Retrato del tenista Hugo Tilghman
Con marco: 141 × 125.5 × 3.8 cm
Descripción
En primer plano, un hombre joven de tez morena y cabello oscuro y ondulado sostiene una raqueta en su mano derecha. Su rostro está de perfil, mientras su cuerpo, colocado frontalmente, muestra una constitución fuerte y atlética. Viste camiseta sin mangas y pantalón de color azul. En segundo plano se observa un paisaje con montañas de fondo y árboles de copas tupidas que delimitan un claro; en el cielo nublado de tonos grisáceos, azulados y amarillos surca una parvada, mientras que en el campo abierto de pastos amarillos y rojizos se ha dispuesto una red de tenis, con la cual disputan un partido dos figuras masculinas vestidas de azul.
Comentario
En 1924, poco tiempo antes de su prematura muerte, el joven Abraham Ángel realizó el retrato de su amigo y colega Hugo Tilghman, una obra en la cual abordó la representación de un mismo personaje desde diferentes ángulos o perspectivas, una suerte de desdoblamiento que, en el nivel visual, señalaba la posibilidad de capturar momentos sucesivos congelando el dinamismo de la acción.
A lo largo de dos años de trabajo, Abraham Ángel había realizado diversas obras que se concentraban especialmente en el género del retrato y otras piezas que ponían en práctica las reglas y los planteamientos estéticos del Método de Dibujo Best Maugard mediante composiciones ornamentales que se inspiraban en las creaciones del arte popular.
Entre 1922 y 1923 Abraham Ángel y Hugo Tilghman formaron parte del grupo de artistas que difundió los preceptos del método de dibujo concebido por Adolfo Best Maugard para el desarrollo de la enseñanza artística en las escuelas primarias del Distrito Federal. En este sentido, Abraham Ángel fue uno de los pintores que aplicó convencido las estrategias formales de este sistema pedagógico en su propia pintura, y logró una interpretación de las mismas que parecía vindicar la tesis en torno a una expresión artística naïve presente en el vocabulario plástico de raigambre popular.
Abraham Ángel representó para sus contemporáneos y para la historiografía del arte mexicano del siglo XX-tanto en su obra como en su historia personal la prueba fehaciente
de los ideales proclamados por la élite intelectual de la posrevolución sobre la existencia de una artisticidad innata en el pueblo mexicano que debía ser descubierta e impulsada por medio de diversos programas, como el de las Escuelas de Pintura al Aire Libre o como el del propio Movimiento Pro-Arte Mexicano encabezado por Adolfo Best Maugard. Al respecto Best Maugard apuntaba: "Nuestro pintor mexicano Abraham Ángel logró en su extraordinaria obra pictórica, la perfecta expresión del espíritu popular de México, en su forma más completa [. . .]. Pocas veces se ha logrado que el espíritu de nuestro pueblo haya logrado tomar forma más completa y esté más íntimamente ligado con la obra de Arte; su obra es un verdadero acumulador de vida nacional. Uso el color en armonías nuevas y lo mismo que sus formas primitivas, dentro de nuestro ambiente mexicano, sugieren emoción a todos los sentidos."
Los retratos realizados por Abraham Ángel a lo largo de su trayectoria muestran el interés del joven pintor por llevar al lienzo a personajes de la vida cotidiana, así como a amigos cercanos y familiares. En su obra podemos encontrar representada tanto a una joven mesera, una indígena o un cadete, como a su hermana y su madre, es decir, el universo próximo e inmediato que constriñe los temas abordados por el artista. De igual manera, en sus diversos paisajes, Ángel representó los sitios de su entorno personal así como un proceso que no le pasó inadvertido: la gradual transformación de la ciudad de México desde un ámbito rural hasta una urbe en ciernes que mostraba ya los primeros signos de la modernidad.
Retrato del tenista Hugo Tilghman o El tenista retoma el gusto de Abraham Ángel por retratar a sus personajes en espacios abiertos, en ocasiones en el campo y escenarios rurales, que mezcla también con elementos de la metrópolis, como postes de luz, torres o altas edificaciones. Asimismo, otra constante en la obra del artista es la construcción de dos espacios pictóricos independientes en los cuales tanto el fondo como el primer plano poseen su propia estructura compositiva.
Una de las novedades que Luis Mario Schneider apreció en esta obra es "el movimiento de sutiles ritmos" que contrasta con el estatismo de otros retratos y paisajes realizados por Abraham Ángel. El tema del deporte, apunta Schneider, también resulta novedoso pues sólo se había abordado en ilustraciones, y, podríamos agregar, en obras como Las futbolistas de Ángel Zárraga (1922), la cual se inscribe más en un contexto europeo.
En este retrato, Hugo Tilghman está representado casi de cuerpo entero, ocupando el primer plano de la escena que se desarrolla en la sección izquierda del lienzo. Es un hombre joven y de complexión fuerte que sostiene una raqueta. Su rostro está de perfil, con la mirada baja, el cabello ondulado y peinado hacia atrás según la moda de la época.Viste una camiseta azul deportiva sin mangas y un pantalón también en tono azul. En un artículo publicado en El Universal, se describe a Hugo Tilghman como: "un hombre atlético y hercúleo de carácter enérgico y firme; jovial, franco y abierto. Es de aquellos que van al triunfo sin esperar que el triunfo venga a ellos." De ahí que, apegándose a la personalidad de su retratado, Abraham Ángel decidiera representar a un joven de porte altivo y orgulloso que se maneja con seguridad.
En el segundo plano de la obra se observa, en medio de un campo de tonos rojizos y amarillos, la figura del mismo joven en dos momentos del juego de tenis. La red que divide el campo se encuentra rodeada de árboles de copas tupidas pintados de manera esquemática y casi infantil. Por el desdoblamiento de la acción, pareciera que el joven está jugando consigo mismo, sin embargo, Abraham Ángel planteó con esta solución la posibilidad de captar distintos instantes y congelar el movimiento. Olivier Debroise, uno de los investigadores a quienes debemos la revaloración de la obra de Abraham Ángel, apuntó: "En el Retrato de Hugo Tilghman, Ángel logra explotar la ruptura de planos y pinta al tenista en dos momentos: mientras posa en el primer plano y mientras juega, en el último nivel. Abraham Ángel, pintor espontáneo, no sabe nada de lineas de fuga ni de reglas de perspectiva aérea, multiplica los planos con tal de crear una falsa profundidad. Para lograr estos efectos, Ángel inserta el marco de una ventana o una bóveda que al añadir, un tanto abruptamente, un plano más en sus cuadros sugiere el espacio. Los óleos de Abraham Ángel son sorprendentes, todo en ellos parece intangible, frágil, suspendido en un equilibrio a punto de romperse."
El retrato de Tilghman va del estatismo del personaje posando al dinamismo de una escena que se desarrolla de manera independiente. En este sentido, Abraham Ángel pareciera aludir a los intentos de la fotografía por captar imágenes en movimiento y detener el momento para detallar en el nivel visual las formas de la acción. El pintor deseaba subrayar el papel del retratado no sólo mediante una vestimenta alusiva sino también con el desarrollo de la escena en la que Tilghman pone en práctica su faceta de tenista. La figura de Tilghman en primer plano es la proyección de un ideal masculino que pone especial atención en el desarrollo armónico del cuerpo. Recordemos que en las primeras décadas del siglo XX diversas prácticas deportivas se implantaron en nuestro país con el objetivo de promover una idea de salud física y mejoramiento social. Sin embargo, fue durante los años de la posrevolución que el Estado mexicano puso mayor atención en este objetivo, al crear toda una infraestructura de instalaciones deportivas que pudieran ser utilizadas por la clase obrera, en un claro intento por consolidar un desarrollo integral del nuevo ciudadano, que incluyera tanto lo intelectual como lo físico.
En este contexto que concibe el cuerpo humano como una extensión del cuerpo social -que debe ser igual de fuerte y saludable que el de los individuos-, Abraham Ángel representó a Hugo Tilghman practicando tenis, un deporte que, a pesar de su creciente popularización en nuestro país, siempre ha sido identificado como una actividad propia de las élites, suerte de contradicción en un artista que fue concebido por sus contemporáneos como parte del talento innato del "pueblo mexicano".
Apoyándose en la revaloración de la pintura infantil y popular que promovieron los intelectuales y artistas mexicanos a partir de los años veinte, Abraham Ángel retoma la manera de pintar "primitiva e ingenua", de ahí que su obra posea una serie de soluciones no académicas para organizar el espacio compositivo y para la representación de las formas. Esto, por ejemplo, puede verse especialmente en la concepción de la perspectiva y en la dificultad que pareciera significar para el pintor la ejecución de las manos de su retratado.
El uso de una paleta de tonos fuertes en azules, rojizos y amarillos nos recuerda también la manera en que la pintura popular trascendía el realismo de las tonalidades propias de la naturaleza para usar colores encendidos, los cuales posteriormente serían adoptados por la "pintura culta" como parte de una estética nacionalista.
Retrato de Hugo Tilghman fue exhibida por primera vez con el título Tennista en la "Exposición de pintura actual organizada por la revista Contemporáneos" en diciembre de 1928.
La obra fue durante varias décadas propiedad de Manuel Rodriguez Lozano y en 1983 pasó a formar parte del acervo constitutivo del Museo Nacional de Arte.