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Imagen no disponible para José Fernando Ramírez
José Fernando Ramírez
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Artista AGUSTÍN FRANCO (1835 - ¿?)

José Fernando Ramírez

Fecha1860
TécnicaYeso
Dimensiones67.5 x 40 x 32 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

Una tenue sonrisa esbozan los gruesos labios del busto de José fernando Ramírez la cual amplía sus redondos pómulos; su nariz termina en un ligero gesto, cuandos se fruncen levemente los músculos de la frente hacia el centro, dejando la frente despejada. Está continúa en la amplia calvicie del pesonaje, el peso cae hacia los lados formando una melena que en la parte trasera se observa rizada, con amplias ondas en las puntas. El rostro está enmarcado por una barba que parte de las patillas y se prolonga por debajo de la papada tocando la manzada de Adán. El torso del personajé está cubierto po un manto que le cubre los hombros: las clavículas y los pectorales se marcan levemente.

Comentario

José Fernando Ramírez (1804-1871) fue un suscriptor interminente en la Academia de San carlos desde su renovación en 1843. El reconocimiento de sus estudios sobre la historia antigua, condujeron a que los directores de la Academia le pidieran al ex director del Museo nacional, durante su destierro en Europa, que preparara la publicación del manuscrito de Diego Durán, existente en la Biblioteca Nacional de Madrid, que podía hacerse en parís bajo su dirección. Los directivos de ambas intituciones, habían llegado a un acuerdo: La Academia de San Carlos patrocinaría los preliminares de la publicación, mientras el Museo Nacional entregaría a la Academia unos cuadros de autores mexicanos que estaban en su posesión. El presidente Santa Anna estuvo de acuerdo y disposo que el Museo entregara a la Academia las obras especificadas. Esta petición por parte de la Academia coincide con la decisión de la junta directiva de "establecer una galería para la antigua escuela mexicana de pintura: a cuyo efecto se le solicitará al Gobierno recomendación especial para obtener los cuadros".

A su regreso en 1856, Ramírez fue nombrado académico de honor por la Academia. Desde el Museo se relacionó con el litógrafo Casimiro Castro, con quien produjo la Descripción de algunos objetos del Museo Nacional de Antigüedades de México, que la imrpenta de Andrade y Esclante publicó en 1857 en una edición especial de 50 ejemplares en la que don Fernando daba una expliación de 42 objetos arquelógicos.

Tiempo después de la muerte de don Bernardo Couto, acaecida el 14 de julio de 1863, se propuso una terna, integrada por José Fernando ramírez, Urbano Fonseca, y Joaquín Velázquez de León, para nombrar al director de la Academia, salió electo Ramírez quien también fungía, de nueva cuenta como director del Museo Nacional. Sus escritos sobre las antiguas culturas amaericanas le permitieron proponer otros temas par alos alumbos, cuyos primeros resultados se verían en la entrega de premios correspondiente al año de 1864 y en la exposición de 1865.

La dirección en esta ocasión fue muy breve, pues el Imperio pasó a ocupar la cartera de Relaciones, dejando en manos de don Manuel Orozco y Berra el Museo Naciona; la Academia fue dirigida  honorariamente por don Urbano Fonseca, antiguo conocido quien, junto con Ramírez había renunciado en 1852.

José Fernando nació el 5 de mayo de 1804 en Nueva Vizcaya, cuando todavía el territorio no se nombraba como lo conocemos. Hoy diríamos que fue originario de Hidalgo del parral, Chihuahua. Estudió y se formó en la provincia, obteniendo el grado de abogado un año antes de participar como miembro del Consejo de Gobiernod e Gómez Farías en 1833. Con la estrepitosa caída de la propuesta liberal, regresó a Durango y fingió como rector del Colegio de Abogados de Durango. Fue redactor de varios peroódicos, senador en diferentes oacasiones, consejero de Estado, ministro de Relaciones Exteriores, negociador de paz. Pero su empeño estaba en ser bibliotecario de la gran Biblioteca Nacional que se proyectaba desde el año de 1833 en el edificio de la ex Aduana. Despúes de traspasarle al estado de Durango su primera biblioteca, se radicó en la capital en agosto de 1851, cuando sirvió como ministro del gobierno de Mariano Arista en la cartera de Relaciones. Su labor académica estuvo reconocida por su pertenencia al Ateneo Mexiano, a la Socieda Mexicana de Geografía y Estadística, a la Academia Imeprial de ICencias y Literatura, honoario de la Real Academia de la Lengua Española, de la Historia de Madrid, corresponsal de la Pontificia de Arqueología de Roma y de la Historia y Etnología en Nueva York.

En 1852, Ramírez era a la vez director y cosnervador del Museo Nacional a cargo de desempeño con toda su eficiencia dad su dedicación y amor a la arqueología. A decir de Manuel Vilar en  1860 era presidente sustituto de la Academia, por loq ue el maestro lo acompaño en su recorrido por la institución.

En el curriculum establecidop por el maestro Vilar para la clase de retratos, bustos ideales y cabezas del natural, el alumno esta obligado a producir un retrato en el que representara la cabeza y el inicio del tórax como una alusión parcial a la figura del retrato. Era conveiente que los modelos no se repitieran, a más de que los alumnos podían obtener premios por  sus avances, lo cual significaba que las esculturas permanecerían como acervo de la Academia. En opinión de Vilar, se adquirían las obras escogidas de las diversas calses por su grado de dificultad y en lo tocante a marcar la marcha y progresos de esta nueva escuela.

Agustín Frnaco ingresó a la institución en 1853 y obtuvo una pensión de cuatro reales diarios en 1858. Para la clase que dirigía el amestro Vilar, trabajó durante el año de 1860 el busto de José Fernando Ramírez. El directo del ramo se había preocupado por que don José Fernando asistiera al estudio del fotógrafo, y en septiembre de 1860 nos dice: lo acompañé a ver la Academia y lo impulse de varias cosas de la misma por haber sido nombrado presidente sustituto de ella. Vi al  mismo señor para que fuera a la Academia para que conluya mi discípulño su retrato. Franco, si bien partió del retrato fotográfico y del conocimiento que tuvo  del personaje, siguió los liniamientos clasicistas par ala elaboración del busto, eleminando los anteojos que protaba consuetidinariamente, así como la vestimenta que consistía en su elegante frac, chaleco de bolita, camisa blanca y corbota negra embutioda en el cuello de la blanca camisa.

El interés de Vilar porque sus alumnos retrataran a los personajkes que habían tenido o tenían una elacióne special con la Academia es clara en sus escritos. Hoy es claro que con ello quiso formar una galería de los personajes que dotaban de una historia a la Academia, tanto los fundadores y los maestros, como los participantes en le renovación de 1843. Sus alumbos retrataron amuchos más, pero no fuero premiados, y por tanto, sus efigies no fueron guardadas celosamente p0or la Academia. Hoy nos interesaría que así hubiera sido, pues tendríamos un panorama de comitentes y de artistas que, siguiendo una práctic académica, se retrataron entre sí como un ejhercicio entre colegas. Vilar murió en noviembre de ese año y no pudo ver la exposición que se llevaría cabo en febrero de 1862, donde se mostraron tanto el retrato de Ramírez como el de Pesado. Viñlar no imaginó los cambios que acarrearía lo que él solía llamar la revolución, el partido opositor le quitaría a la Academia las bases de sus sustento, al suspender la administración de la Lotería. Un nuevo orden se establecía.

A la muerte de Manuel Vialr, Felipe Sojo lo sustituyó como amestro de la clase de escultura, 1864 par ala clase de ´práctica d emármol, Agustín Frnaco trasladó el busto de Ramírez al mármil, el busto fue expuesto en 1865, cuando también se exhibieron los de Mnauel Vilar, José Joaquín Pesado y Luis Gonzaga Cuevas; se hicieron estudios para el retrato del amestro de paisaje Eugenio Landesio. José Fernando Ramírez, a la sazón ministro de Rleaciones Exteriores de maximiliano, discutía con el emeprador sobre arqueología, lo acompañaba en sus expediciones arqueológicas en los alrededores de la ciudad y participaba en la visitas intermpestivas que éste efectuaba a la Academia. Maximiliano y Carlota habíanm asisitido a la Academia y habiían entregado de propia mano, recompensas a los artistas premiados en la decimotercera exposición y habían hecho a los artistas el señalado honor de invitarlos a su mesa con ocasión que aquellos premios.

Inscripciones                                                                                                                                                                                                                          [En el frente:]                                                                                                                                                                                                                              J.F. RAMIREZ