Personaje desconocido
Descripción
De tamaño natural, el personaje está arropado por una capa de artista que cubre la camisa del frac; sólo las distintas vueltas de una mascada, que forman con un amplio nudo un sustituto de corbata, sobresalen en los suntuosos pliegues de la capa. Aunque esculpidas en el mismo material, el pulido de la camisa y la mascada se diferencia de la superficie más rugosa de la capa. La calvicie de su cráneo contrasta con la barba y el bigote tupidos, que encierran las formas de sus labios. La afilada barba acentúa la delgadez del rostro. El personaje mira hacia el frente, aunque las pupilas se levantan ligeramente hacia las cejas pobladas y el sobrecejo se marca levemente. Su escaso pelo cae ondulado, cubriendo apenas la cabeza.
Comentario
La escultura tiene en un costado la firma de] autor, Eugenio Thierry, quien llegó a México proveniente de Milán en compañía de su hija. Sin embargo, la identificación del personaje se ha perdido-recordemos de qué manera el busto de Maríano Arista del mismo artista fue obtenido por la Academia. Para hacer una posible identificación recorramos las obras que ejecutó y su probable paradero. En
1851 este artista, ajeno a la Academia, expuso en la galería de pinturas de la misma varias esculturas de su autoría. Don Eugenio seguramente estuvo muy ocupado produciendo los retratos en busto de los arquitectos Enrique Griffón y Lorenzo de la Hidalga, de los señores Juan Lasquetti, Joaquín Patiño, Rafael Sorcini y Miguel Dionisio, del hijo del ministro de Hacienda don Manuel Payno y de la hija del señor Barille de Thorne. Thierry debe de haber estado muy satisfecho por la crítica a sus ocho esculturas exhibidas, ya que Rafael de Rafael lo calificó "como un artista de mérito nada común".El crítico del siglo XIX que firmaba como Aquel (Manuel M. Bermejo) apuntó que: "ha presentado algunos bustos remarcables por el bien parecido que son con los originales por la destreza y la maestría de su cincel. Los retratos que más admiramos, son los del Sr. General Arista, de los señores Griffón e Hidalga y principalmente el de un niño que está hecho con mucha precisión y delicadeza." En el mismo art
ículo hacia un llamado al gobierno municipal para que le encargara al escultor milanés algunas esculturas para la Alameda.Suponemos que Thierry, gracias a los otros artistas extranjeros que se encontraban en México, ingresó a
la sociedad mexicana, que no sólo quiso retratos al óleo, sino tener sus propias efigies en escultura, como fue el caso de los matrimonios De la Hidalga y Flores. El campo de trabajo resultaba atractivo para un escultor extranjero aposentado en el México de medio siglo. Sus contactos no se limitaron al círculo académico-del que hizo los retratos de dos famosos arquitectos-, sino se extendieron al ambiente del teatro, donde actuaba su hija, y que lo proveyó de clientes como Joaquín Patiño y Juan Lasquetti. El teatro y la Academia estuvieron más de una vez vinculados. Los escenógrafos que llegaban con las compañías de teatro, como Pedro Gualdi y Carlos París, exponían en la Academia sus obras como artistas ajenos a la misma. El teatro resultaba para los artistas un lugar de reunión y su afición llegaba a que el "insigne Clavé hiciera el dibujo de una viñeta que servía de portada a la composición, que sus autores titularon Un recuerdo de Antonia Adana".Para la cuarta exposición, correspondiente al año de 1852 , haciendo caso omiso a las cr
íticas de Rafael de Rafael y de Bermejo, Thierry presentó diez bustos. Este nuevo repertorio incluía el de Manuel Gorostiza-mandado hacer por los hermanos Moso para la entrada del Gran Teatro de Santa Anna-y los de Jorge Ainslie, Estanislao Flores, Manuela Santibáñez de Flores, Mariana García de Hidalgo, José Lozano, el conde de Revillagigedo-sacado de una pintura que se conservaba en el archivo municipal-, la niña que falleció de la señorita Bianchi, el mayor Juan Tamayo, el coronel Ángel del Puerto y Vicario y el niño del señor Chávez. El catálogo añadía que el busto de José Lozano sería traspasado al mármol. Los dos bustos con que cuenta la colección del Museo Nacional de Arte fueron vaciados en yeso, por lo que es muy probable que los demás fueran del mismo material y estuvieran sujetos a la aprobación de los comitentes para ser traspasados a un material más duradero. En esa oportunidad exhibió también dos esculturas de tema religioso: un San Isidro Labrador original y una Santa María de la Cabeza, la cual porta una antorcha en la mano derecha y en la otra una jarra de agua en que lleva de beber a su esposo, san Isidro. De esta segunda exposición no hubo ninguna crítica.Dentro de los estudios sobre el siglo XIX se cuenta con fotografías y litogra
fías que nos permiten identificar a ciertos personajes, como Lorenzo de la Hidalga y Manuel Gorostiza. Ninguno de ellos corresponde al busto en estudio y de los otros nueve personajes no contamos con imágenes en las fuentes hasta ahora accesibles a la consulta. Algunos personajes, como Lasquetti y Patiño, son mencionados en las historias del teatro, pero éstas no están ilustradas. Manuel Álvarez, en su libro sobre Javier Cavallari, tuvo el cuidado de incluir imágenes de casi todos los arquitectos por él estudiados. Una excepción es Enrique Griñón, quien estuvo en México hasta su muerte en 1862; Álvarez no debe haber encontrado una imagen para el libro que estaba terminando en 1906. Será en los archivos de las familias donde podamos encontrar en un futuro los rastros que conduzcan a la identificación de este individuo, así como el resto de las esculturas de Eugenio Thierry.La pieza entró en las colecciones del Museo de San Carlos en 1970 y permanece en el Museo Nacional de Arte desde su fun