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Mercurio y Argos
Mercurio y Argos
Artista FELIPE SOJO (1833 - 1869)

Mercurio y Argos

Fecha1854
TécnicaVaciado en yeso
Dimensiones130 x 100 x 73 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

Dos personajes masculinos desnudos, Mercurio y Argos, se encuentran apoyados en una roca. En la parte inferior de la roca, Argos, barbado y con los músculos del cuerpo relajados por las notas musicales que Mercurio hizo salir de su flauta de Pan, ha dejado caer el bastón pastoril y apoya su brazo sobre la pierna del astuto dios. Mercurio con su característico sombrero alado y sentado en la parte superior de la roca, se dispone a separar de su boca el instrumento musical que porta en la mano derecha y que le ha servido para engañar a Argos, mientras que con la izquierda levanta la espada y la empuña para dar muerte a su víctima adormecida.

Comentario

Reputado como uno de los mejores discípulos de Manuel Vilar, Felipe Sojo inició sus estudios en la Academia de San Carlos en 1845. En 1853 ganó la pensión de Roma con la escultura de Perseo en acto de petrificar a Atlas concursando con Epitacio Calvo y Juan Bellido; in embargo, sus deberes filiales le impidieron realizar el viaje.

El mismo año de su renuncia a la pensión de Roma, realizó una de sus obras más sobresalientes, la cual mostraba el estado de avance en su aprendizaje luego de nueve años de estudio en la Academia, ya que la ejecución de un grupo escultórico exento sólo podía llevarse a cabo en la fase final. Con Mercurio adormeciendo a Argos, sojo ganó el segundo premio en la clase de grupos y una gratificación de 160 pesos. La escultura fue presentada en la sexta exposición.

La mitología clásica constituyó una de las fuentes principales de inspiración para los discípulos de escultura bajo la dirección de Manuel Vilar, siendo la obra de Sojo tal vez el ejemplo más feliz realizado durante este periodo. Sojo eligió como tema para su obra uno de los pasajes de los amores adulterinos de Júpiter y de los intentos de su esposa por vengarse o frustrarlos: no pudiendo seducir a Io en forma de nube, Júpiter la convirtió en una novilla blanca, pero la astuta Juno se la pidió como regalo y la confió, para que la guardara, al gigante Argos, el de los cien ojos. Júpiter envió entonces a Mercurio para que la recuperara, lo cual logró hechizando al vigilante con la música de su lira para luego cortarle la cabeza. Este último pasaje es el que Sojo eligió para representar en la escultura; sin embargo, fiel al decoro que existía la estética académica, se cuidó de no representar a Argos como el gigante de los cien ojos. Con todo, el tratamiento del cuerpo del guardián denota su condición humana, manifiesta particularmente en el rostro, en el que la cabellera rizada y las barbas, así como el gesto de placer y adormecimiento, acusan su rango y lo emparentan con las esculturas de pastores y faunos. Por el contrario, Mercurio ha sido representado completamente desnudo (sólo una hoja de parra cubre su sexo), con un cuerpo ágil y juvenil que acusa su naturaleza divina, a diferencia de Argos. Además, como el personaje de mayor altura, ocupa un lugar prominente en la composición sentado en la parte superior de la roca, y también como el protagonista de la acción: toca la zampoña y está a punto de usar su espada.

Pese a que desde la remesa de escultura donada a la Academia en 1797 existían algunos modelos de Mercurio y a que en el avalúo de 1867 se mencionen también varias esculturas que lo representan, el modelo para la figura del dios parece ser el Mercurio del escultor danés Bertel Thorvaldsen, uno de los escultores más famosos y apreciados en Europa después de la muerte de Canova y muy admirado por Vilar. En las ilustraciones publicadas por Salvador Moreno en su monografía dedicada al escultor catalán, se encuentra una imagen de Mercurio semejante a la de Thorvaldsen, con la espada escondida como en la escultura de Sojo, realizada en Roma en 1835.

La crítica se mostró favorable a la obra, pero no dejó de señalar ciertos defectos en ella, sobre todo en la elección del tema para formar un grupo. Hoy la solución compositiva de Sojo en la que se deja sentir el peso de Vilar, nos parece un acierto.

Sin embargo, un crítico anónimo que opinó en el diario conservador El Universal consideró la escultura de Sojo como el mejor grupo producido hasta entonces por los discípulos de Vilar y lamentó profundamente que "un excesivo amor filial" lo hubiese hecho renunciar a la pensión a Europa en donde habría hecho grandes adelantos para honra de su patria y de la Academia.

La escultura permaneció en las colecciones de la Academia. En 1867 fue valuada en 500 pesos. En 1876 formó parte del contingente artístico nacional que representó a México en la Exposición de Filadelfia, regresando en un estado de casi total destrucción. En 1905 Manuel G. Revilla la registró en el catálogo de escultura con el número 217. Salvador Moreno la reprodujo en "Un siglo olvidado de escultura mexicana". Entes de pasar a formar parte en 1982 del Museo Nacional de Arte, perteneció al Museo de San Carlos.