Desnudo barroco
Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 218-219
Descripción:
"En 1867, con el triunfo político y militar del partido liberal, se inició una reestructuración nacional en el campo de la educación que modificó la organización y los programas de estudio de la Academia, entre cuyas reformas cabe señalar su nueva designación como Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) y el establecimiento del estudio del modelo vivo de ambos sexos. Pese a ello, hasta ahora no ha podido comprobarse que esta disposición se haya puesto en práctica antes de 1890."
(Velázquez Guadarrama, Angélica, 2017, p. 193)
Descripción
En una habitación, una indígena sentada en un sillón de madera carga en sus brazos a un bebé, que levanta su manita y toca su pecho. La mujer mira al infante, mientras sostiene en su mano izquierda una sonaja. Usa un vestido claro, con flores bordadas en el cuello y complementa su arreglo con discretos aretes, un collar de cuentas azules y un listón del mismo color colocado sobre su cabello, que se trenza desde la nuca. El bebé viste ropón oscuro y un gorrito blanco tejido. A la diestra de la mujer, vemos sobre el muro un cuadro pequeño, de donde penden un rosario de cuentas de madera y una flor colorada, quizás un clavel. En uno de los brazos del sillón hay una jarra de cerámica pintada con motivos azules sobre blanco, el mango de una cuchara se asoma desde dentro del recipiente. El ambiente es apacible e íntimo.
Comentario
En el costado inferior de este cuadro, una palabra escrita en caligrafía moderna resalta sobre la claridad del vestido, se lee "Tehuana". Con ello, el artista estableció la identidad étnica de la mujer que pintó; debajo de su firma (Germ. Gedovius) reiteró el gesto añadiendo el topónimo "México". Tehuana se cuenta entre las primeras obras pictóricas que representan a este personaje. La mujer del istmo de Tehuantepec ingresó al repertorio de "tipos" mexicanos desde la tercera década del siglo XIX y al final de esa centuria formó parte de los sujetos de la fotografía antropológica. Pero será a la vuelta del siglo, hacia mediados de la década de los años veinte, cuando la tehuana se consolide como uno de los prototipos de la mexicanidad y su imagen se multiplique en la pintura, escultura, fotografía, danza, espectáculos y otros medios culturales.
Tehuana es contemporánea a obras del mismo tema realizadas por Saturnino Herrán en 1914 y Adolfo Best Maugard en 1919. Las tehuanas de los tres artistas tienen en común su intención nacionalista, sus diferencias muestran la ambivalencia de una imagen que tardará unos años más en convertirse en estereotipo. Las tehuanas de Herrán y Best Maugard emanan fuerza erótica: el primero mexicaniza la "mujer fatal" del modernismo, mientras que el segundo recurre al exotismo orientalista. Aída Sierra ha explicado que la iconografía de la tehuana se configuró a partir de la reelaboración de modelos femeninos finiseculares, como las manolas, majas y odaliscas.2 En la pintura mexicana, la suntuosa mantilla española se transñguró naturalmente en el vestido bordado de flores que evoca lejanamente el huipil y enredo indígenas. Esta metamorfosis se intuye en La dama del mantén ( 19 14) de Saturnino Herrán. Andrés Henestrosa describió las prendas istmeñas como "una venturosa amalgama de muchas indumentarias: la primitiva india y la de procedencia extraña. Tiene el traje de la mujer del
Istmo mucho de la vestidura sacerdotal, del bordado de hilo de seda, del mantón de Manila,
del traje de luces del torero; de la gola de los Virreyes."3 La noción de mestizaje es central en la representación de las tehuanas vestidas" Téhuana de Gedovius cifra el mestizaje en el vestido y en los objetos de la escena. El rosario que cuelga de un marco sobre la pared habla de su fe católica, la sonaja es un guaje pintado con motivos florales como los que se elaboran en Olinalá, Guerrero, y la jarríta de cerámica decorada que podría ser talavera poblana. En cuanto a la indumentaria, su iconografía es imprecisa. No hay rastros del tocado de encaje y el bordado de flores se asemeja más al tipo de textiles que se realizan en la península deYucatán. 5 A diferencia de sus colegas, Gedovius evade toda connotación erótica y exotista en el
cuerpo y actitud de la mujer; al contrario, elige una maternidad resguardada en la intimidad
de una habitación.
Fausto Ramírez, autor del estudio más completo y profundo sobre Germán Gedovius, describe este cuadro: "En Rhuana sugiere la idea de mestizaje, bella y un tanto idealizada &. gura de la indígena, madre o nodriza, se halla enmarcada por elementos ligados a lo colo…
m'a] según la iconografía de Germán Gedovius: cacharro de talavera, el claveteado sillón
frailuno."6
Ehuana es una alegoría del mestizaje: una indígena inmersa en un ambiente de síntesis cultural. Es una imagen genérica, de ahí la variedad en la procedencia regional de los objetos y la ambigíiedad del vestido. Este cuadro forma parte del conjunto de obras realizadas entre I 904 y 1 920 donde el artista explora el "alma nacional". Después de su ingreso como maestro de la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) en I 903 , pintó una serie de interio
res de conventos, celdas, sacristías -entre ellos Interior del convento del Carmen, San Ángel
( I 904) y Sacristz'a de Epotzotlán (1 9o 5)-, donde se aprecia el renovado interés por la arqui
tectura colonial impulsado por compañeros generacionales de Gedovius y colegas de la ENBA como Federico Mariscal y Jesús T. Acevedo. Ala representación de espacios colonialistas, el artista sumó la composición de formas de vida identificadas con la hispanidad y el criollismo, de ello dan cuenta Dama con cántaro y Desnudo barroco, dos de las obras más logradas del pintor.7 Alfonso Cravioto, poeta y politico hidalguense, autor del poemario El alma nueva de las cosas Viejas (1 9 2 I) y ferviente vírreinalista, publicó en ¡9 I 6 una monografía sobre Gedovius que, a decir de Fausto Ramírez, causó gran impacto entre sus contemporáneos. Manuel Toussaint escribió sobre el suceso:
Para esa época, México respiraba por la pintura española, y la novedad del arte de Gedovius, con su factura suelta, su dibujo atildado, sus interiores coloniales, sus retratos de rebuscado arreglo, tenia que cautivarnos por fuerza.Toda la literatura acumulada en sus cuadros hallaba eco en nuestra literatura fogosa, saturada de Aloysius Bertrand y de Verlaine, de Lemaitre y de Anatole France.3
Cravioto, admirador de Gedovius, fungió sucesivamente como jefe dela Sección Universitaria y director de Bellas Artes en el régimen de Venustiano Carranza. Es probable que fuera el impulsor del acuerdo para la protección y conservación de monumentos, edificios, templos y objetos históricos y artísticos de 1 914, dirigido especialmente a proteger el patrimonio virreinal, que no pudo concretarse debido a las condiciones de inestabilidad del gobierno de Carranza ante su confrontación con la Convención Nacional Revolucionaria. Es también posible que CraVioto fuera el canal que hizo posible que Tehuana se integrara a la colección del Primer jefe revolucionario.
Cuando Gedovius pintó este cuadro tenía unos cuarenta años. Por nacimiento pertenecía a la generación modernista, su infancia transcurrió en San Luis Potosí y cuando tenia quince años viajó a Alemania para recibir tratamiento médico a su sordera congénita y estudiar pintura de manera profesional en la Real Academia de Pintura de Múnich, donde permaneció ocho años. A su regreso a México, en I 89 2 , se vinculó con la vanguardia artística y literaria, por medio de Leandro Izaguirre, Luis G. Urbina y Rubén M. Campos. Colaboró como ilustrador en algunos números de la Revista Moderna y, gracias al apoyo de justo Sierra, se integró a la planta docente de la ENBA, donde llegó a impartir diversos cursos (de claroscuro, colorido al natural, composición) al lado de Antonio Fabrés, Leandro Izaguirre, Adrián Unzueta, Julio Ruelas; fueron sus alumnos Ignacio Rosas, Ángel Zárraga, Antonio y Alberto Garduño, Diego Rivera, Sóstenes Ortega, Francisco de la Torre, jorge Enciso y Saturnino Herrán. Gedovius gozó de reconocimiento durante la primera década del siglo: era muy estimado por sus alumnos, se le consideraba "el mejor colorista de México", sus obras no faltaban en las exposiciones de arte y gozaba de encargos oficiales. La riqueza pictórica de sus cuadros, creada a partir de un manejo de colores, empastes densos que consiguen modelar las figuras, pincelada libre y luces concentradas en el modelo, son el sello caracte
rístico de su obra, tal como puede apreciarse en Tehuana. Fausto Ramírez refiere como modelo de inspiración de Gedovius los cuadros de Ignacio Zuloaga, que se presentó en la exposición de artistas españoles en 19 I 0. Esa exhibición mostró la confluencia entre artistas hispanos y mexicanos: búsquedas idealistas de "casticismo" y las esencias de lo hispano emprendidas tanto por la generación del 98 como de la generación modernista y el Ateneo de la juventud. lº
En la década de los años veinte, Gedovius comenzó a retraerse del ambiente vanguardista. Cuando en I 92 I josé Vasconcelos le ofreció los muros del Anfiteatro de la Preparatoria, el pintor los rechazó por considerar el proyecto "desmedido para sus años".11 Esta actitud es sintomática de la automarginación del artista y el alejamiento de su estética de la modernidad artística. Sin embargo, continuó dando clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes y durante la última etapa de su vida realizó obras excelsas, predominantemente retratos de la clase pudiente y motivos florales. Murió en 1 937 y transcurrieron décadas antes de que se reconociera su aportación a la historia del arte en México.
En I 984, el Museo Nacional de Arte organizó la exhibición Germán Gedovius. Una genera. ción entre dos siglos: del porfiriato a la posrevolución; seis años después, el Museo de San Carlos presentó Las discípulos de Germán Gedovius.
El cuadro Tehuana fue adquirido por el Instituto Nacional de Bellas Artes en I 985 y adjudicado al Munal un año después para enriquecer su acervo.
Imagen localizada en las páginas 18-19. Mención escrita pág. 20