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Artista EUGENIO THIERRY ((activo en el siglo XIX))

Mariano Arista

Fecha1860
TécnicaYeso
Dimensiones78.5 x 54.5 x 27 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

El busto de Mariano Arista, portando traje militar con charreteras y cinco condecoraciones, está colocado sobre un pedestal cilíndrico. Las facciones pertenecen a un hombre maduro, engalanado por el arte de la escultura. Su escaso pelo es alargado para cubrirle las grandes entradas de la frente, en un peinado que parte del lado derecho y se continúa en unas largas patillas que llegan al maxilar inferior. Sus ojos ven de frente, aunque las pupilas, que se dirigen hacia la derecha, suavizan su mirada. Sus pómulos, ya flácidos por la edad en que está representado, aprietan sus labios y la barbilla levemente partida sobresale, lo que produce un efecto visual, en el que el rostro pareciera ser empujado hacia atrás.

Comentario

Este busto en yeso llegó a la Academia como un regalo del señor Pedro Andreotti vendedor de figuritas de yeso de la calle-por conducto del maestro de escultura Manuel Vilar, quien consideró que la adquisición tenía mérito, tanto por ser el retrato de uno de los ex presidentes de México, como por haber sido esculpida por el italiano Eugenio Thierry, un escultor que estuvo algún tiempo en la ciudad de México.

El reporte del hecho, escrito por Vilar el 5 de abril de 1853 a don Bernardo Couto presidente de la Junta de Gobierno de la Academia , nos permite abrir el comentario: al personaje, al artista y al donante.

Mariano Arista nació en San Luis Potosí en 1802, por lo que sería el primer presidente nacido ya en el siglo XXX. Siendo su padre un veterano teniente del Regimiento de Dragones, el joven Arista entró al ejército a los quince años. Tras una larga carrera militar, accedió a la presidencia en las primeras elecciones presidenciales realizadas en un ambiente pacífico y en la primera campaña que puede ser considerada nacional pues en ella participó la mayor parte de los estados.2 Ocupó el poder de 1851-1853 y fue uno de los quince presidentes, de los veintidós que hubo en esta centuria, que provenía del ejército. De estos quince militares, once siguieron con el ejército realista hasta el levantamiento de Iturbide. Arista se unió al consumador en junio de 1821 alistándose en el destacamento "Libertad" con Iturbide. Su carrera, como la de tantos otros militares, fue oscura hasta la guerra del 47, en la que fue el responsable de la batalla de Palo Alto. Después de ésta se replegó a Matamoros al día siguiente y fue acusado de dos importantes derrotas. Su estrella subió cuando, como ministro de Guerra en el periodo de Herrera, logró evitar que las revueltas provocaran su derrocamiento y aseguró que éste fuera, después de Guadalupe Victoria, el segundo presidente en terminar su mandato.

Eugenio Thierry se encontraba en México hacia los años cincuenta, su taller se ubicaba en el callejón de Santa Clara letra C y vivía con su hija, bailarina de teatro, quien había sido contratada por una compañía por dos años. La presencia del escultor fue resentida por don Manuel Vilar, quien en 1850 le escribió a su hermano diciéndole que cuando terminara su contrata era probable que Eugenio Thierry aceptara su posición por menos dinero, pues había pocas posibilidades de encontrar trabajo en la ciudad, sobre todo si uno no producía figuritas de madera. Thierry algo habrá planeado, pues al año siguiente se presentó en la exposición de la Academia de San Carlos como escultor ajeno a ésta. Los retratos que la prensa ensalzó fueron los de Enrique Griffón, Manuel Gorostiza—tomado de un daguerrotipo—, Lorenzo de la Hidalga, Mariano Arista, Joaquín Patiño y Juan Lasquetti.

El comentarista de El Espectador Mexicano, el impresor Rafael de Rafael manifestó que se trataba de un artista de mérito, que lograba una semejanza "perfectamente absoluta de sus modelos, el pelo está tocado con gusto y los pliegues son naturales; pero, sobre todo, en lo que descuellan estos retratos, es en la minuciosidad verdaderamente sorprendente con que está indicado hasta el menor accidente del cutis". El crítico deseaba que para la próxima exposición el escultor trabajara alguna escultura de cuerpo entero, pues, consideraba que en ellas era donde verdaderamente lucían los conocimientos anatómicos, así como el sentimiento y maestría del artista. Thierry ejecutó el yeso del general Mariano Arista antes de que éste fuera presidente de la República. Arista va uniformado con su traje de general de división y portainsignias con las que había sido distinguido. Estas cinco condecoraciones, si bien no identificables en la escultura, son en número y en forma muy parecidas a las que porta en el retrato al óleo que le hiciera Édouard Pingret. La escultura no lleva pues la banda presidencial con el escudo nacional, que sí porta el retrato realizado por el francés, fechado en 1851, cuando Arista ya era presidente. Si la comparamos con las fotografías que de él se tienen, la escultura embellece y ennoblece al personaje. Como diría Rafael de Rafael, el objeto principal de la escultura era la nobleza de la forma y no el cuidado de los pormenores.

Los artistas extranjeros, como Pingret y Thierry, conocían la utilidad discursiva de la pintura y la escultura patrióticas, y llegados a México ofrecieron sus servicios. Es sabido que Pingret, recomendado por Lucas Alamán, rentó a Eustaquio Barrón en el edificio del Coliseo Viejo y acondicionó lujosamente los salones, donde recibía a la élite empresarial y política, y organizaba espectaculares ceremonias cada vez que develaba el retrato de algún personaje.

Mariano Arista llegó a la presidencia sin el apoyo de un grupo político sólido, sólo respaldado por los liberales moderados y algunos radicales, y fue rechazado por la élite tradicionalmente conservadora asentada en la capital. Provinciano de origen, su reputación como militar y como ministro lo llevó a una presidencia en la que no destacó por una firme y constante posición ideológica; la prensa de la época lo consideró más bien un "amalgamador" o "fusionista". No le fue fácil integrarse a la élite criolla intelectual de la ciudad y entró en fricción con ella en diversas ocasiones: primero con Romero de Terreros en torno a la sucesión del presidente del Monte de Piedad y después con Almonte en lo relativo a la dirección de la junta Patriótica de 1850. Sin embargo, buscó pertenecer a diversas sociedades que le confirieran prestigio social; así, fue suscriptor a la Academia con tres suscripciones en 1850 y 1 851 y con cinco en 1852 y 1 853. Seguramente asistió como presidente a la exposición de 1851 y vio no sólo su busto como una más de las obras de arte presentadas en el recinto, sino también uno de los retratos que le hizo Pingret, de los que se hicieron varias copias tanto del retrato de cuerpo completo como del de medio cuerpo. Su orgullo militar es patente en estas obras pictóricas y escultóricas en las que porta el traje de ceremonia y sus condecoraciones: siendo la de la Orden de Guadalupe la más vistosa. Una carta de visita, tal vez patrocinada por él mismo como regalo a las clases obreras, lo muestra arrogante con su traje militar de lujo y la condecoración de Guadalupe.

La Guardia Nacional se levantó en su contra en Guadalajara con el Plan del Hospicio. Al denegarle el Congreso facultades extraordinarias, renunció a la presidencia el 6 de enero de 1853.

Tres meses después, en abril, el busto pasó a formar parte de las colecciones como un regalo de un "vendedor de estatuillas de yeso". Podemos pensar que Thierry no consiguió el puesto de Vilar, que a su hija Celestina no le fue renovado su contrato y que ambos dejaron México. El busto del ex presidente quedó en manos del señor Andreotti ya sin posibilidades de ser trasladado al mármol.

Arista, retirado del poder, decidió establecerse en Sevilla. Embarcó rumbo a Francia en 1855 en la nave inglesa Tagus pero la muerte lo sorprendió a su paso por Lisboa, donde su cadáver fue sepultado sin los honores militares que hubiera deseado tener, como consta en su testamento. Pero sí fue cumplida su última voluntad, que obligaba a su ayudante de cámara, José Benito Álvarez, regresar su corazón a México. Al sepelio sólo asistieron seis personas, de las que la más cercana era su criado. Su esposa, Guadalupe Martel de Arista, había casado en primeras nupcias con el general Enrique Barradas. A la muerte de éste casó con Arista, un joven y prometedor militar. Cuando la carrera de Arista iba en ascenso, después de la guerra del 47, se divorció de doña Guadalupe y se llevó a Monterrey a una mujer casada. Durante su presidencia escandalizó a la sociedad mexicana al vivir con su amante, quien no lo acompañó en su penoso autoexilio. Doña Guadalupe se retiró al convento de Regina, donde murió el año de 1861.

El general fue nombrado por Comonfort Benemérito de la Patria el 28 de enero de 1856 y sus cenizas regresaron al país en 1880. La escultura fue valuada en 1867 en 60 pesos y nunca fue traspasada al mármol. Ingresó al Museo Nacional de Arte en 1982 procedente del Museo de San Carlos.