El río Bravo
Descripción
Un hombre barbado, con las hojas de algunas plantas acuáticas formándole una suerte de tocado, se halla tendido sobre una formación rocosa, Su mano izquierda reposa sobre una especie de saledizo d ela misma roca, debajo del cual brota en botones la corritne del agua que forma el río a cuya vera se halla la figura recosta, El hombre está desnudo, pero cubre sus flancos una larga pieza de tela o manto girada hacia la izquierda, como si estuviese atisbando algo que lo pone en alerta, al tiempo que extiende el brazo derecho en la misma dirección, con la mano alzada en un gesto que indicará la coluntad de rechazar o conjurar alguna amenaza,
Comentario
En la vigésioma exposiición d ela Academia,a beirta el 5 de noviembre de 1881, y que conmmemoraba el centenario de la fundación de la escuela, Gabriel Guerra alumno de mIguel Noreña en la case de escultura, presentó cinco obras: El Retrato del Dr. gabino Barreda; El río Bravo; La caridad; Homero estua original y la Justicia busto original ejecutado en mármol. El conjunto revela la gran variedad de asuntos que cipaban a un escultor en ciernes, y que se correspondían con las categorías de tareas impuestas por Vilar hacia mediados del siglo XIX: retratos, antiguos y mdoernos y alegorías.
La representación antropomorfizada de elementos de la naturaleza, en particular del ríos, obedece a una tradición secular, ya en escultura, ya en pintura. Es célebre la alegorización del río Nilo en la figura de vigorososos anciaos yacentes, rodeados de putti, que significan el número de codos que subía en su nivel, durante las indefetibles avenidas anuales, cuando las aguan inundaban los campos circundantes dejándolos fertilizados. EL vigor masculino en reposo constituía una metáfora apta para expresar visualmente el poder de la naturaleza en sus aspectos benéficos par al avida humana.
En esta clásica tradición alegórica se alinea la figura plantead apor Guerra para simbolizar el río, que por un largo trecho, marca la frontera septentrional de México con los Estados Unidos, Con todo, no la caracteriza una musculatura acentuada, signo de una especial fortaleza; ni trae tampoco el cuerno de la abundancia, tan usual en las alegorías de los ríos. Y la posición de su cabeza, parcialmente girada y como echada hacia atrás, y el hechod e tener la mano levantada con la palma abierta, como sugiriendo rechazo, pareciera cusar una actitud de vigilancia, si no que de Alamra, Esto no esraro, habida cuenta de la ingrata, humillante experiencia sufrida por los emxicanos, derrotados en la guerra de intervención nortemaericana de 1846 y 1847, derrota que tuvo por precio la pérdida, en 1848 de la mitad del territorio nacional cedido al vencedor por el tratado de Guadalupe Hidalgo. pero la concupiscencia anexionista del expansivo cenido dle norte no parece haber quedado satisfecha con aquel bocado desmesurado, y a lo largo de las décadas siguientes hubo nuevos amagos internencionistas. No hacía mucho en 1877 durante el primer periodo presidencia del Porfirio Díaz 1877-1880 sopretexto de presionar par ale pago de una deuda que le gobierno mexicano tenía perfectamente reconodia, y tomando como excusa los merodeos e incursiones de indígenas al otro lado de la frontera, el gobierno estadounidense que encabezaba el presidente Rutherford hayas 1877-1881, ordenó el moviemiento de algunas de sus tropas sobre el territorio limítrofes. los periódicos mexicanos se hicieron ecos de rumores, al parecer verídivcos, que aseguraban que el presidente Hayes no veía con malosm ojos las intimaciones a una nueva invasión a México que le hacían abiertamente algunos congresistas. En aquel año, se llevó a cabo una coleta pública ente los ciudadanos mexicanos con el próposito de contribir a completar la cantidad asignada por nuestro gobierno para el primer pago de aquella deuda reeconodia; fue un campaña muy publicitada en la prensa, en los teatros etc. e involucró a un buen número de ciudadanos, entre ellos a los profesores y empelados de la Escuala Nacional de Bellas Artes, quienes accedieron a ceder el 1% de sus emoplumentos mensuales, durante un año con este objetivo.
La crisis fue cediendo, sobre todo cuando el gobierno estadounidense reconocío la legitimidad d ela elección de Díaz a la presidencia y cuando, merced en buena medida a los esfuerzos de Manuel maría de Zamacona, el ministro mexicano en los Estados Unidos se les fue haciendo cada vez más claro a los norteamericanos que les resultaba mucho más provechoso cambiar de táctica y que les redituaría mucho más una pacífica invasión coemrcial y una generopsa política de inversiciones y no un intervención militar. Gracias a la campaña de persuación de Zamocano, afinales de 1878 y principios de 1879 visitó México una nutrida delegación de empresarios y comerciantes nortemaericanos interesado en conocer la potencialidad del país para acoger la infersión foránea. Se montó toda una cmapaña periodísitca, tanto en México como en los Estado Unidos, para dar cuenta de las actividades de los viajeros a lo largo de su itinerario.
En este contexto las frágiles, desiguales, pero muy importantes relacione sentre México y estados Undios, donde cobra mayor sentido una figura alegórica como la de Gabriel Guerra.