Museo Nacional de Arte

El emperador Maximiliano de Habsburgo

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El emperador Maximiliano de Habsburgo
El emperador Maximiliano de Habsburgo
Artista FELIPE SOJO (1833 - 1869)

El emperador Maximiliano de Habsburgo

Fecha1865
TécnicaMármol
Dimensiones82.5 x 48 x 36 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

En este retrato escultórico, el emperador Maximiliano e Habsburgo aparece vestido con la clásica tunica de la Antigüedad, asida por un broche sobre su hombre derecho, en el quese identificaun águila sobre un nopaldevorando una serpiente. La túnica deja al descubierto parte del pecho y la espalda del retrato, insinuando su desnudez. Los rasgos faciales del segundo emperador de México han sido fialemtne trasladados al mármol, así como las ondulaciones de sus cabelos y su barba, de las que el artista hizo gala de su buen oficio,. La suve textura de su rostro y su pecho contrastan tanto con la simplicidad del trabajo de los pliegues de la túnica, como en la textura rugosa y serpenteante de sus cabellos y barbas. ni la boca semiabierta, ni la cabeza ligeramtnete girada hacia la izquierda, consribuyen a dotar de expresión al busto de Maximiliano, impasible en su retratop. En la parte frontal del cuadrángulo que sirve de  base al busto se lee la inscripción latina "Maximilianus Imperator".

Comentario

La práctica de labrar bustos de los hom,bres proiminentes en el terreno del arte, la cultura y la política noe ra nueva en el ámbito de la Academia de San carlos en los años del imperio de Maximiliano. Desde la década de los años cincuenta del siglo XIX, Manuel Vilar había establecido y practicado con regularidad este ejercicio, promovido por la propia Junta de Gobierno de la Academia con el objeto de recrear pláticamente la historia de las institucióin mediante imágenes de sus fundadores y bienbhechores. Sojo, reputado como uno de los mejores discíopulos de Vilar, reveló a su maestro en la enseñanza del ramo de la escultura a la muerte de éste en 1860, cuando además se le comisionó para labrarl en mármol el busto quye habría de rematar la lápida sepulcral de Vilar en la iglesia del Hospital de Jesús. Así que para cuando el emperador le encargó su retrato y el de su consorte, Sojo contaba con una vasta experiencia en la práctica del retrato escultórico como alumno y profesor de la Academia de San Carlos.

Sojo fue uno de los artistas de la Academia que colaboró abiertamente con el emperador en algunos de sus magnos proyectos artísticos encamiandos a la creación de un arte nacional. No por casualidad, el botón que ciñe la túnica del emperador ostenta el emblema de la nación con el que Maximiliano pretendía identificarse para legitimar su gobierno.Desde esta perspectiva, si la túnica clásica nos remite a la Antigüedad grecorromana. el broche a lo hace a los símbolos patrios mexicanos y el peinado y el corte de las barbas a la moda del segundo imperio, todo lo cual establace un juego de signos identificables con el momento histórico en el que se labró el busto. Pese a su negativa a servir militarmente al imperio, Sojo participó activamente en los proyectos artísticos del emperador tanto que, a la caida del imperio y con la restauración de la república, fue suspendido temporalmente de su cargo como profesor en la Academia, al cual fue rehabilitado en enero de 1868 junto con otros profesores como Santiago Rebull, Juan Urruchi y Pelegrín Clavé.

Por ahora se desconoce si en efecto  se cumplió la peticion del director del Museo Nacional, sin embargo su solicitud por sí sola revela el interés y la atracción que desde su caída y su trágico fin ejerciceron la historia y las imágenes de maximiliano y Carlota en el imaginario popular. pareciera que en ocasiones el interés histórico por las esculturas y las imágenes artísticas del segundo imperio, hubiese legado a trascender su carga política a favor de su contenido sentimental o estético. Luego de la derrota del imperio, el busto de Maximiliano en mármol y una de sus versiones en bronce permaneceiron elas colecciones de la Academia, a donde habían sido enviados para su resgaurdo. En  1867 el mármol fue valuado en 400  pesos y el bronce en 270 pesos. Manuel Revilla no lo registra en el catálogo de 1905. En 19701 Salvador Moreno lo reprodujo en "Un siglo olvidado de escultura mexicano"

En 1982 pasó a constitutir parte del acervo del Museo Nacional de Arte procedente del Museo de San Carlos

Inscripciones                                                                                                                                                                                                                           [En el frente, en la base:¨]                                                                                                                                                                                MAXIMILIANUS IMPERATOR

Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 69

Descripción:

"La comisión para Felipe Sojo se debió de hacer en el año de su llegada, pues el busto en mármol se presentó en la exposición de 1865. De las posibilidades para presentar un retrato del emperador, Sojo escogió la que denota atemporalidad, al revestirlo con una toga que lo descontextualiza del siglo XIX. En junio de 1866, Sojo emitiría claramente su opinión sobre cuál sería el mejor estilo para unificar un criterio de construcción en las decoraciones que debían aplicarse en las obras del imperio. Para el escultor, el mejor estilo era aquel que se adaptaba a "la escultura clásica de la mejor época de Pericles". A esta conclusión debió de haber llegado tiempo atrás, por lo que el busto de Maximiliano lo hizo togado, circunscribiéndose a esa tradición. El clasicismo había sido el derrotero que la escultura había tomado también en Europa durante el segundo imperio. La escultura se elaboró tanto en mármol como en bronce. La diferencia entre las dos es el material, pues ambas llevan la toga sostenida por un botón con el águila mexicana. Los bustos en bronce debían legar a las capitales de los departamentos, pero ante el alto costo (10 359 pesos) sólo se ordenó que se remitieran a Puebla y Guadalajara. Salado Álvarez puso en boca de Maximiliano el comentario de que "tampoco me agrada mi busto en bronce, afortunadamente se contrató sólo en 5 mil pesos". Seguramente al verse Maximiliano como un "augusto romano" no le convenció la representación. El aburguesamiento del retrato y la efigie imperial eran una realidad".

(Acevedo, Esther, 1995, p.69-70)