Benito Juárez
Descripción
El escultor muestra el rostro de un Juárez maduro, adusto, que mira de frente y en quien las lineas de expresión, que nacen a los lados de la nariz aguileña, están profundamente señaladas y enmarcan la amplia boca y los gruesos labios. Los pómulos salientes ayudan a perfilar aún más este rostro de facciones anguladas. Juárez viste camisa de alforzas con cuello alto, corbata de moño, chaleco con doble solapa y saco, atuendo que, podemos suponer, es el complemento de la levita con la que se le veía usualmente.
El busto se apoya sobre un pedestal, al que, sin embargo, el torso no se une, sino que los hombros quedan flotando en el aire. Esta manera de construir el busto se distancia de los bustos académicos de este período, los cuales formaban un todo con la base.
Comentario
La imagen de Benito Juárez fue ampliamente conocida por sus contemporáneos, en especial a partir de su llegada a la presidencia. En 1872, después de su muerte, Cruces y Campa declaró haber vendido más de 20 mil reproducciones fotográficas del finado presidente. En vida, las imágenes y caricaturas litográficas de los periódicos capitalinos se encargaron de difundir su presencia.
Durante la intervención y el imperio los caricaturistas se ocuparon poco de él y mostraron su perfil más amable; más tarde, en época de elecciones, en su afán por demostrar lo que consideraban sus múltiples defectos llegaron a distorsionar completamente sus facciones. En estas caricaturas se puede ver con claridad no sólo una evolución del lenguaje satírico de la caricatura, sino el desgaste del personaje por el ataque a su persona de las facciones liberales que contendían por el poder. La caricatura aprendió a decir lo que circulaba en la correspondencia privada, lo que los rumores esparcían, lo que los volantes efímeros añadían. Los periódicos usaron un lenguaje popular, dicharachero; se referían a los personajes públicos como ejecutantes de la comedia popular. Meses antes de su muerte, no pasaba una semana sin que alguno de los caricaturistas de las diversas publicaciones señalara uno más de sus extravíos, distorsionando sus facciones. Los caricaturistas fueron la voz pública de la crítica.
Los pintores en cambio produjeron óleos en los que, respetando las normas académicas, ennoblecieron al personaje. Así existen retratos idealizados tanto en óvalo como de cuerpo entero. En éstos últimos, haciendo uso de un léxico simbólico, el rango y el poder del presidente quedan explicitados: casi siempre lleva en sus manos las Leyes de Reforma. La mayoría de los retratos que se tienen de Juárez datan a partir de la República Restaurada, cuando un acuerdo oficial estableció que su efigie debía estar presente en todas las oficinas públicas. El rescate de su figura como héroe de la patria después de su muerte fue expedito. Su efigie fue rápidamente incorporada a las galerías de héroes pintadas en los estados. En Jalisco, Felipe Castro pintó en 1873 un gran retrato histórico para el Palacio de Gobierno en Guadalajara. En el estado de Guanajuato, en la sede del Congreso local, se halla un retrato de cuerpo entero pintado por José Escudero y Espronceda en 1899 que lleva una pequeña leyenda que indica que se trata de la copia número 208 de la obra pintada por el mismo autor en 1870 y que desde entonces cuelga en el Palacio Nacional de la ciudad de México.
Los escultores, aun los de talante popular, siguiendo los paradigmas tradicionales idealizaron igualmente la figura de Juárez. Tras su muerte, fue decretado Benemérito de la Patria el 18 de abril de 1873, y en el mismo edicto se anuncia que se han destinado cincuenta mil pesos para la erección de un monumento que llevaría su estatua. Su imagen floreció, se multiplicó y llegó a las plazas públicas de los pequeños poblados. La escultura del Museo Nacional de Arte se parece a aquellos sencillos prototipos. Aparece vestido en traje de ciudadano, como él mismo lo describió en sus "Apuntes para mis hijos": "Desde que tuve carácter de gobernador [. . .] usando sombrero y traje común de los ciudadanos viviendo en mi casa sin guardia de soldados y sin aparato de ninguna especie porque tengo la persuasión de que la respetabilidad de un gobernante le viene de la ley y de un recto proceder y no de los trajes, ni aparatos militares propios sólo para los reyes del teatro."
Manuel Islas presentó en la Academia en 1869 un busto del presidente Benito Juárez que para 1873 ya había sido trasladado al mármol. La cicatriz del labio superior producto de un accidente en la infancia, es visible en las fotos pero no se manifiesta en ninguna de las obras pictóricas o escultóricas, cuya función era ennoblecer al personaje. En la ciudad, a principios de 1891 , fue develada en Palacio Nacional la escultura de Miguel Noreña y años después, en el centenario de la Independencia, se inauguró finalmente el tan planeado y cambiante proyecto en la avenida Juárez. Las esculturas públicas con su efigie tendrían una larga vida en las plazas de la República Mexicana.
El yeso forma parte del acervo constitutivo del Museo Nacional de Arte desde noviembre de 1982 , proveniente del fondo del Museo de San Carlos.