Tamayo, Karen Cordero ha mencionado: "encuentra una nueva libertad expresiva … se hace patente una oscilación entre el manejo de un espacio infinito, cósmico tipo Miró, se percibe en algunas obras un dinamismo pictórico …"

Alicia Sánchez Mejorada también se ha referido a esta época de Tamayo como una etapa donde la iconografía está poblada por los astros, el universo, el espacio sideral y los personajes que contemplan el infinito. Sobre esta obra dice: "Una de sus obras más impactantes por la monumentalidad de la figura es Terror cósmico (1954), donde están presentes los astros y un personaje diabólico que escenifica la preocupación de Tamayo por representar el movimiento: el hombre parece una máquina furiosa e incontrolable. El color, azul-gris metálico, acentúa la agresividad del cuadro…"

De esta manera, Terror cósmico es una síntesis de las concepciones de Tamayo que tienen que ver con su visión personal sobre el universo, así como sus preocupaciones de orden estrictamente formal. Postura permitida si recordamos que la obra de este pintor oaxaqueño en este periodo gozó de entera aceptación en la esfera cultural y oficial mexicana. Debido también a su quehacer pictórico dotado decosmopolitismo, su obra tuvo un sorprendente recibimiento en diversos mercados internacionales y dentro de ese contexto se encuentra Terror cósmico.

Esta obra ingresó al Museo Nacional de Arte como acervo constitutivo en noviembre de 1982, procedente del Museo de Arte Moderno.