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Niña con manzana
Niña con manzana
Artista ROSARIO CABRERA (1901 - 1975)

Niña con manzana

TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 55 x 42 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Donación Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991
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Descripción

Niña con manzana, un retrato de medio cuerpo, muestra a una niña que observa al espectador mientras sostiene en su mano una manzana roja. Porta una blusa o vestido blanco que ofrece un intenso contraste cromático con el fruto y el gran moño que recoge el cabello de la pequeña. El fondo, en tonos azules y amarillos, delimita esta figura infantil.

Comentario

En diciembre de I 9 21, el secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, inauguró la primera exposición individual de la joven Rosario Cabrera, en ese momento estudiante de la Academia de San Carlos. La muestra gozó de una buena recepción por parte de la prensa y la crítica alabó primordialmente el nivel técnico alcanzado por la artista, a quien se consideraba una adolescente talentosa a pesar de contar ya con 20 años.

Sobre la artista se decía: "La señora Cabrera posee una vigorosa técnica que la hace resaltar entre la mayoría de los alumnos de Bellas Artes. No ofrece el caso frecuente en las mujeres pintoras que tienen una dulzura, una delicadeza exagerada [...] en Rosario Cabrera todo es fuerte y viril, el estilo, la técnica, el colorido, y sobre todo, su concepto de arte."

En este comentario, vertido en la prensa nacional, es importante notar el sentido de la crítica realizada a la pintora, en la cual se destaca su calidad por ser considerada viril, es decir, por su expresión fuerte y decidida, por tocar temas considerados ajenos a la sensibilidad femenina y, sobre todo, por asumir la pintura como oficio primordial e integrarse a la predominante comunidad masculina de la Academia de San Carlos.

Cabrera inició sus estudios artísticos en 1916, siendo una de las pocas mujeres matriculadas en la Academia y que recibió una educación formal a diferencia de algunas de sus contemporáneas. La joven tomó clases con renombrados artistas de la época, como Saturnino Herrán, Germán Gedovius, Leandro Izaguirre y Mateo Herrera, y convivió también con una generación cuyas aportaciones en los años subsecuentes fueron claves para la consolidación del arte mexicano del siglo XX. Por ello es importante considerar la oportunidad que le brindaron las autoridades culturales universitarias y estatales para realizar su primera exposición individual, reconociendo a la alumna que había destacado entre sus pares masculinos.

De acuerdo con Tomás Zurián, dentro de las obras que Cabrera presentó en esta exposición se encontraba una serie de retratos al óleo y lápiz entre los que destacaba Niño de luto, pieza fechada en 1921, la cual evidenciaba el gusto de la artista por representar diversos personajes que lindaban en los márgenes de la sociedad y hacer de sus obras un reflejo del estado anímico, la personalidad y los rasgos físicos que definían a cada uno de sus modelos.

Tal vez a eso se refería la crítica antes citada al señalar que Cabrera no pintaba con la "dulzura" que era considerada un rasgo particular de las mujeres artistas, pues la pintora retrataba mendigos, ancianos y ciegos como una manera de proyectar el contraste de las emociones humanas, aunque no exenta de cierto idealismo finisecular que era capaz de encontrar belleza incluso en la miseria.

En Niño de luto, Cabrera nos ofrece el retrato de un jovencito cuya expresión adusta y triste nos revela un difícil trance. Sentado con una postura corporal poco controladacon los hombros caídos y los brazos a los costados, el niño parece vernos de frente, sin embargo, su mirada se pierde en un punto indefinido haciendo más patente la interiorización de su sufrimiento.

El pequeño viste de tonos grises y neutros, porta pantalón y camisa de manga larga y en su brazo izquierdo lleva colocado un listón negro en señal de duelo. Entre sus manos. que posa sin fuerza en el regazo, toma tímidamente su gorra de color rojoúnico punto de contraste cromático en toda la composición, de la cual se ha despojado como gesto de respeto.

En esta obra, la pintora hizo patente su dominio técnico en el uso de los juegos lumínicos y el color, mostrando además su acercamiento a las propuertu plásticas de su profesor, Alfredo Ramos Martinez, al usar el pastel con trazos que tienden hacia la difuminación de las figuras. El retrato muestra un depurado estilo que señala la formación académica de la pintora a diferencia de sus cuadros posterioresrealizados durante los años en que trabajó como profesora de las Escuelas de Pintura al Aire Libre de Los Reyes Coyoacán y Cholula. en los cuales Cabrera se inclinó por la asimilación consciente de un lenguaje plástico ingenuo que imitaba las expresiones artísticas infantiles.

El tema abordado por Rosario Cabrera-la pérdida y el duelo infantilnos remite a diversas obras realizadas en la segunda mitad del siglo XIX como Los huérfanos ante el sepulcro de la madre, de Luis Monroy, en la que una pareja de hermanos visita la humilde timba de su madre para llevarle flores. El llanto desconsolado de la joven, vestida de riguroso luto, es vigilado sobriamente por el hermano menor, quien, detrás de ella, asume una actitud protectora y respetuosa. A diferencia de las abiertas muestras de dolor que enmarcan la atmósfera de esta composición, Cabrera representó una escena ajena a cualquier manifestación exaltada. Evita, además, toda referencia de tipo religioso o ritual, por lo cual su obra se inscribe en un ámbito estrictamente privado y de intimidad, en el que su retratado posa sólo para dejar constancia de un hecho.

Al igual que en otras de sus obras, como Niña con manzana, Cabrera representa un entorno que parece lindar con la edad adulta, pues más allá de los juegos o de los objetos relacionados con la vida infantil, la artista sustrae a sus modelos de este contexto y los vuelve ajenos a él, remitiéndonos a los retratos de niños realizados durante el período virreinal en los cuales la niñez, como etapa del desarrollo humano, no está definida claramente.

En Niña con manzana, vemos a una pequeña retratada de medio cuerpo que posa de tres cuartos, porta un vestido o blusa blanca mientras sostiene a la altura de su pecho el fruto de un rojo intenso. Lleva el cabello recogido con un gran listón, también rojo, que contrasta con sus ojos negros de mirada seria y profunda, ajenos a la candidez que le conferimos a la expresión infantil. La niña pareciera mantener una postura forzada que revela cierta incomodidad ante el análisis de la pintora, devolviéndonos de manera directa esa misma actitud de escrutinio.

La manzana en la mano de la jovencita pareciera indicar un momento de transición que marca el fin de la niñez, el paso hacia otro nivel de conocimiento y conciencia que llega con la edad adulta. Tal vez por ello la desconfianza en la mirada y la incertidumbre en el gesto de la pequeña que parece dudar al sostener el fruto que, como en la historia bíblica de Adán y Eva, representa esa pérdida de la inocencia primigenia. El fondo azul de intensa tonalidad enmarca la figura infantil y ofrece nuevamente esos contrastes cromáticos que son una constante en las composiciones de Rosario Cabrera.

A lo largo de su carrera, la pintora mantuvo un estrecho vínculo con este entorno en el que los niños fueron el eje de su creación y labor pedagógica. Al frente de las Escuelas de Pintura al Aire Libre de Los Reyes Coyoacán y Cholula, Cabrera transformó notablemente su estilo adoptando la expresión que se consideraba propia de las manifestaciones artísticas infantiles. Su trabajo continuó siendo reflejo de la cotidianeidad, registro de los personajes, lugares y situaciones propios de la realidad simple y sencilla del medio rural mexicano.

Las dos obras ingresaron al Museo gracias ala donación del Fondo Nacional para La Cultura y las Artes en 1991.