Retrato de Cristina Crespo
Descripción
Rodeada por un ambiente nocturno, Cristina Crespo mira al espectador desde un primer plano. Mujer de finas facciones, cuerpo esbelto y cabello corto, porta un elegante vestido de tafeta con visos en azul y oro que deja al descubierto su largo cuello e insinúa parte de sus hombros. En una singular postura, gira discretamente su cuerpo hacia el frente para apoyar delicadamente su mano izquierda sobre el mango rojo de una sombrilla y acentuar la longitud de sus brazos.
Detrás de ella se distingue un doble paisaje. Del lado izquierdo se advierte una hilera de árboles y casas provincianas colocadas en armonioso orden, mientras que del lado derecho, en último plano, se identifica una vista urbana formada por edificios, rascacielos, una antena radiofónica y cables eléctricos que parecen desaparecer en el cielo nocturno de azules y grises que contrasta con el intenso rojo de la tierra.
Comentario
En junio de 1926, la carta editorial del tercer número de la revista Horizonte, principal órgano de difusión del movimiento estridentista radicado en Xalapa, llamó la atención sobre las cartas femeninas que para sorpresa de muchos recibía la publicación y que denotaban un interés genuino del "delicado mundo contrario" por avizorar el panorama actual. Las mujeres, con frecuencia al margen de la vida al desempeñar el superficial papel de cosas agradables, se incorporaban a las falanges que emprenderían la batalla del pensamiento nuevo.
Afín a la reflexión sobre el papel femenino en la vida moderna, en las páginas interiores de la revista se reprodujo un óleo del gran pintor Abraham Ángel, muerto en 1924. Se trataba del Retrato de Cristina Crespo, uno de los últimos cuadros que Ángel pintó antes de morir a los 19 años de edad, y en el que conjugó la figura femenina con un paisaje que transita entre la tradición y la modernidad.
De Cristina Crespo se sabe poco, si bien se pueden entrever ciertas características por la forma en la que Abraham Ángel la retrató. Mujer de cuerpo esbelto y con un corte de cabello à la garçon, Crespo es la clásica representación del nuevo canon de belleza femenino que cautivó al México urbano de los años veinte, y que para 1924 se convirtió en un modelo a seguir entre todas las jóvenes, conocidas como flappers o "pelonas". El corte de cabello decididamente corto, que en ocasiones identificaba a las mujeres solteras, representó una toma de partido por "lo moderno" y una ruptura con la "tradición".
En este frenesí, en noviembre de 1924, la revista de carácter literario Antena, en la que colaboraban Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, jóvenes escritores cercanos a Manuel Rodríguez Lozano y al propio Abraham Ángel, utilizó el Retrato de Cristina Crespo como portada de su quinto y último número. Además de ser un homenaje al pintor recién fallecido, la selección del cuadro se explica porque en las páginas interiores se publicó "La flapper", un poema de Roberto Barrios que advierte sobre la repercusión del estilo moderno femenino y la oposición que encontró entre aquellos que veían en él una amenaza en contra de la pureza nacional o racial.
La imagen moderna que se reflejó en la moda y el maquillaje de las nuevas mujeres, así como en los cuidados del cuerpo femenino, fue reforzada por la prensa, el cine y la radio. A este respecto, Fausto Ramírez ha señalado que aunque las primeras radiodifusoras, establecidas en México entre 1921 y 1924, pretendían servir intereses eminentemente culturales, pronto descubrieron sus posibilidades propagandísticas, así en el sentido político como en el comercial. No es de sorprender, pues, "que Abraham Ángel haya colocado como elemento principal del paisaje capitalino, con un persistente tinte provinciano, que sirve de fondo al retrato de Cristina Crespo muy peripuesta, la antena de una estación radiodifusora", artefacto inequívoco de una sociedad moderna.
Hermana del crítico de arte Jorge Juan Crespo de la Serna, Cristina Crespo seguramente fue una mujer cercana a Abraham Ángel pues, además de paisajes y otros cuadros de tipos populares, el pintor retrató sólo a personas que pertenecieron a su círculo más íntimo, característica que le ganó a su pintura el adjetivo de sentimental o emocional, tal y como refirió Manuel Rodríguez Lozano en la monografía que publicó tras la muerte de su querido discípulo.
Olivier Debroise señaló que pocas obras pictóricas fueron determinadas por su época como la de Abraham Ángel. Miembro de las brigadas de profesores que difundieron el Método de Dibujo de Adolfo Best Maugard desde 1921, Abraham Ángel fue uno de los primeros en introducir temáticas urbanas en sus cuadros en una sencilla evolución del método que lo llevó a abandonar las viñetas decorativas y los óleos de pequeño formato para lograr "la perfecta expresión del espíritu popular de México", según lo expresó el propio Best Maugard.
En el Retrato de Cristina Crespo, uno de sus últimos cuadros, se sintetizan las características formales de la pintura del joven Abraham Ángel que, según Xavier Villaurrutia, consisten en una seguridad en la forma, volúmenes fuertemente acusados, armoniosa ordenación, una valentía en los enormes cuadros-considerada una verdadera reacción contra el ejemplar portátil-, además de una atrevida concepción en los fondos de sus retratos. La joven Crespo, como todos los personajes en los retratos de Abraham Ángel, se impone en tamaño por la importancia sentimental que le otorga el pintor, y aparece yuxtapuesta al peculiar paisaje, aunque ambos planos parecen completamente desligados. El desequilibrio se agudiza por el paisaje urbano que se observa en el último plano del lado derecho del lienzo, ya que no sólo está desvinculado del resto sino que, incluso, está pintado con su propia perspectiva pues el autor consideraba cada trozo de tela como un pequeño cuadro independiente y completo. La paleta de colores que Abraham Ángel utilizó en el retrato es característica del "fauvismo mexicano" impulsado por Best Maugard. En un peculiar uso de la luz, los azules y los grises opacos del cielo nocturno contrastan con el rojo Vivo de la tierra, así como con el amarillo y el verde de las construcciones detalladamente pintadas en ambos lados del cuadro, mientras que los árboles, estilizados y colocados en armonioso orden, están bañados en una tonalidad rojiza. Respecto a los colores del cuadro se ha apuntado: "Extraña la caprichosa iluminación para un ambiente nocturno en que, pese a que el cielo oscuro recibe destellos lunares, Abraham Ángel pinta la calle y la banqueta del lado derecho en un rojo vivo, cuando bajo la perspectiva de la luz lunar le debería dar sombra.
El uso audaz del color revela un paisaje que, como Cristina Crespo, transita entre la tradición del ambiente provinciano y la modernidad de la ciudad. La urbe deja de ser decorado y se convierte en sujeto. Después de todo, la década de los años veinte se caracterizó por un proceso de modernización del entorno rural y un proceso paralelo de la clase media urbana, a la que seguramente perteneció la joven retratada.
Por lo que se presume fue un error de Manuel Rodríguez Lozano, el cuadro también es conocido como el Retrato de la Srita. Esperanza Crespo, nombre con el que apareció en la monografía que reunió toda la obra de Abraham Ángel a manera de homenaje en 1924. Tal vez la confusión explique por qué ninguna de las publicaciones de los años veinte en las que se reprodujo el cuadro mencionó el nombre de la joven Crespo y se refieran al óleo sobre cartón simplemente como un retrato o un cuadro de Abraham Ángel.
Esta obra perteneció a la colección de Francisco Sergio Iturbe y posteriormente formó parte de la colección del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ingresó al Museo Nacional de Arte como parte del acervo constitutivo en 1983.