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La caridad
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Artista GABRIEL GUERRA (1847 - 1893)

La caridad

Fecha1881
TécnicaYeso
Dimensiones44.5 x 26 x 23 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

Un anciano con el torso desnudo, apenas cubierto por unos pantalones viejos que dejan al descubierto algunas partes de su cuerpo, avenza apoyuado en los hombros de una adolescente y un niño. La vestimente esmerada y elegante de estas dos figuras contrasta con el atuendo miserable,  y la desnudez del viejo. Los jovenes levantan la cabeza para contemplar el rostro  compungido de su protegido, la niña lo abraza con la mano izquierda y con la derecha sostiene un morral y el niño lleva en las manos un bastón yun sombreto que luce desgastado, todos los objetos pertececientes al mendigo. Las diferentes estaturas de los tres personajes así como sus posturas variadas confieren cierta agilidad a este pequeño grupo escultórico.

Comentario

El tema de la caridad como una de ls tres virudes teologales fue representado visialmetne desde la Edad Media en forma alegórica. la Caridad como una mujer amantando a uno o más niños y campañada de otros tantos con un corazón ardiente o una flama fue la imagen más difundida hasta el siglo XVIII. En el siglo XIX con las transformaciones económicas y sociales que trajo consigo la revolución industrial, el proceso de secularización de la vida, el creciemiento de las grandes ciudades, el desarrollod e la burguesía y el surgimiento de la clase obrera, el tema de la caridad llegó a revestirse de un significado moral y social que hasta entonces no había tenido y a cobrar importancia, junto con el tema de la mendicidad y la pobreza, dentro de los discursos políticos.

La mendicidad, casí siempre concebida como un problema característico de las grandes urbes, y la caridad, como uno de los medios par amitigarla, constituyeron así ino de los tópicos más discutidos y analizadops por sociólogos, filósofos políticos y filántropos. Asimismo, fue unod e los asuntops preferidos por los artistas de cimonónicos, tanto en la plástica como en la literatura, gracias a su capacidad para conmover y tocar fibras sensibles del público burgués, al que generamente estaba dirigido.

En México el tema parece haber sido tocado por primera vez en la pintura académica en la exposición de 1855 con el cuadro La caridad de Lorenzo Aduna. Sin embargo, el asunto cobró mayor vigencia años más tarde, así lo muestran lñas obras de Manuel Ocaranza, Alejandro Casarín y Alberto Bribiesca y el trabajoe scultórico de Guerra que ahora se analiza. En  1883, José Salomé Pina eligió par ala consurso bienal en el ramo, de pintura representar un acto sublime de caridad. pero es esa ocasión los discípulos de la Academia trabajaron temas relacionados con la hsitoria del cristianismo. Más que en el campo de la crótica social, a la que también se prestantaba con facilidad el tema, el boceto escultórico de Guerra se encuentra en el de la moral cristiana y en el de  sensibilidad burguesa.

De la misma manera, resulta elecuente la alusión de Gutíerrez al Evangelio yua que la Iglesiaconceptuaba el amior dei y el amor proximi como formas de caridad. En este sentido, los niños burgueses de la escultura de Guerra cumplurían a la vez con el precepto cristiano de dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al   desnudo y atender al enfermo, al extranjero o pisionero; sin embargo, nada hay en el grupo que indique la condición cristiana o católica de los niños como tampoco el carácter religioso de la escena. Ya fuese representada como práctica laica o religiosa en la plástica mexicana del siglo XIX, en los dos casos subyace el concepto de la caridad como el valor que debía ser introducido en el seno familiar, como se muestra en las pinturas de Oacanza y bribiesca. Desde esta óptica la figura de la madre como educadora y como encargada de transmitir a sus hijos lo sprincipios morale,s se halla implícita en ñle escultura de Guerra, pues auqneu austende en la obra, la madre se hace presente n la acción que llevan a cabo sus hujos, en los que ha inculcado la p´ractica de la caridad, particularmente en la joven, la que con su vestido y pose parece una niña disfrazada de muejr adula, pero preparada ya par ala formación moral de la nueva generación.

Guerra realizó este grupo cuando era aún estudiante de Miguel Noreña en la Escuala Nacional de Bellas Artes para ser calificado en el concurso de escultura de 1880,cuyo tema fue "La caridad", exhibió esta obra junto con una estatua original de Homero en la vigésima muestra de la Academia, como trabajos presentados para el concurso anual de 1880. En la misma exposición figuraron también optras de sus obras: El retrato del Dr. gabino Barreda, La Justicia y el río bravo, En  1882 la Academia adquirió para sus galeríoas La Justicia, El río Bravo y el boceto de la caridad.

Hasta el momento se ignora si el artistia llegó a realizar el boceto en mármol o en bronce a solicitud de algún comitente. Custodiada en las galería de la Academia,f ue registrada en el catálogo de escultura de Manuel G. Revilla en 1905, sin embargo, en la biografía que le dedicó al escultor en 1901, nada dice de ella. Formo parte del acervo del Museo Nacional de Arte desde su fundación en 1982, antes perteneció a la colección del Museo de San Carlos.

 

Imagen localizada en el catálogo de la exposición página 78

Descripción:

"En La caridad romana Monroy toma un tema de la historia antigua para ilustrar una virtud cristiana. Si bien sabemos que la historia narrada está libre de toda sospecha –una joven amamanta a su anciano padre condenado en la cárcel-, la escena, de acuerdo con nuestros cánones, no deja de ser perturbadora (fig. 54). La escultura de Gabriel Guerra (fig. 55) ha dado un paso determinante hacia la laicización del concepto cristiano de la caridad. Los dos jóvenes ejercitan una virtud social, más que una virtud cristiana, y la escultura es una mera excusa para hacer un ejercicio de realismo: se trata de contrastar la piel, los rasgos expresivos y la decadencia física del pobre con la vitalidad y lozanía de los dos muchachos que lo sostienen. Ya no se trata de sentimiento religioso sino de sentimentalismo burgués."

(Galí Boadella, Montserrat, 1998, p. 77)