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Libertas mexicanas
Libertas mexicanas
Artista JOSÉ MARÍA LABASTIDA (1800 - 1849)

Libertas mexicanas

Fecha1827
TécnicaVaciado en yeso con pátina
Dimensiones181.5 x 191.5 x 30 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA
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Comentario

El 20 de marzo de 1825 el joven José María Labastida, "discípulo de la oficina de talla y grabado de la Nacional Casa de Moneda" y formado bajo la tutela de Pedro Patiño Ixtolinque en la Academia de San Carlos. solicitaba a las autoridades se le concediera una pensión para viajar a Roma e ingresar a la Academia de San Lucas con el afán de perfeccionarse en el arte de la escultura. Un año antes, por instrucciones de la Presidencia de la República, el ministro de Relaciones, don Lucas Alamán, abría una convocatoria para el efecto. Tanto por sus aptitudes como por la recomendación de sus maestros, junto con Labastida también habrían de partir Ignacio Vázquez, como candidato del ramo de pintura, y Vicente Casarín del de arquitectura.

Después de muchos esfuerzos, los tres artistas se convertían en los primeros becarios mexicanos que el gobierno federal enviaba a Europa. La medida contemplaba un propósito doble: contribuir al mejoramiento del equipo docente de la escuela (que por entonces atravesaba por una crisis de recursos y elementos profesionales) y. sobre todo, cubrir las necesidades artísticas que la joven república demandaba en sus programas celebratorios. Es decir, proponer a la sociedad mexicana sus primeras imágenes de la nación libre, soberana e incuestionablemente reconocida por "el concierto del orbe civilizado". Precisamente en esas tareas conmemorativas, la obra europea de José María Labastida adquiere un relieve singular tanto por sus innegables cualidades plásticas como por su reiterada voluntad de dignificar o exaltar los nuevos emblemas nacionales.

En un ambiente de temor e incertidumbre, ante la negativa de los gobiernos europeos de reconocer la independencia nacional (por estar entonces coaligados en la Santa Alianza, con excepción de Inglaterra), el gobierno mexicano enviaba a sus representantes acreditados para negociar ante las cortes europeas. Una de las misiones más importantes, la encabezó el canónigo poblano Francisco Pablo Vázquez (luego obispo de la Angelópolis) ante la Santa Sede, quien también pasó a París en 1827 a formalizar un tratado comercial que en realidad significaba un reconocimiento de facto de la nueva república. Vázquez fue testigo de este acuerdo diplomático signado por el ministro Sebastián Camacho y que era sin duda un paso decisivo para la construcción política del país.

La presente obra, conocida como Libertas Mexicana -relieve en yeso modelado en París en 1827 (y que ahora ingresa a nuestro Museo, después de muchos años de abandono)-, es una muestra elocuente de lo hasta aquí dicho.

De sobra eran conocidas las aficiones artísticas del obispo Vázquez y el generoso mecenazgo que dispensaba a los talentos en ciernes. Así lo hizo con otro poblano ilustre que también llevó a Europa: José Manzo. El mismo Vázquez vigiló de cerca el desempeño de los pensionados mexicanos y así lo informaba a la junta de gobierno de la Academia.  Dada la coincidencia de Vázquez y Labastida en París en 1827 y por el hecho de que ambos fueron actor y testigo del protocolo, es muy probable que por iniciativa del prelado -y bajo sus preceptos iconográficos-, Labastida se abocara a la tarea de modelar con un propósito conmemorativo, su máxima obra (de las hasta aquí conocidas) que pone muy en alto sus aptitudes plásticas y compositivas. Por ejemplo, el epígrafe inscrito en la lápida posee un indudable carácter documental y confirma a todas luces que la pieza celebra el acuerdo francomexicano:

Libertad mexicana

El Universo propicia el triunfo

de la feliz patria niña

respalda sus hazañas

y conforme a la inspiración de Fidias

así en la piedra lo declara Lutecia

Esto es, que valiéndose del arte de la escultura, cuyo padre es Fidias, Lutecia (el antiguo Paris romano) protocoliza sus relaciones con la República Mexicana. Esta última queda representada alegóricamente por la vieja figura barroca del antiguo reino de México (con el águila azteca, el carcaj y el arco, y el copilli con penacho de que seguramente iría tocada). Esta figura, en lo alto de la lápida. preside, sobre una suerte de ara frente a la cual tributan reconocimiento. de un lado el genio de la escultura (quizá representado por el efebo) y, del otro, la antigua Lutecia, a la que tal vez representa la matrona coronada de encino y laurel.

Otro tanto sucedía en México con algunos proyectos conmemorativos que preconizaban la afirmación independentista de la nación: El cenotafio de Morelos, de Patiño, y La fuente de la libertad, de Joaquín Heredia (sala 3 del Museo).

Por lo tanto, este gran relieve constituye el mejor testimonio artístico de la lucha diplomática de aquellos años por reafirmar la independencia de México. En otras palabras, funge en términos plásticos como acta de constitución y sanción política.

Así, en el mes dedicado a conmemorar el nacimiento de nuestra Patria, el Museo recibe con beneplácito esta obra --que pasara a su colección permanente , y que hace un poco de justicia a la olvidada trayectoria del escultor mexicano José María Labastida, de quien nuestro acervo cuenta con otras piezas: Alegoría del escudo nacional, San Sebastián (sala 3) y Los gladiadores (vestíbulo).

Descripción

 

En este altorrelieve concebido en dos planos aparecen dos figuras de formato poco menor que el natural, equidistantes respecto de un ara central. Esta última hace las veces de lápida epigráfica, y también sirve de asiento a la vieja personificacióm iconólogica de la Nueva España. ue ahora se reconoce o declara como República Mexicana. Se trata de una matrona sedente, desnudo delpecho, engalanada por un collar, una ajorca y una pulsera con chalchuites. Se recubre con un gran manto que le pasa por enciama del hombre. Está provista de carcaj y arco, al tiempo que sostiene un medallón con una orla tachonada, que contiene el bajorrelieve las antiguar armas mexicanas, ahora el escudo nacional, galonadas por una rama de encino de honor. Pese a los estropicios que la incuria causó a su cabeza, es fácil imaginar que la "Nueva España" iriía tocada por un copilli-xihuitzolli o didema rela azteca, poniendo énfasis en la antigüedad de su autorictas y quizó también aderezada por un penacho de pluma rica conforme a un tipo convencionald esarrollado por la conocida iconográfía del arte barroco.

La inscripción en latín permite identificar ls otras dos figuras equidistantes. Del lado izquierdo, un efebo vestido con capa y unjubón corto ceñido por un cinto que represnta el arte de la escultura y ene fecto, se encuentra en el acto de depositar unas tablillas o instrumento protocolario a los pies de la personificación mexicana. Es segurop que en la manod erecha sostenían los atributos de trabajo de este ramo artístico: el cincel y el martillo. Su contraparte es una matrona coronada de laurel y encino: del nudo que atan sus cabellos penden dos ínfulas que caen hasta el nacimiento del cuello. Con la pierna derecha flexionada, también está cubierta por una gran capa que oculta la mayor parte de su holgado chitón. esta figura represnta, pues, a la antigua provincia gálica de Lutecia, hpoy la ciuda de París y por ende a tod ala nación  francesa que allí se apersona con un talante ceremonial: con un ademán admonitorio parece confirmar la importancia diplomática, y por ende el valor jurídico, de la inscripción que se lee en esta lápida-basamento. Con esta misma diadema enramada con lauros, Napoleón en sus retratos ostentaba su investiruda cesa´rea y al mismo tiempo, aceditaba el proyecto o destino imperial de Francia.

 

Comentario

 

 

José Maria Labastida, quien habría nacido en los primeros años del siglo XIX, se formó bajo la tutela de Pedro Patiño en la época más aciaga de la Academia y también se desempeñó como discípulo de la oficina de talla y grabado de la Nacional Casa de Moneda, con este cargo, solicito al gobierno una beca para viajar a Europa y perfeccionar su ténica, junto con el pintor Ignacio Vázquez y el arquitecto Vicente Casarín, formó el grupo de los primeros becarios mexicanos que la Academia remitía a Europa. se embarcaron el 15 de mayo en Veracruz.

 

La fundación de la Real Academia de San Carlos de México (1783) implicó el despliegue del proyecto cultural borbónico que, desde España, instauró el gusto por el estilo neoclásico en detrimento del arte barroco; fue la sensibilización por la ¿belleza ideal¿, austera, severa y simétrica, que se alcanzó en la antigüedad europea, específicamente en las civilizaciones greco-romanas.

Al iniciar el siglo XIX, Pedro Patiño Ixtolinque fue el precursor en la escultura del neoclasicismo académico y tuvo como alumno a José María Labastida, quien por méritos propios obtuvo una pensión para continuar su educación en Europa en 1825.

Labastida modeló en Francia este altorrelieve que integra representaciones alegóricas de la joven nación mexicana -a seis años de la Independencia- y de la tradición clásica grecolatina.

La obra enmarca un triángulo compositivo en cuyo eje central figura una matrona con atributos prehispánicos, esta sentada sobre un pedestal epigráfico y porta un escudo que alude a la fundación de Tenochtitlan, un verdadero símbolo de la identidad patria. A la izquierda se ubica el joven Fidias, célebre escultor de la Grecia antigua, quien representa noblemente su oficio artístico. Frente a él y equilibrando las cargas visuales, Labastida talló una matrona coronada con una diadema de laureles, ella personifica la antigua provincia gálica de Lutecia, hoy París.

De esta manera el artista conmemoró el primer tratado comercial entre Francia y México, lo que significó el reconocimiento del país americano como una nación soberana y en vías de integrarse al desarrollo occidental; a la vez que postuló un imaginario emblemático local de la identidad y del ¿glorioso¿ pasado.

La inscripción en latín da cuenta de la libertad mexicana ante el universo, es decir, la joven patria triunfante es invitada a deponer las armas y respalda sus hazañas la inspiración de Fidias y la aprobación de Lutecia. La obra fue remitida de París para formar parte de los lotes de la Academia de San Carlos en 1827. Ingresó al Museo en 1988, procedente del Centro Cultural Santo Domingo.

Esta obra,que la costumbre ha llamado libertas mexicanas, en realida merecería otro título más acorde con su naturaleza alegórica y su eminente discurso legal. No obstante sus roturas y el olvido de la historiografía, es menester volver a afirmar que cosntituye el mejor testminio artístico de la lucha diplomática de aquellos años por consolidar la indepencia nacional y es, a la vez pruebla de los inegables avances de Labastida y de la introducción d ela escultura plenamente neoclásica, en perfecta sintonía con los grandes programas conmmeroaivos que desarrollaban otras naciones-Estado en ambos lados del Atlántico.

En el avalúo de  1867 el relieve quedó consigando bajo el número 307. En el catálogo de Manuel Revilla de 1905 quedó registrado con la ficha 121, en vió desde París de 1827. Este bajo relieve muestra la siguiente inscripción en latina que alcara su asunto. Ingereso al Museo Nacional de Arte en 1988, procedente dle Centro Cultural Santo Domingo y ese mismo año fue restaurado.

 

Inscripciones

MEXICO /LIBERTAS MEXICANA / UNIVERSO HOSTE TRIUNPHATO/ FELICIS INFANTEM PATRIAE / ARMA PONERE / ET AD PHIDIAM COLENDUM / PETERE JUBET LUTETIAM /