Aurora de México
Descripción
Siqueiros representa a la nación y el territorio mexicano como una monumental figura femenina sedente que acoge con sus amplios y musculosos brazos y piernas tanto los materiales geológicos de los que nace el petróleo como las torres que se usan para extraerlo de los pozos. La figura es a la vez la Madre Tierra y la madre de México: su identidad es reconocida por sus rasgos faciales que comparte con una de las muchas máscaras de piedra de la antigua ciudad deTeotihuacan, vistos sobre todo en los contornos lisos y anónimos, los ojos profundos y huecos, y los labios gruesos. A los lados de este rostro con visos de máscara, cuelga libremente un rebozo que refuerza su naturaleza femenina en términos tradicionales e incluso religiosos. La figura está enmarcada por las vetas rojas, azules y amarillas del amanecer sobre un paisaje montañoso, apenas perceptible detrás de ella. También es la aurora personificada: su densa forma emerge de la oscuridad en amplias pinceladas ámbar, rojas y amarillas que comunican la idea del calor de brasas vivas: el calor y la luz que produce el petróleo. Entre sus brazos pueden verse solamente los contornos lineales más generales de las altas y delgadas torres petroleras que tiene aprisionadas, aún rodeadas de oscuridad. Debajo de ellas, un hueco entre sus dos antebrazos muestra una acumulación de rocas o sedimento, que se extiende hasta en medio de sus rodillas. Debajo de la figura pueden verse los márgenes de un cuerpo de agua en líneas azules y blancas, como si fuera una reminiscencia del Golfo de México, que delimita la región petrolera mexicana.
Comentario
Aurora de México, de David Alfaro Siqueiros, también conocida como Alegoría sobre la nacionalización del petróleo, es una pintura de gran formato en piroxilina sobre tela hecha para conmemorar la expropiación de todas las reservas, instalaciones y compañías petroleras extranjeras hecha por Lázaro Cárdenas en 1938 , en cumplimiento del artículo 2 7 de la Constitución de 1917. Una nota de Siqueiros al lado de la firma indica que se trata de un proyecto para un mural que jamás se realizó.
Aurora de México es una de varias obras de gran formato en piroxilina que Siqueiros produjo en un febril periodo de actividad iniciado en 1944, inmediatamente después de volver de un exilio de cuatro años precipitado por su atentado contra la vida de León Trotsky, el líder revolucionario ruso exiliado en México. Tras estar seis meses en prisión, Siqueiros salió del país con su esposa e hija para Chile, enviado por el presidente Manuel Ávila Camacho para pintar el mural Muerte al invasor (1941-1942) en la biblioteca de la Escuela República de México, que la nación había donado al pueblo minero de Chillán después de un grave terremoto sufrido en 1939. Luego de pasar un año y medio en Chile, Siqueiros y su familia viajaron a Cuba por otro encargo para un mural. Para entonces, México se había involucrado formalmente en la segunda guerra mundial al declarar la guerra a los países del Eje. Siqueiros, como escribe Christopher Fulton, "se dedicó de lleno a hacer proselitismo en favor de la guerra". En Cuba, en 1943 , pintó el mural portátil El nuevo día de las democracias. En esta obra (que sirvió de modelo para Nueva democracia, mural que Siqueiros pintó entre 1944. y 1945 en el Palacio de Bellas Artes), la figura femenina alegórica de la libertad vuela sobre un paisaje montañoso, en representación de la nueva democracia que se impondría tras la victoria sobre el fascismo. En palabras de Christopher Fulton: "En el contexto de la crisis internacional, la figura de la Libertad aparece empoderada para defender a América Latina contra la agresión del Eje. Pero la imagen puede entenderse también en el sentido más generalizado de la Libertad que trae una nueva aurora para América Latina e inunda el continente de luz y calor."
En unos cuantos años, Siqueiros insuflaría en Aurora de México un sentido comparablemente optimista de una nueva aurora para el país, impulsada, literalmente, por la expropiación petrolera.
Poco después de completar E1 nuevo día de las democracias, Siqueiros supo que Ávila Camacho le permitiría volver a México sin temer más represalias por el intento de homicidio. Tras su llegada a la capital a finales de 1943, trabajó para consolidar las nuevas posturas estéticas y teóricas que había desarrollado durante sus viajes de trabajo por América Latina durante la guerra. Así, pintó el mural dinámico Cuauhtémoc contra el mito (1944) en el alto cubo de escaleras de una casa perteneciente a su suegra, en Sonora 9, en la colonia Roma Norte. Asimismo, fundó una nueva organización, el Centro de Arte Realista Moderno, con sede en la misma casa. La obra y la institución fueron inauguradas al mismo tiempo, el 7 de junio de 1944. La finalidad del Centro de Arte Realista Moderno era revivir los principios originales del muralismo mexicano, como los había pronunciado el Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores de México a principios de los años veinte. En su "Tesis general del Centro de Arte Realista Moderno, para liquidar la crisis actual del arte en México... y fuera de México", Siqueiros declaró que las fuentes más profundas de la tradición mexicana se hallaban: "[...] precisamente en la naturaleza monumental, superiormente monumental, específicamente ideológica, de las sorprendentes culturas prehispánicas y, también, aunque en menor proporción, dentro de lo saludable del arte mestizo colonial. La primera virtud, pues, de un arte mexicano de valor universal, sólo puede constituiría ese sentido monumental, ese impulso social, esa lírica mayor, en progresivo apego a la más avanzada modernidad. De ahí-de su monumentalidad el valor del muralismo mexicano."
La expansiva y ponderosa figura alegórica de Aurora de México, con sus visibles rasgos teotihuacanos, encarna la monumentalidad ideológica que Siqueiros propugnaba. Otro punto sostenido en su "Tesis general" tenía que ver con la necesidad de que el gobierno mexicano diera nuevamente apoyo económico a los muralistas del país, de modo que el movimiento pudiera florecer otra vez. Para apuntalar esta demanda, Siqueiros identificó de manera específica obras como Aurora de México como bocetos o proyectos para murales, a pesar de que se contaba y se contaría con pocos muros disponibles para dichos proyectos. Las figuras pequeñas de espectadores ideales que el artista incorporó en un boceto de 1944 para Aurora de México revelan sus ambiciones para la magnitud de una versión mural, que seria al menos diez veces mayor que la obra aquí analizada. Otras fotografías de la Sala de Arte Público Siqueiros muestran que la esposa del pintor, Angélica Arenal, envuelta en un rebozo suelto y sentada con las piernas cruzadas sobre una manta tejida, fue la modelo para la figura dominante de Aurora de México (como lo sería para Nueva democracia, una versión del mural cubano que Siqueiros pintara para el Palacio de Bellas Artes en I 944), de acuerdo con la siguiente proclama de la "Tesis general": "El pintor moderno que desaprovecha el aporte documental de la cinematografía y de la fotografía es como un médico contrario al uso de la radiografía; porque las cámaras fotográfica y cinematográfica sirven para desentrañar, insuperablemente hasta ahora, los fenómenos del volumen, del espacio, del movimiento del volumen en el espacio y, hecho de inmensa importancia, entregan, por primera vez en la historia del mundo, la fijación de los más grandes y pequeños elementos del drama humano.Valores, éstos, indispensables para la estructuración de un nuevo realismo, de un realismo moderno."
Un año después, Siqueiros amplió su definición de este "realismo moderno" como la: "única posible ruta, la ruta teórico-técnica, de un nuevo y verdadero arte público civil, es decir, de un nuevo y verdadero arte funcional moderno, de un arte nuevo-humanista, en consecuencia, que sustituya en el próximo futuro, en los Estados de democracia económica avanzada que traerá consigo la posguerra, tanto a las rutinas viejas del viejo academismo tradicional [...] como a las rutinas nuevas del nuevo academismo snob."
Pese a su optimismo, sin embargo, Siqueiros encontró a pocos artistas listos para unírsele en la promoción de la causa en favor de un "arte nuevo-humanista" en el período de posguerra. Irónicamente, como ha notado Fulton, su carrera comercial comenzó a despuntar justo en el momento en que la causa socialista declinó, dentro y fuera de México.
Entre 1944 y 1947, Siqueiros pintó docenas de nuevas obras de gran formato. Aurora de México es una de las más grandes y de tema directamente nacionalista. El boceto de la versión mural de la obra incluye en su esquina superior izquierda retratos de cuerpo entero de Lázaro Cárdenas y Vicente Lombardo Toledano como impulsores del proceso de expropiación; las torres petroleras que la figura femenina abraza son más nítidas en esta versión, como lo es también la naturaleza de las rocas sedimentarias bajo sus rodillas. Una fotografía de la pintura tomada en 1944 muestra que Siqueiros sustituyó estos retratos de cuerpo entero con las cabezas de Cárdenas y Benito Juárez, que emergen del fondo atmosférico a la izquierda de la cabeza de la figura central (Lombardo Toledano fue reemplazado por juárez como resultado de las disputas políticas de la época). Fulton escribe que "ambas figuras fueron tapadas con pintura hacia el momento en que la obra fue vendida a la IBM; la estudiosa Raquel Tibol supone que la alteración pudo hacerse para volver la pintura más atractiva para el cliente estadounidense". La alteración quitó a la obra especificidad histórica a cambio de un mayor peso alegórico, una estrategia coherente con el evidente interés de Siqueiros en esos años por obtener más notoriedad internacional.
Esta pintura fue una de dos que mandó el artista para la exposición Mexican Painting, organizada por Inés Amor en la Knoedler Gallery de NuevaYork, en noviembre de 1945, y también una de cuatro enviadas a la Mostra Internazionale del Disegno Moderno en Bérgamo, Italia, en junio de 1950. Siqueiros y Amor seguramente pensaban incluirla en la exposición individual de la obra del pintor que el Museum of Modern Art neoyorquino (MOMA) planeaba albergar en 1946. Dicha exposición nunca se llevó a cabo; en su lugar, el Palacio de Bellas Artes montó Setenta obras recientes de David Alfaro Siqueiros, entre las que figuraba de manera prominente Aurora de México. La exitosa exposición fue el preludio de las victorias-y escándalos que Siqueiros viviría en Europa con sus pinturas de los años cuarenta, primero al ganar, en 1950, el segundo lugar en la Biennale di Venezia por sus obras de la última década, y luego cuando Aurora de México fue incluida, junto con otras piezas, en las exposiciones enciclopédicas del arte mexicano que Fernando Gamboa organizó para el Musée National d’Art Moderne de Paris, en 1952, y la Tate Gallery de Londres, en 1953.
Posteriormente, la obra fue vendida a la IBM Corporation, que a su vez la donó a la nación en 1988. Producida al final de la segunda guerra mundial y absorbida en la colección del Museo Nacional de Arte al término de la guerra fría, Aurora de México puede considerarse una alegoría no sólo de la nacionalización de la industria petrolera, sino de la nacionalización de la causa internacionalista de Siqueiros en la posguerra.
La obra ingresó al Museo Nacional de Arte en I 988, donada por IBM de México.