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Rocas
Rocas
Artista JOSÉ MARÍA VELASCO (1840 - 1912)

Rocas

Fecha1894
TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 160.4 x 104.7 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
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Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 90

Descripción:

"En 1882, Velasco advertía: "Los naturalistas extranjeros han trabajado mucho para dar a conocer la naturaleza de México en sus diversos ramos, al grado que se experimenta cierta pena por lo muy poco que hacemos". Con todo, la aportación de la flora del pintor mexiquense es enlistada por Nicolás León en su Biblioteca Botánico-Mexicana de 1895. Esta inclinación por advertir a detalle la identidad espacial, determinó su concepción plástica.

Por ello, no es casual que, además de sus trabajos científicos, fuera minucioso en sus paisajes al dibujo, acuarela o al óleo, incluyendo detalles que sugerían una valoración y memoria del espacio propio. En Bosque de Pacho (1875), Puente curvo del Ferrocarril Mexicano en la cañada de Metlac (1881), (FIG. 33) Cárdon (1887), (FIG. 45) Vista de la fábrica de hilados La Carolina (1887), Volcán de Orizaba desde la Hacienda de San Miguelito (1892), Hacienda de Chimalpa (1892) (FIG. 37) y Cañada de Metlac (1897), (FIG. 34) aparecen de manera notable helechos, enredaderas, mafafas, liquidámbar, hojas de corazón, xerófilas, cladonios, palmas silvestres y encinos, entre otros más. Para él, no existía separación entre estos conocimientos, pues se sirvió del arte para dar claridad a la ciencia y la ciencia para dar veracidad del arte.

Aunque lo pareciera por su rigor científico, Velasco no fue hijo del positivismo, ya que a la vez que representaba detalles orográficos y botánicos que daba a sus obras un carácter de verdad; también alteraba el tamaño de las rocas, movía sutilmente la ubicación de los volcanes y ponía vegetación donde no la había. Con todo, el valle parecía ser como lo pintó, pero más animado por estas variaciones que su espíritu le otorgaba.

Las vistas del valle de Velasco fueron asimiladas con entusiasmo por los grupos acomodados en el poder. Se encontraban a gusto con esta imagen del valle, de vastedad y su centro. Ese paisaje equilibrado donde desaparecían los conflictos políticos y sociales, con la pureza natural del aire, se convirtió en una visión utópica de armonía, en una ficción que aprovechó el Porfiriato para captar la mirada de capitalistas en las exposiciones internacionales de París (1889) y Chicago (1893) y en la Exposición de Aguascalientes (1891) y la de Bellas Artes del Círculo Católico de Puebla (1900).

Velasco realizó óleos con otros entornos provinciales, pero también continuó con sus valles. Sus pinturas tituladas Valle de México desde el río de los Morales (1891), (FIG. 13) Valle de México desde el cerro del Tepeyac (1894, 1901, 1905), Valle de México desde el Molino del Rey (1895, 1898 y 1900), (FIG. 31) Vista de la Fábrica de Hilados de la Carolina (1880, 1887), Volcán de Orizaba desde la Hacienda de San Miguelito (1891), Hacienda de Chimalpa (1893), Hacienda de Coapa y los volcanes (1897) y Cañada de Metlac (1897), exponían a un país con identidad. La incorporación del ferrocarril y los sembradíos extensos mostraban la modernidad en unidad con la tradición de las haciendas triunfantes. El engrandecimiento del espacio y la monumentalidad de los volcanes, exhiben una mirada que inicia de la periferia al centro, donde el poder se muestra con una perspectiva de vastedad y distancia y, al mismo tiempo, de simbólica aglutinación de economía y sociedad."

(Reséndiz Rodea, Andrés, 2013, p. 23, 33)

"Velasco, desde luego, "traía lo suyo", como dice la voz coloquial; desde niño sus maestras y profesoras se quejaban de que al niño sólo le interesaba pintar y dibujar. En la Academia de San Carlos destacó muy pronto como ayudante y discípulo del maestro italiano cuya obra didáctica de dibujo y perspectiva ayudó a ilustrar. Además, hizo en la Escuela de Medicina estudios sobre la flora y la fauna nativas de México.

Con reveladora perseverancia, dedicó más de trece años a la investigación del "axolotl" o ajolote; (FIG. 16) estudió, además, el fruto conocido como "pitahaya" por sus previsibles beneficios a la industria. Se puede desprender de su obra que hizo estudios de ingeniería, urbanismo y aun geología –como dejan ver los títulos de algunos de sus cuadros: "Pórfido del cerro de los Gachupines", "Pórfidos del Tepeyac", (FIG. 48) Pórfido: palabra-contraseña entre los geólogos.

Esta formación tan solvente, así como los consejos de sus maestros y compañeros lo fueron encauzando hacia la realización de ese vasto designio artístico que cristaliza en esos lienzos, cuadros, paisajes cuyo común denominador es el valle de México. Entre tanto y a lo largo de los años, la mirada del artista se enriquece con el oficio del ojo científico, pues Velasco colaboraría con numerosos dibujos e ilustraciones para la revista mexicana La Naturaleza, fundada por uno de sus maestros, Manuel Villada.

No es raro que Octavio Paz aluda al artista como a una suerte de anfibio (axólotl) entre la ciencia y el arte.

Como quien no quiere la cosa, el artista va organizando un arsenal determinado por un afán de pureza y clasicismo y para desarrollar una obra específica: una anchurosa visión desvelada por medir el horizonte y por medirse con él desde una perspectiva aérea -uno de los temas tratados en el libro de Landesio.

Esta idea no es exclusivamente de orden pictórico y artístico. Es de índole espiritual o, si quiere peor, "mental".

(Castañon, Adolfo, 2013, p. 40)

Las ciencias naturales se consolidaron como disciplinas científicas en el siglo XIX, teniendo un auge inusitado durante el periodo positivista, a finales de la centuria. Los conponentes del planeta se clasificaron en los reinos mineral, vegetal y animal. Los científicos estudiaron el reino mineral a partir de la morfología y conformación de terrenos y subsuelos: la geología y la mineralogía estudiaron y clasificaron las características de estos materiales en diversas localidades, siendo registrados por artistas como José María Velasco.

                El altiplano del Anáhuac o del Valle de México se conformó a partir de las dinámicas tectónicas que recrearon la Sierra Madre Oriental, la Occidental y el Eje Neovolcánico con el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y el Ajusco. Las peñas de cantera, los pedruscos de tepetate y los pedregales de basalto y tezontle, así como sus cordilleras interiores, como la de Guadalupe, y cerros como el de  Chapultepec, el Tepeyac, el de la Estrella y el Peñón de los Baños fueron motivo de inspiración para el paisajista italiano Eugenio Landesio y su generación de discípulos – entre quienes el más destacado fue Velasco – en la antigua Academia de San Carlos. Las expediciones al campo permitieron a estos pintores entender y representar la naturaleza rocosa en su constante dinámica.

                El concepto y proceso de invención en el trabajo de Bosco Sodi, mediante de la naturalización de rocas, empata con la concepción geológica en la que el tiempo y transformación, por diferentes agentes, modelan las formas. El sentido místico del monolito es entendido simbólica y estéticamente Sodi. El hombre interviene la materia pétrea al igual que los agentes de la tierra, dejando una huella. 

Rocas de Atzacoalco
JOSÉ MARÍA VELASCO
1874
Rocas
JOSÉ MARÍA VELASCO
1879
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JOSÉ MARÍA VELASCO
Rocas, julio 17 de 1905
JOSÉ MARÍA VELASCO
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JOSÉ MARÍA VELASCO
s/f
Paisaje con rocas
ARMANDO GARCÍA NÚNEZ
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Roca con cascada
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