Museo Nacional de Arte

Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro

Skip to main content
Imagen no disponible para Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro
Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro
Imagen no disponible para Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro
Artista JOSÉ GUADALUPE POSADA (1852 - 1913)

Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro

Fecha1876
TécnicaOffset
DimensionesSin marco: 14.6 x 10.4 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

: Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 114

Descripción:

"Algunas de las convenciones iconográficas que fueron constantes en la época virreinal trataron de ser conscientemente abandonadas por los maestros de la Academia, una generación de valencianos que quiso imprimir un nuevo gusto entre la clientela novohispana y trascender los vicios de los gremios. Paralelamente, la comitencia comenzó a aficionarse a representaciones religiosas cada vez más limpias, luminosas y correctas. Muchas devociones pervivieron; una de ellas, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al de María, sufrió un cambio considerable en su esquema de figuración, pues en la época virreinal el corazón era presentado como un músculo cardiaco coronado o circundado por una corona de espinas, si se trataba del de Cristo, o de flores blancas –lirios-, si era el de María. La figura de la víscera cardiaca era símbolo del amor y de la pasión, del sacrificio sufrido por Cristo y por la Virgen a causa de los pecados de la humanidad. Sin embargo, el siglo XIX incentivó por medio de dos pontificados la devoción al Sagrado Corazón, que si vistió del cariz francés, país en donde cobraría especial fuerza por razones políticas. La representación del Sagrado Corazón comenzó a modificarse: de la víscera cardiaca barroca se pasó a la representación del Cristo resucitado señalando el corazón en su pecho o llevándolo en las manos.

La figura del Sagrado Corazón se identificó como la expiadora por antonomasia de los crímenes de la modernidad y se arraigó entre la población católica conservadora. "En este contexto, la figura del Sagrado Corazón de Jesús se exaltaba como símbolo de la expiación y figura mediadora ante la ira divina por excelencia. Aunque la devoción al Sagrado Corazón había llegado a la Nueva España del siglo XVIII por medio de los jesuitas, hacia finales del siglo XIX se transformó de acuerdo con la forma devocional francesa".

Abandonar la representación de la víscera cardiaca implicaba, entre otras cosas, abandonar una religiosidad de antiguo régimen, relacionada con una espiritualidad oscura y sangrienta; la imagen decimonónica del Sagrado Corazón es mucho más invitante, posee una expresión amorosa y persuasiva, además de que se muestra oferente para revitalizar la alianza de los cristianos deseosos de la restitución de la paz y el orden.

Esta imagen fue representada por Posada, quien fue más bien un artesano, formado en el arte del dibujo, pero rápidamente cooptado por las exigencias de aprender un oficio directamente en el taller. De 1876 es la estampa titulada Jesús ofrece su corazón para que cada uno le demos el nuestro; perteneciente al ciclo leonés, esta imagen revela una dulzura inusual en el trabajo del grabador: el Cristo resucitado aparece ofreciendo con la mano izquierda un pequeño corazón flamígero coronado de espinas.

El trazo es sumamente fino, suave y en el dibujo de la anatomía se acusan rasgos que no son frecuentes en la estampa popular del mismo autor: hay que ver el tratamiento de los pies de este Cristo que, pese a que no están del todo logrados, no se parecen en nada al tratamiento burdo y de líneas rígidas que se aprecia en los pies de la imagen del Señor del Rescate que ya hemos comentado hace dos apartados. Otra diferencia notable es la forma de representar las nubes entre la que aparece la figura: difuminadas casi por completo, no aparecen líneas gruesas y curvas como las que describían las nubes de los rompimientos de gloria en la estampa de San Pedro o en la del Cristo de Chalma. Incluso la expresión de los querubines es muy diferente, si se la compara con la de los cuatro querubines que vimos en la estampa de Nuestro Señor del Rescate".