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Naturaleza muerta con barco
Naturaleza muerta con barco
Artista GABRIEL FERNÁNDEZ LEDESMA (1900 - 1983)

Naturaleza muerta con barco

Fecha1939
TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 50 x 60 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

Naturaleza muerta con barco, de Gabriel Fernández Ledesma, representa un escritorio de madera sobre el que se ha colocado un tarro azul, un bloque rosado, una naranja, un trozo grande de tela blanca y dos tallos de bambú. En primer plano se muestra una gran caracola encima de un bloque de piedra, mientras que, al fondo, a través de una ventana, se ve un trasatlántico deslizarse a gran velocidad sobre una extensión de agua azul oscuro. Sin embargo, esta ventana es ambigua, pues podría ser también una pintura colgada en la pared. Este elemento, junto con el cajón abierto y vacío del escritorio, y con lo que parece ser una escalinata sombreada en el fondo, crea una atmósfera intensa de significado misterioso.

Comentario

La amplia y ecléctica producción artística de Fernández Ledesma refleja dos tensiones centrales en la cultura visual del periodo posrevolucionario: la celebración de la modernidad y la vida urbana frente al elogio de las culturas tradicionales rurales, así como el debate alrededor de las virtudes del arte comprometido en contraste con las del arte "puro". Como editor de la efímera pero influyente revista Forma, de 1926 a 1928, Fernández Ledesma promovió las corrientes más vanguardistas del arte mexicano, pero también dedicó gran cantidad de energía a propugnar la preservación de las artes folclóricas tradicionales. Participó asimismo en grupos artísticos con motivación política, como el Taller Escuela de Artes Plásticas (TEAP), que se formó en los años treinta en colaboración con la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) para promover los derechos de los trabajadores mediante carteles y otros medios de propaganda. Su obra apareció en Frente a Frente, órgano de la LEAR, y él mismo ha sido descrito como uno de los colaboradores de la publicación "que combinaron con éxito influencias mexicanas y extranjeras sin recurrir a representaciones folclóricas melodramáticas". Las naturalezas muertas de Fernández Ledesma, como Naturaleza muerta con barco, representan otro aspecto de su obra, uno que le permitía al artista emprender de lleno exploraciones formales y metafísicas muy influidas por el modernismo europeo, sin preocuparse por aspectos políticos o folclóricos.

Las formas y texturas son preocupaciones fundamentales en las pinturas de Fernández Ledesma: objetos y formas similares aparecen repetidamente en diferentes lienzos. Por ejemplo, la madera de textura áspera y rugosa del escritorio en Naturaleza muerta con barco recuerda la del cuadro El ebanista (1925), que muestra a un carpintero en su taller. Este interés es seguramente un reflejo del trabajo de talla en madera hecho por el propio Fernández Ledesma. Por otra parte, la caracola había aparecido en otra pintura suya de 1936, El mar. En esa escena onírica, una mujer semidesnuda se acerca la caracola al oído y escucha atentamente los sonidos del mar mientras un paisaje yermo y ruinoso la rodea. Por último, la combinación de la naranja y el recipiente en Naturaleza muerta con barco se repite en otra de sus pinturas, El peinado, una escena en la que una mujer mayor trenza el cabello de una joven. Al igual que los pintores metafísicos europeos, Fernández Ledesma pone énfasis en los objetos y los hace trascender su estatus causal de "cosas" mundanas. Una pintura de 1940, Los guantes negros, es un ejemplo de cómo el artista siguió explorando los elementos misteriosos de los objetos. La obra muestra tres granadas y un par de guantes negros sobre una mesa en una perspectiva fuertemente inclinada. Los guantes tienen una inquietante animación y parecen hacer un esfuerzo por acoplarse como manos.

Claramente, Fernández Ledesma era muy conocedor de diversos enfoques modernistas para reexaminar objetos cotidianos. Aunque en su obra se deja ver una preferencia por elementos simples, familiares u orgánicos, y aunque a menudo lamentó el descenso en la producción manual de objetos y el alza de la fabricación masiva, también supo apreciar las liguras de la era industrial, como evidencia el buque trasatlántico de Naturaleza muerta con barco. Antes, en 1928, había tomado la osada decisión editorial de incluir en Forma una reproducción de la controvertida fotografía de un escusado hecha por Edward Weston. También se atribuye a Fernández Ledesma el pie de la imagen: "Los espíritus timoratos, encasquillados por la costumbre de justipreciar la belleza por ‘el asunto’, no entenderán jamás que esta escultura de porcelana blanca es tan hermosa en si como la arquitectura de una flor o la de un fruto. [...] Las imágenes, pues, no cobrarán en su mentalidad el valor intrínseco de su belleza desnuda y siempre estarán supeditadas al subjetivo de ‘lo moral’ o ‘lo soez’".

Fernández Ledesma exploró también la "belleza desnuda" de figuras artificiales en un cuadro de alrededor de 1929, Paisaje industrial, en el que se ve una fábrica que ha transformado su entorno natural con una monumental chimenea.

Más allá del análisis de las formas y texturas y de su "valor intrínseco", los objetos en la pintura de Fernández Ledesma revelan también una preocupación por el significado simbólico, y Naturaleza muerta con barco debe mirarse en conjunto con las naturalezas muertas y paisajes de muchos otros artistas de la época. Olga Costa, Manuel González Serrano, Angelina Beloff, María Izquierdo, Rosa Rolanda y David Alfaro Siqueiros pintaron imágenes altamente poéticas de caracolas y el océano, lo cual obliga a preguntamos por qué eran tan populares estos motivos. Como expresa Norbert Schneider en su libro sobre la naturaleza muerta: "Lo que debemos preguntarnos es qué ideas e ideales se formulaban de manera artística en torno a la clase de objetos cotidianos que se consideraban dignos de pintar. Finalmente, la función del objeto representado en una naturaleza muerta no es simplemente un asunto de historia cultural: los objetos son también testigos de cambios en la sensibilidad y la mentalidad de la gente."

Las imágenes de caracolas en muchos artistas tienen fuertes alusiones sexuales, y quizás también representen una idea específicamente mexicana de la naturaleza muerta y el paisaje, una celebración de las maravillas naturales del país. Sin embargo, la imaginería de Naturaleza muerta con barco evoca más de cerca una escena nostálgica de habitaciones recién abandonadas y largos viajes, en donde quizás el trasatlántico es símbolo de la inmigración y el exilio, o de manera más simple, de la enajenación. En su tono melancólico, la pintura recuerda más de cerca una obra pintada el año siguiente por María Izquierdo, Mujer gris. En esta imagen, un desnudo monumental aparece sentado frente a una ventana, por la que se puede ver un avión despegar de su pista. Una nube solitaria, gris y blanca, situada directamente sobre la cabeza de la mujer desnuda, crea un sentido dominante de tristeza, acentuado por la expresión meditabunda y la postura venerable de la figura, que intenta proteger su cuerpo con los brazos. Tanto la pintura de Izquierdo como la de Fernández Ledesma contrastan tranquilas escenas interiores con el movimiento rápido del paisaje exterior, y expresan de esa manera las angustias de la era moderna.

La obra ingresó al Museo Nacional de Arte como parte del acervo constitutivo de 1982.