San Lucas
Descripción
San Lucas, vestido con una túnica corta y una capa que, colgándole de su hombro izquierdo, le cubre, bajo sus amplios pliegues, la mitad inferior del tronco, está de pie, con la cabeza medio girada hacia su derecha. Lleva en la mano izquierda un rollo de papiro parcialmente desplegado y, en la diestra, una punta o estilo. Sobre el piso, al lado de su pierna derecha, está una caja cilíndrica (scrinium) que contiene cosa de media docena de rollos con sus escritos; sobre ella hay una inscripción !en correcto griego antiguo! que dice IATPIKH, "es decir, la Medicina, el arte de curar".
Comentario
El modelo de estatua fue mostrado en la octava exposición anual de la Academia (diciembre de 1855). Soriano obtuvo un segundo premio en la clase de estudio de composición, en la categoría de estatuas. Fue adquirida por la Junta de Gobierno de la Academia, a propuesta de Vilar, para que se quedara en el establecimiento; se le pagaron 180 pesos a Soriano por su trabajo.
La figura labrada en mármol pudo ser mostrada por fin en la undécima exposición anual de la Academia (diciembre de 1858), en plena guerra civil. El catálogo correspondiente advierte: "Estatua de mármol del Evangelista San Lucas, original. Obsequio que hace esta Academia a la escuela de medicina".
El joven artista se hizo acreedor, por esta talla, a un primer premio en la clase de la práctica del mármol. Ésta fue una de las disciplinas escolares introducidas por Vilar, como parte de la formación de los alumnos más aventajados, y en favor de su propósito de desterrar la predilección de los mexicanos por las esculturas talladas en madera, asociadas a las devociones tradicionales, y de fomentar el gusto por los materiales "blancos" y, en particular, por la "nobleza" del mármol.
La estatua de san Lucas formaba parte de un grupo de figuras de santos patronos que sería obsequiada por la Academia a otras escuelas superiores, por disposición de don José Urbano Fonseca.
La documentación existente en los archivos de Vilar y en la antigua Academia confirmaba sólo en parte la aseveración de Revilla, que presupone un programa bien establecido desde un principio; en realidad, parece que más bien se procedió de encomienda en encomienda, con lapsos relativamente extensos entre una y otra. La primera noticia obtenida en estos archivos sobre el San Lucas está fechada en enero de 1855; sobre el San Isidro, en 1856, y sobre el San Pablo, en 1859. Es posible que sólo el San Lucas y el San Isidro hayan sido realmente consideradas en conjunto. Por otra fuente documental, se sabe que la propuesta de Fonseca de labrar un San Lucas para obsequiarla a la Escuela de Medicina tuvo lugar en octubre de 1854.
Ahora bien, en enero de 1855, aún no se decidía a ciencia cierta si la ejecutarían los discípulos de Vilar o los pensionados de Roma. Pero ya el 2 de febrero del mismo año se encargaba al ministro de México en Roma la remisión, desde Carrara, de "un pedazo de mármol para la estatua de San Lucas, y se le enviaron los fondos". A partir de esa fecha, la ejecución de la estatua, confiada a Soriano, se llevó a un ritmo constante: para fines de año, como queda dicho, fue expuesto el modelo en yeso.
Soriano corrió con la suerte de ser el único que pudo llevar a buen término la encomienda de ejecutar su trabajo en mármol. El 8 de enero de 1856 llegó a Veracruz, y el día 30 se recibió en la capital un bloque con un peso de 367 arrobas, 20 libras. Una vez tallada la figura, ésta pesaba un poco más de 130 arrobas y tenía 9 palmos de altura, incluido el plinto. Soriano la concluyó el 31 de julio de 1859. Fue trasladada de la Academia a la Escuela de Medicina, en marzo de 1860, bajo la supervisión de Vilar. La propia Academia, dirigida a la sazón por don Bernardo Couto, corrió con los gastos de la decoración del mudo en que fue colocada, con todo y su pedestal, todo ello con arreglo a los diseños de Vilar, en combinación con el director del ramo de arquitectura, don Javier Cavallari. Vale recordar aquí que, recién en 1854, José Urbano Fonseca había adquirido el antiguo palacio de la extinta Inquisición para sede de la Escuela de Medicina, hasta entonces trashumante por sucesivos domicilios urbanos. Nos sorprende, pues, que el mismo inspector general de Instrucción Pública haya dispuesto el ornato escultórico de aquel edificio refuncionalizado con la efigie de san Lucas, también provisto por Fonseca como santo protector de la escuela, hasta allí carente de patrono celestial.
Lucas es presentado por el doctor Rafael Lucio como médico y como reformador social, en cuanto propagador de las doctrinas igualitarias de Jesucristo. Y éstas, a su vez, son concebidas como normas positivas de conducta, circunstancialmente enlazadas con creencias religiosas: es decir, como principio éticos antes que como preceptos religiosos abstractos. No se ven, pues, como incompatibles las ciencias naturales y la sociales y la religión. En tal sentido, resultaba apropiado que la figura de este médico y santo presidiera el aula donde tendrían lugar "los´exámenes profesionales, las inauguraciones de cursos y las ceremonias luctuosas" (y ya no "la capilla", que preveía el catálogo de 1855); éste fue el sentir de las autoridades escolares, al menos hasta 1913, cuando el entonces director, el doctor Aureliano Urrutia, mandó retirar la estatua de este lugar para colocarla en medio del patio.
Otro aspecto importante a destacar en la figura de San Lucas lo sacó a relucir el estudiante José Fernández, en una de las "odas" recitadas en ocasión de la ceremonia inaugural. En efecto, a san Lucas no sólo se le atribuye la factura del tercero de los Evangelios canónicos, por cierto, el más meticuloso de los cuatro en cuanto al establecimiento de una estructura narrativa muy atenta a la ubicación cronológica y geográfica de las acciones y las palabras de Jesucristo; también es el autor de los Hechos de los Apóstoles, donde da cuenta de las actividades apostólicas, en particular las de san Pedro y san Pablo, luego de la resurrección y ascensión de Jesucristo y del descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés, hasta la llegada a Roma de la predicación de la palabra, en cumplimiento del mandato ecuménico de Jesús. Lucas es un cronista atento a los hechos que narra; cuando no los presenció personalmente, acudió a los relatos de quienes sí lo hicieron, como María la madre de Jesús y los otros discípulos. Fue, pues, un historiador fiel a sus fuentes y singularmente cuidadoso en construir una narrativa lo más coherente posible.
Resulta interesante, en este sentido, comparar la actitud dada por Soriano a su figura, con la cabeza medio girada como para otear el horizonte, en una metáfora ya espacial, ya temporal, pero definitivamente anclada a lo terreno; y, por otra parte, la mirada dirigida hacia lo alto que peculiariza la actitud del San Juan Evangelista, de Barragán, para sugerir los altos vuelos teológicos del cuarto evangelista. Además, San Juan está acompañado por su atributo simbólico, el águila, mientras que a san Lucas no lo flanquea el toro, como era usual en las representaciones tradicionales. El Lucas que nos propone Soriano es un médico y un escritor, a la vez sagrado y profano la descripción catalográfica que salió publicada cuando fue expuesto el yeso original, en 1855, especificaba que el scrinium o caja con pergaminos contenía "sus principales escritos sobre medicina". Lo que quiso representar Soriano fue, pues, un personaje histórico que acabó por ser declarado santo, y no una imagen piadosa tradicional. Acaso no sean casuales algunas analogías entre el Lucas de Soriano y el retrato estatuario de Sófocles (copia romana de un original griego, en mármol, y depositado en los Museos Vaticanos), por lo que toca tanto a la actitud y al tratamiento de las vestiduras como, sobre todo, al scrinium con los manuscritos respectivos que se halla al lado derecho de las figuras.
Por otra parte, la efigie de Lucas sirvió también de enlace conveniente para realzar las buenas relaciones de médicos y artistas, más allá de la falsa leyenda piadosa que hacía del evangelista el pintor de la vera imagen de la Virgen María. Al parecer, con la donación de aquella estatua, la Academia quiso agradecer a Medicina el hecho de los jóvenes artistas acudían al anfiteatro de disección de esta escuela para completar sus clases de anatomía. Rafael Lucio, en el discurso inaugural ya citado, dio una inflexión conceptual muy interesante a los nexos entre ambas instituciones.
Debe señalarse que fue Vilar quien trazó la composición de san Lucas y se la dio a modelar a su discípulo Soriano: se conservan dibujos de mano de aquel maestro que muestran a la figura vista de frente y por detrás. Por ora parte, el "diario de trabajo de Vilar está lleno de anotaciones que corroboran el grado de involucramiento en el proceso de desarrollo de dicha estatua. Las anotaciones del propio Vilar comprueban, sin lugar a dudas, cómo él mismo se encargaba de buscar asuntos para las obras originales que sus alumnos debían ejecutar y "arreglaba" sus composiciones. A tanto llegaba el cariño paternal del maestro y su deseo de mostrar públicamente el adelanto de sus discípulos y la eficacia de sus métodos de enseñanza.