Museo Nacional de Arte

La degollación de San Juan Bautista

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La degollación de San Juan Bautista
La degollación de San Juan Bautista
Artista FELIPE SOJO (1833 - 1869)

La degollación de San Juan Bautista

Fechas/f
TécnicaYeso
Dimensiones110 x 134.5 x 20.5 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
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Descripción

En el interior de una prisión, mínimamente indicado por la ventana enrejada que se abre a mitad del fondo, un verdugo semidesnudo, parcialmente cubierto con una especie de calzón o enagüillas, coge con la mano izquierda la cabeza de San Juan Bautista, mientras que con la derecha blande un temible espadón a punto de descargarlo sobre su víctima. El Bautista, vestido con su tradicional pelliza, tiene las manos cruzadas sobre el pecho en gesto de devota resignación y ofrecimiento de sí; detrás de él se inclina un estandarte en forma de cruz, marcando una línea oblicua paralela a la que determina el espadón del verdugo. Cierra la composición tripartita, por la izquierda, la figura de Salomé con una bandeja bajo su brazo derecho para recoger la cabeza luego de la degollación; trae la mano izquierda alzada a la altura del mentón, en un insólito gesto meditativo o, acaso, de sobrecogimiento. Va vestida a la griega, con chitón e himatión muy sencillos. Las tres figuras están descalzas.

Comentario

En la quinta exposición anual de la Academia (diciembre de 1852-enero de 1853), y en el apartado de la "clase del estudio de invención y composición de obras concluidas" de la sección de escultura, se presentaron tres relieves de sendos discípulos de Vilar, todos pensionados en la Academia: el altorrelieve de La flagelación, de Agustín Barragán; el altorrelieve de El bautismo de Cristo, de Epitacio Calvo, y este altorrelieve de La degollación de san Juan Bautista, de Sojo.

Sojo y Calvo merecieron un tercer premio en la clase correlativo por sus respectivos relieves, mientras que Barragán obtuvo mención honorífica. A los dos primeros se les recompensó con la cantidad de 90 pesos, y sus relieves se quedaron en las galerías de la Academia.

A Sojo le fue bien con la crítica. En un folleto relativo a la "Quinta exposición de la Academia de San Carlos" publicado en la Tipografía de Rafael (y acaso redactado por el propio Rafael de Rafael), se comenta: "El altorrelieve del señor Sojo, lo encontramos superior a los de sus dos competidores en lo tocante al modelado de los desnudos, por ser ejecutados con verdad y grandiosidad de formas; y los paños de la figura de San Juan y de Salomé se hallan indicados con gusto; pero en la túnica del verdugo, nos disgusta la dureza con que está tocada. La figura de Salomé con el plato en la mano, que introdujo ese joven en su composición, está puesta con mucho acierto, pues explica mejor el asunto. Las cabezas de las figuras son expresivas y bien adaptadas al carácter de cada personaje".

No es de sorprender, pues, que el año siguiente, Sojo superase nuevamente a sus compañeros, haciéndose esta vez merecedor a la pensión en Roma, en el ramo de escultura, por una estatua de Perseo en acto de petrificar a Atlas, en competencia con Epitacio Calvo (quien había modelado una estatua de Diomedes). Con todo, Sojo prefirió quedarse en México, para cuidar a su madre, y a Calvo se le concedió la pensión para ir a estudiar a Roma. Pero la superioridad de talento y dedicación de que daría amplias pruebas Sojo, tuvieron su galardón al encomendársele a él la dirección del ramo de escultura en la Academia de San Carlos al fallecer el maestro Vilar, en noviembre de 1860.

El asunto del relieve está en los Evangelios, sobre todo en san Marcos (6,17-28). Es evidente la libertad que el escultor se tomó al representar a Salomé en el interior de la prisión, atestiguando de visu la degollación del Bautista. Su presencia incrementa no sólo la tensión dramática sino la secuencia temporal del martirio del Bautista, al sugerir un antes (la motivación del acto sangriento) y un después (Salomé colocando la cabeza cercenada en la bandeja que porta para presentársela luego a su madre, Herodías, promotora del crimen). Al haber escogido justo el momento previo a la decapitación, congelando allí la acción y postergándola ad infinitum se subraya paradójicamente la ineluctabilidad del desenlace.

Son notables la economía compositiva, la nitidez dibujística y la contenida expresividad de esta obra, dotada de un perceptible talante purista. Aquí hay que ver la mano de Manuel Vilar, en cuya clase de composición Sojo modeló este relieve. Cuando era un joven pensionado que estudiaba en Roma, Vilar no dejó de expresar el disgusto que le producía un relieve tratado en forma pictórica, con muchas figuras y complicados escenarios, a la manera barroca. Para él esta ambiciosa pretensión narrativa resultaba incongruente con las limitaciones del medio, incapaz de albergar figuras redondas y completas, cortadas como estaban por la pared del fondo. De allí su eventual afinidad con el clasicismo purista y el cuidado que podrá en alcanzar una parquedad elíptica y una sobria limpidez en la composición de sus relieves, totalmente opuestas a la desmesura barroca. Ésta fue justamente la lección que él aprendiera y que les transmitió a sus discípulos mexicanos.

No es gratuito mencionar a Vilar en relación con los relieves de sus discípulos. Su intervención parece haber ido más allá de las lecciones dadas de palabra: se conservan dibujos de mano del maestro en que está dada la solución compositiva tanto para La degollación del Bautista, de Sojo, como para los relieves arriba mencionados de Barragán (La flagelación) y de Calvo ( El bautismo de Cristo). Y si bien en el boceto dibujado las figuras presentan proporciones muy alargadas y falta, por ejemplo, la indicación de la ventana enrejada que, en el relieve terminado, sugerirá la ubicación dramática y espacial de la escena, la relación esencial de las figuras, sus gestos y movimientos ya están dados allí.