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Niños esclavos
Niños esclavos
Artista DAVID ALFARO SIQUEIROS (1896 - 1974)

Niños esclavos

Fecha1930
TécnicaÓleo sobre tela
DimensionesSin marco: 110 x 80 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Donación Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997
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Descripción

Dos niños ocupan por completo el lienzo bloqueando casi cualquier noción del espacio que los rodea aparte de la línea de horizonte y un cielo rojo intenso. Sus rostros están distorsionados, son casi caricaturescos; el de la izquierda porta un sombrero sencillo y pantalones cortos, mientras que el de la derecha cae de rodillas, aparentemente bajo el peso del enorme bulto que lleva en la espalda. Ambos levantan los brazos para sostener su carga. La función de estos bultos no es evidente, pero podría tratarse de odres de cuero para llevar agua, sujetos por el mecapal que cruza la frente de cada niño. Los tonos candentes del fondo y el dibujo tosco de ambas figuras remarcan aún más la brutalidad de su situación. La superficie oscura de la pintura, que no es original, hace que las figuras sean hoy difíciles de distinguir.

Comentario

Tras cancelarse los contratos para los murales de la ciudad de México en 1924, David Alfaro Siqueiros y su amigo el pintor Amado de la Cueva recibieron una invitación del gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno (1923-1926), para realizar murales en la recién fundada Universidad de Guadalajara. Zuno, quien fue artista, conocía a Siqueiros desde los días de la Revolución, cuando formaron parte del Centro Bohemio de Guadalajara. También obregonista, Zuno quiso seguir el modelo que Vasconcelos ya había establecido en la capital del país. Después de la muerte de De la Cueva a principios de 1926, Siqueiros concentró su actividad en la organización sindical bajo el patrocinio de Zuno, quien como gobernador populista apoyó a los sindicatos "rojos" locales (y lo siguió haciendo incluso después de renunciar a su puesto). Más que actuar a favor de la causa comunista, Zuno se opuso al centralizado (y corrupto) poder de la Confederación Regional Obrera de México (CROM), eje del poder callista. Este cuadro forma parte de un conjunto de obras relacionadas con la industria minera, entre ellas Accidente en la mina (1931) Perforistas (ca. 1931; Museo Soumaya, ciudad de México), también realizadas en Taxco, Guerrero, después de la liberación del artista del Palacio de Lecumberri. Niños esclavos antecede a estas dos obras, ya que está fechada en marzo de 1930, y también fue realizada en Taxco. En las fechas mencionadas, el artista había huido de la represión anticomunista del gobierno federal que había encarcelado a algunos de los principales activistas en la brutal colonia penitenciaria de las islas Marías, y había obligado a huir a otros, como Pablo O'Higgins y Tina Modotti. La inscripción en un famoso autorretrato (Siqueiros por Siqueiros, colección Jacques y Natasha Gelman), fechada el mismo mes, indica que el artista se encontraba en Taxco en marzo, posiblemente albergado por su amigo Moisés Sáenz, uno de sus mecenas más importantes, quien había restauradocon la ayuda de William Spratlinguna residencia vacacional en Taxco, un pueblo que apenas comenzaba a destacar como importante destino turístico.

José Guadalupe Zuno, el dueño original de la obra, recordó en años posteriores que Siqueiros la llamaba Tamemes, palabra náhuatl que significa "cargadores". La pintura fue expuesta en el Casino Español en 1932 bajo el título actual, mucho más crítico. Cabe mencionar que después de dicha muestra no fue presentada públicamente ni reproducida por impreso hasta su reaparición en una colección particular en Guadalajara, en 1996. No está claro si Siqueiros pintó a estos dos niños de clase trabajadora a partir de una observación directa, ya sea en Taxco o en la zona minera de Hostotipaquillo, Jalisco, donde había organizado sindicatos en los años veinte. El tema tiene una larga prosapia en la historia del Partido Comunista; de hecho en su célebre escrito La situación de 1a clase obrera en Inglaterra (publicado por primera vez en 1845), Friedrich Engels apuntaba que "los niños y jóvenes empleados para el transporte de carbón y hierro se quejan todos de agotamiento. Aun en los establecimientos industriales donde la explotación es más brutal no hallamos un exceso de trabajo tan extendido y exagerado." Las xilografías de la época representan a menudo a niños obreros, valorados por su talla pequeña para el trabajo en los reducidos espacios subterráneos. Como dato adicional, debemos recordar que el tema del trabajo infantil también fue uno de los principales puntos de negociación de los sindicatos "rojos" de Jalisco con los patronos estadounidenses en los años veinte.

Situar a dos niños en un espacio reducido es un recurso de composición típico de varias pinturas que Rivera realizó en los años veinte y treinta, y que tuvieron mucho éxito en el mercado estadounidense (Los hijos de mi compadre, 1930; Banamex). Aunque los niños de Rivera en ocasiones sonríen o sostienen juguetes, más a menudo parecen atrapados contra un muro desnudo, y no están exentos de cierto pathos, como si enfrentaran un futuro incierto. Siqueiros también pintó varias imágenes melancólicas de niños en este periodo; la mayoría de ellos llevan alguna forma del traje blanco de algodón típico de los campesinos mexicanos y se muestran sentados o de pie en interiores neutros. La mayoría de ellas son aún más desoladoras; sólo una, El torito (1931; colección particular), muestra a los niños en un acto celebratorio, aunque su juego pirotécnico es más bien peligroso. Si bien tanto para Rivera como para Siqueiros (notablemente, Orozco nunca exploró el género) estos niños anónimos encarnaban el futuro de la nación, Siqueiros era mucho más crítico: una pintura como Niños esclavos destaca la misma degradación de la clase obrera en el capitalismo que Engels había denunciado casi un siglo atrás.

El cuadro, como muchos de esta época, se ennegreció con el tiempo. En su libro de 1941 sobre el arte moderno mexicano, el coleccionista MacKinley Helm apuntaba: "la mayoría de los óleos pintados en 1930 [...] se han oscurecido porque Siqueiros usaba pinturas baratas y de calidad inferior, generalmente fabricadas por él con escasa pericia". Otras fuentes indican que el artista pudo haber mezclado materiales orgánicos, como miel o resina, con el óleo, quizá para obtener capas más gruesas de empaste. Como sea, estos experimentos han vuelto turbias algunas pinturas de 1930, con las figuras casi imposibles de distinguir del fondo.

La pintura, como ya se mencionó, fue propiedad de José Guadalupe Zuno. Fue adquirida por el Museo Nacional de Arte en 1997 gracias al apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Aurora de México
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1945
Emperador Cuauhtémoc
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1946
Madre proletaria
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1931
null
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1931
Accidente en la mina
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1933
Autorretrato
DAVID ALFARO SIQUEIROS
s/f
Campesinos
DAVID ALFARO SIQUEIROS
ca. 1913
Autorretrato
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1945
El rapto
DAVID ALFARO SIQUEIROS
1936