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Imagen no disponible para La Emperatriz Carlota
La Emperatriz Carlota
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Artista FELIPE SOJO (1833 - 1869)

La Emperatriz Carlota

Fecha1866
TécnicaMármol
Dimensiones77.5 x 45 x 37 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
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Descripción

Una diadema que asemeja incrustaciones de perlas dispuesta como corona junto con el broche que sostiene la túnica y que acusa una extrema sencillez, son los únicos elementos de opulencia que porta el busto escultórico de la emperatriz Carlota de México. Peinada a la moda de la década de 1860, sus cabellos ondulan armoniosamente dejando caer, debajo de sus orejas, sendos bucles que sirven de marco al rostro, cuyas facciones parecen delatar la expresión de un carácter severo y decidido.

El cuello y parte del pecho han sido dejados al descubierto. El resto del busto va cubierto por un manto plegado sujeto por un botón al centro de su pecho.

La delicadeza con que están tratados el rostro, el cuello y parte del pecho contrasta con la textura rugosa de la túnica que cubre su desnudez.

Comentario

Esta obra, que forma pendant con El emperador Maximiliano de Habsburgo, no fue presentada como su par en la exposición que se celebrara durante el segundo imperio en 1865 bajo la consigna de "Obras pertenecientes a SS.MM." Se mostró en cambio una Cabeza en mármol de la emperatriz Eugenia de V. Nieuwerkerke. La omisión bien puede explicarse porque el autor no la hubiera aún concluido al momento de la decimotercera muestra en la que se dio a conocer la del emperador.

A primera vista pareciera que el propósito del autor fue representar a la emperatriz como una respetable matrona de la Antigüedad o bien simplemente remitirla a la escultura grecorromana, idea a la que contribuye el manto que la cubre. Pero la fineza con la que el escultor labró sus rasgos faciales, el cuidado que puso en la laboriosidad del peinado y en la diadema que corona su cabeza, parecen remitir más a la escultura neorrococó, puesta en boga precisamente por la emperatriz Eugenia de Montijo en Francia en los años del segundo imperio, que a la estatuaria antigua.

Llama la atención también la marcada simplicidad del atuendo de la emperatriz en la obra de Sojo, que en esta ocasión no porta ni pendientes, en contraste con la riqueza y el lujo que suelen ostentar sus retratos pictóricos, como en el que le pintara el famoso retratista de la aristocracia europea Franz Xaver Winterhalter o el de Albert Graefle, en los que se despliega toda la parafernalia principesca y la emperatriz aparece rodeada de todo el boato y los signos de poder como la corona o la banda encarnada de la Orden de San Carlos. En este sentido, en la obra de Sojo no hay nada que indique el rango político de la retratada, salvo la diadema, la cual también podía ser utilizada como objeto de ornato por cualquier mujer, ya que ésta no era un elemento de significación dinástica o nacional, a diferencia del busto de Maximiliano que le hace y que lleva el broche de las armas mexicanas.

Tal vez lo que mejor distingue al busto de Sojo del resto de los retratos de la emperatriz, es la fiel expresión del temperamento y el carácter de la modelo en el rostro. en el Museo Nacional de Historia de la ciudad de México existe un busto de Carlota, también en mármol, de Joseph Gasser von Valhorn. En éste la emperatriz tampoco porta pendientes ni joya alguna, pero a diferencia del busto de Sojo, parece estar cubierta por una capa de armiño ceñida por un broche en el centro del pecho, que deja al descubierto la parte superior de un vestido, es decir, se encuentra vestida como en sus retratos pictóricos. El peinado, aunque con algunas diferencias, también deja caer dos mechas de cabello sobre el pecho. Sin embargo, a pesar de sus similitudes, el mármol de Sojo acusa una rigidez en la posición de la modelo y una pureza en el tratamiento de las formas que parecen retratar el firme y decidido carácter de la emperatriz, que lo alejan conceptualmente del de Valhorn.

En los últimos momentos del gobierno imperial el busto de Carlota fue enviado para su resguardo, junto con el de Maximiliano y otros objetos, a la Academia de San Carlos. A la caída del imperio se solicitó que las efigies en mármol de los emperadores, con el resto de los objetos, fueran devueltos al Palacio nacional. Se desconoce si esta petición fue cumplida, pero en noviembre de 1871 Epitacio Calvo firmaba y aceptaba haber recibido para la Academia, por orden del Ministerio de Fomento, una serie de objetos decorativos (tibores, loza, marcos, muñecos) y de obras artísticas, entre los que se encontraban las esculturas de Carlota y de su consorte, seguramente las de Sojo.

También se ignora si en 1895 las obras pasaron a la colección del Museo Nacional, que también las solicitó por tratarse de "objetos de carácter netamente histórico", pues ninguna de las dos esculturas aparece inventariada en el catálogo que Manuel G. Revilla realizó en 1905.

Salvador Moreno la reprodujo en "Un siglo olvidado de escultura mexicana". Llegó al Museo Nacional de Arte en 1982 procedente del Museo de San Carlos.

Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 70

Descripción:

"Varias son las esculturas que de Carlota se tienen: una de factura europea esculpida por Josef Gasser de Valhorn y la de Felipe Sojo. Dos tradiciones de esculpir, una cercana a un cierto romanticismo y otra más apegada a los cánones clásicos".

(Acevedo, Esther, 1995, p.70)