Misión cultural
Con marco: 153.5 × 93.5 × 3.8 cm
Descripción
La escena que percibimos nos ofrece a seis personajes ocupados en diferentes tareas. En el primer término hay dos figuras, una mujer sentada a la derecha y un hombre hincado a la izquierda. Estos dos personajes se encuentran ocupados en actividades relacionadas con el teñido y el hilado. La mujer, a quien vemos de perfil, está hilando de una pila de material en tonos rojo, amarillo y azul. Por su parte, el hombre extrae un paño de una cubeta de madera mientras con la otra mano gesticula en dirección al personaje que está de pie. Ese hombre erguido y con gafas va vestido con un overol de mezclilla. En su mano izquierda sostiene un matraz de vidrio con líquido y con la otra interpela al hombre hincado. La gestualidad de estos dos personajes sugiere con claridad que están conversando. Detrás de esta figura más bien hierática, hay tres personas más: del lado derecho, una mujer de tez muy clara que sostiene una libreta en la que toma notas; al centro, otra figura femenina con rasgos indígenas, tez morena y un rebozo que le cubre la espalda y cae a sus costados y, por último, otro hombre del que vemos la coronilla ya que se encuentra inclinado y absorto en una tarea indeterminada. Las figuras están delineadas por una línea negra que demuestra un dibujo suelto y seguro. El fondo de esta reunión lo conforman un conjunto de flores blancas, quizás magnolias, que resaltan contra tonalidades en rojo y celeste sugiriendo un espacio apacible y agreste. En la parte superior de la imagen, separada de la escena figurativa por una franja de color blanco, hay una inscripción amarilla sobre fondo azul que lee "MISIÓN CULTURAL". Es la prominencia de este registro textual el que sugiere que la obra podría haberse realizado con la intención de convertirse en un cartel de propaganda o incluso que se tratara del dibujo para un mural, de esos que los maestros misioneros realizaban en las Casas del Pueblo, las Escuelas Rurales o sus teatros al aire libre. Llama la atención la calidad inconclusa de la pieza, ya que hay varios espacios en los que el pintor dejó expuesto el soporte con una muy ligera imprimatura.
Comentario
Más que una simple representación de "los oficios", la narrativa que puede desprenderse de esta imagen se asocia a la labor de los misioneros culturales que desde los años veinte viajaron por el campo mexicano impartiendo talleres a los maestros rurales y a los miembros de las comunidades campesinas, para mejorar las prácticas educativas, agrícolas, artesanales y de la vida cotidiana, como la higiene y la alimentación. Se trata entonces de una. obra que logra una síntesis entre acción y tiempo, para desplegar la actividad de un misionero cultural en una comunidad campesina. La mujer que toma notas detrás del misionero en el centro de la obra es posiblemente la maestra rural que hace apuntes para luego compartirlos con los miembros de su comunidad.
En el catálogo Misiones Culturales: los años utópicos 1920-1933, la pintura está fechada en 1930. Es posible que la datación esté relacionada con la integración de Ramón Alva de la Canal a las Misiones Culturales en 1929. El artista, nacido en la ciudad de México en 1898, se formó en la Academia de San Carlos y participó en las Escuelas de Pintura al Aire Libre (EPAL) fundadas por Alfredo Ramos Martínez; primero en la de Santa Anita, luego en la de Coyoacán y al parecer colaboró en la fundación de la de Chimalistac con otros pintores que trabajaban con los maestros de artes populares en las misiones. Alva de la Canal fue uno de los pintores que decoraron los corredores de la Escuela Nacional Preparatoria; se incorporó al grupo ¡30-30! y también formó parte del movimiento estridentista, para el que realizó ilustraciones de libros de los autores destacados del movimiento.
Esta obra nos permite visualizar las labores relevantes de los misioneros culturales en el seno de las comunidades indígenas y campesinas. Las Escuelas Rurales fueron establecidas por José Vasconcelos, primer secretario de Educación Pública en 1921, año en el que nombra a los primeros misioneros. Si bien estos primeros "maestros ambulantes", como los denominó el señor A. Arellano, tenían como labor visitar los centros rurales indígenas, rendir informes sobre sus condiciones escolares e intensificar la alfabetización, también estaban encargados desde entonces de recomendar la clase de cultura que debía impartirse en los núcleos autóctonos poniendo particular cuidado en la observación de las actividades económicas locales: "seleccionar a los maestros rurales, estudiar las industrias nativas y el modo de fomentarlas; además de organizar una exposición permanente de los productos de las mismas y cooperar con los agrónomos de la Secretaria de Agricultura y Fomento, en el estudio de las tierras, labranzas, cultivos, clima, comunicación y salarios. Se pensó desde entonces, que tanto el Misionero como el Maestro Residente, tenían que dominar el lenguaje autóctono del grupo, conocer las condiciones económicas de la región, y preparar maestros entre los mismos indígenas."
Esta imagen resulta muy diferente a su ilustración de El líder de 1922. En ella, Alva de la Canal representa en el centro de la composición a un orador con el brazo izquierdo levantado en alto, vestido de traje negro y corbata e incitando a las masas populares anónimas, dibujadas en diagonales y en una escala que permite construir una perspectiva dinámica. El gesto del orador, enmarcado entre ondeantes banderas, posibilita leerlo como una posible sátira o caricaturización. Por el contrario, el misionero/científico de la obra que nos ocupa habita un espacio compacto, se involucra con un grupo al que atiende en apretada proximidad y con el que realiza un intercambio de ideas marcado por el gesto de conversación que sostiene con el indígena hincado en el primer plano. Según la investigadora Laura González Matute, Ramón Alva de la Canal alguna vez comentó que los artistas más combativos del movimiento ¡30-30! , los maestros de la Academia y de las EPAL, habían recibido órdenes de salir a las Misiones Culturales, estrategia que intentaba desarticular al movimiento treinta-trentista. Los artistas viajeros dependían de su trabajo como maestros para sobrevivir, pero a pesar de verse dispersados por diferentes regiones del país, no parecen haber perdido el norte del ideario según el cual el artista debe estar en contacto con el pueblo. Este tipo de contacto con las comunidades, que formaba parte del ideario de las Casas del Pueblo y la Escuela Rural, sostenía la colaboración entre misioneros y vecinos en la fusión de los intereses educativos y sociales. El profesor Rafael Ramírez se incorporó al proyecto de las Misiones y llevó a cabo exitosamente la de Zacualtipán, en Hidalgo, en 1923 y luego en 1924 la del estado de Morelos. Ese año aumentó el tiempo de duración de las Misiones de tres a cuatro y cinco semanas. Para 1929, año en que Alva de la Canal se incorporó al cuerpo de profesores misioneros, funcionaron siete Misiones ambulantes y dos permanentes (establecidas en Xocoyucan y el Mexe, y luego trasladadas a Actopan, Hidalgo, y Paracho, Michoacán). A partir del mes de agosto se concentraron en los estados de Jalisco, Colima, Michoacán y Guanajuato "con el fin de que realizaran una campaña de pacificación espiritual", destinada a crear conciencia cívica de la realidad y "de los ideales de la Nación Mexicana, en los pueblos donde una propaganda de fanáticos había sido causa de muertes y devastaciones de todo género". Se trata del año en que oficialmente llegaba a su fin la guerra cristera, por lo que resulta plausible pensar que esta obra de Alva de la Canal podía haber sido pensada a modo de propaganda de las Misiones Culturales y de las actividades científicas a favor de las industrias locales que éstas realizaban, propugnando así una desfanatización y la presentación de los aspectos más positivos de las Misiones, como la mejora científica de los procesos de producción artesanal locales.
Para 1930, el número de Misiones se elevó a 14, doce ambulantes y dos permanentes con el mismo fin que en 1929 de pacificación de los espíritus en varios estados de la República; se recorrieron 19 de ellos y se efectuaron 85 institutos, el número más alto de su historia a los que asistieron 2,482 maestros y maestras.
En 1931, Alva de la Canal seguramente participó en la misión del estado de Yucatán. En este sentido, Campaña de alfabetización y Pareja yucateca nos muestran una afinidad con Misión cultural sobre todo en el tratamiento de las figuras humanas y en el carácter formal de la composición. Estas obras plasman la inclinación del artista por la experimentación vanguardista-geometrismo, dinamismo y cierta abstracción como en su periodo en el ¡30-30!-, así como la utilización de rasgos mucho más clasicistas que se reflejan en la factura y en las líneas del dibujo.
La obra ingresó al Museo Nacional de Arte como parte del acervo constitutivo de 1982.