Alegoría de la Constitución de 1824
Descripción
Se trata de una figura femenina sentada en un tronco excavado en forma de un trono campestre, por el abandono o mal uso ha sufrido la pérdida de sus brazoas y la decapitación. Viste un amplio peplos o chitón dórico, ceñido bajo el pecho por un cinto decorado comn grecas. Esta suerte de túnica está prendida,a ala altura de los hombros, por los broches que eliminan las mangas. Pese a su tratamiento abocetado, es posible aprecial la delicada transparencia de las telas que, al mismo tiempo que moldean la anatomía de la figura feminena, deja ver el contorno del vientre, la dendidura del ombligo, la protuberancia de los senos y las rodilla. Los numerosos pliegues del ropaje, y de un gran mantyo caídop (himaton) que la rodea. se encuentran en el brazo izquierdo y en la cadera derecha. Está calzada con sandalias anudadas a la altura de los tobillosm, con el pie derecho desplantado al frente y del ziquierdo retráido. Está firmada y datada en elc anto del basamento.
Comentario
Esta maquette oboceto parte de un envío hecho por el artista desde Roma en un momento posterior a 18325, año en que está fechada y no antes de 1835 en que retornó al país. Era un trabajao que junto con el äguila mexicana talllada en mármol, se cree que respondía a un encargo del Congreso mexicano, a fin de exaltar visualmente los símbolos de la nación y su inherente vocación independentista y republicana. A causa de las mutilaciones y la consecuente ausencia de atributos, también ha perdido el carácter alegórico que sin duda poseía originalmente. Así lo confirma, además, la breve descripción que Manuel Revilla hace en su cátalogo de 1905: "La constitución Mexica. Estatua semuicolosal en yeso original de Labastida. La constitución se halla representada por una joven de robustas formas y bello tipo en actitud sedente y con la vestidura clásica. Tiene abiertio el código político de 1824"
Ambas madonas sedentes eran, pues la personificación de la Carta magna promulgada el 4 de octubre de 1824 de acuerdo con el título conq ue siempre se las ha identificado y por ello ciertamente debían portar un libro , tabla o cartapacio que exaltara la supremacía de esa ley y la legitimidad que confería a los poderes constituyentes. Con el doble sentido hay que mirar que una figura ciomo la ley oprecisamente tenía que sostener en la autoridad de ese atributo. Por su parte desde 1830, el ministro Alamán ya se hallaba tejiendo las redes entre los poderes regionales para instaurar un sistema central. Resulta, pues my}uy difícil entender las verdaderas motivaciones que se le harían al artista pensiodado para onsagrar alegóricamente una Constitución que práctiocamente ya estaba desterrada de facto.
Incluso hay que considerar que el pintor Vázquez, compañero de pensión en roma, tambi{en fue autor de unc uadro alegórico cuyo tema no deja dudas de que tambi{en se trataba de un encargo oficial: El congreso COnstituyente manifestando a la Amnerica su Constitucióm. El título nos sugiere la existencia de un mensaje mucho más explícito y optimista que el de la escultura de marras: una suerte de epifanía repblicana en las que personificación del Congreso debía de desempeñarse como anfitriona y protectora del venturoso encuentro entre las otras dos partes que representaba elt erritoio ganado y su ley fundamental o acta que le otrogaba raón de entidad política. Por todo ello, es todavía un asunto inquietante coinocer los entresijos de la materialización de esta estatua ewn rango "semisicolosal" lo mismo que le encargo del cuadro al pintor Vázquez, en el contexto de esos tiempos tan sensibles políticamente. Queda también, en fin, la interrogante por responder y las razones por las que nunca fuera expuesta más allá de las galerías de la Academia y que todos esos proyectos pudieron cumplir, así com el noble fin de fomentar en los ciudadoanos la conciencia de patriotismo y legalidad.
La maquette y la obra imal siemopre fuieron acervo de la Academia y en el avalúo de las colecciones de 1867 ya hemos visto cómo ambas fuerone nlistadas y claramente diferenciadas. Revilla no registró el boceto pero sí el yeso mayor con el número 128. Fue rescatada de las bodegas del INBA de Ticomán en 1989, en donde se hallaba confundida entre muchas oras piezas igualmente destrozadasy pertenecientes a la sala de ornamentación, ya consolidad y fijada a un nuevo basamento de madera, pasó a firmar parte de las coleciones del MUNAL: