Museo Nacional de Arte

Francisco Manuel Sánchez de Tagle

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Imagen no disponible para Francisco Manuel Sánchez de Tagle
Francisco Manuel Sánchez de Tagle
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Artista MANUEL VILAR (1812 - 1860)

Francisco Manuel Sánchez de Tagle

Fecha1852
TécnicaYeso
Dimensiones61 x 37 x 30 cm
CréditoMuseo Nacional de Arte, INBA Acervo Constitutivo, 1982
Más información

Descripción

Su complexión delgada se deja ver en las prominentes clavículas que el escultor destacó en el torso desnudo. La amplia y alargada nariz aguileña domina sus facciones. Las órbitas de sus ojos se abren en un gesto de sorpresa, haciendo que los músculos de la frente se curven en líneas paralelas a las pobladas cejas. El cuello, alargado en un rictus, refrenda la falta de movimiento de la cabeza. La boca es pequeña y el labio superior notoriamente delgado. El pelo, recortado en diminutos gajos, deja al descubierto sus pequeñas orejas. Alrededor de los ojos se nota el paso del tiempo, lo que nos hace suponer que se trata de un retrato de los últimos años de vida de Sánchez de Tagle y los primeros de la estancia de Vilar en México. Si bien la escultura fue hecha para ser vista de frente, la cabeza termina en la parte posterior en un elaborado peinado que por su textura contrasta con la lisa espalda apenas esbozada.

Comentario

La presencia del busto de Francisco Manuel Sánchez de Tagle (1782-1847), esculpido por Manuel Vilar en la colección de la antigua Academia de San Carlos obedece a una petición de don Bernardo Couto, quien deseaba que fuera colocado junto al de Javier Echeverría en un lugar prominente de la Sala de juntas, flanqueando al óleo de San Carlos Borromeo.

La marquesa Calderón de la Barca lo describe así "descendiente del marquesado de Altamira [. . .] Don Francisco Tagle es un caballero de la vieja escuela, y su nombre figura en todos los acontecimientos políticos que han ocurrido desde la independencia, de la cual fue uno de los firmantes. Es muy rico y posee una finca muy productiva de magueyes muy cercana a México, enormes propiedades en la frontera de Texas, y es por otra parte administrador del Monte de Pío, antiguamente la casa de Cortés, un verdadero palacio en el que viven él y su familia. Es muy ilustrado y muy bien informado y demasiado distinguido para que no haya sentido en su persona las convulsiones políticas. Con su experiencia de un México republicano ¿tomaría ahora el mismo camino? Es demasiado prudente para decirlo." Al momento de la Independencia, un grupo político se iba perfilando alrededor de los liberales gaditanos que se transformaría en "los hombres de bien": en su mayoría antiyorkinos e hispanistas y cuyo poder económico se localizaba en el eje México-Veracruz.

La historia de los vínculos de don Francisco con la Academia se remonta a tiempos anteriores a la emancipación cuando, en 1805, fue nombrado académico de honor de la institución. Durante la guerra de Independencia, en agosto de 1816, participó en la terna para secretario de la Academia, la cual completaban José Ignacio Nájera y Francisco Senande. La elección final recayó en Sánchez de Tagle, quien tomó posesión como secretario interino, siendo a la vez consiliario y regidor propietario de la nobilísima ciudad. La confirmación del puesto necesitaba una resolución real; esta designación regia llegó el 26 de junio de 1817. Entre uno y otro evento, Sánchez de Tagle ya había presentado su renuncia ante el virrey Apodaca el 4 octubre de 1816 tanto a su puesto como secretario, como al puesto de consiliario. Suponemos que no le fue aceptada pues continuó con sus labores.

En el cargo de secretario recaía una gama de tareas tanto técnicas como académicas. La junta Superior de Gobierno de la Academia de San Carlos confería al secretario un poder general para cobranzas, amplio y sin límite. Las percepciones que la Academia recaudaba provenían de instituciones como el Consulado, el Colegio de Minas y los ayuntamiento de Guanajuato y Veracruz. El secretario, además, debía encargarse de atender las libranzas con particulares como las del señor Murphy, quien tenía una deuda a favor de la Academia, de las diversas solicitudes como la de la pensión de la viuda de Ximeno, de las recomendaciones para los maestros, así como de atender a los visitadores a la Academia. Las cargas académicas consistían en ocuparse de difundir las obras que se emplearían para los cursos como era el caso del libro de Benito Bails para el curso de matemáticas, de los exámenes delos alumnos, los premios para los discípulos, los concursos de oposición para las pensiones y de los aumentos de salarios para los pensionados en Roma en 1825.

También tenía a su cargo las relaciones con otras instituciones. En cierta ocasión, la Real Casa de Moneda solicitó en préstamo la colección de medallas y monedas que trajo consigo Jerónimo Antonio Gil. Sánchez de Tagle se opuso invocando las reales órdenes, en las cuales se dejaba constancia de la donación de su majestad y la prevención de que de ninguna manera salieran de la institución. El superintendente alegó que si bien era cierto que las piezas no debían salir del edificio a solicitud de particulares, no sucedía así si quien lo solicitaba era un establecimiento real. El secretario no cedió y obligó a los estudiantes pensionados de la Real Casa de Moneda a asistir a examinarlas a una de las salas de la Academia.

Cómo mantener la Academia económicamente sin el patrocinio real fue uno de los grandes problemas que hubo de enfrentar. En 1838 se llegó al extremo: el gobierno debía a la Academia cuatrocientos mil pesos. De los dos mil pesos mensuales que le habían sido asignados, la Academia sólo había recibido en todo el año doscientos, por ello los directores habían sido sustituidos por suplentes a los que se les pagaba sólo la cuarta parte del sueldo y los gastos menores habían sido costeados de su peculio por el secretario de la institución. En marzo de 1839, siendo secretario de Hacienda, el conde de la Cortina le otorgó a la Academia diez mil pesos. Ese mismo año, a sus 57 años de edad, don Francisco consiguió que su hijo Ignacio fuera nombrado segundo secretario sin sueldo y su sucesor al cargo en caso de faltar él sin necesidad de un nuevo nombramiento.

José María Durán, uno de los académicos de honor, le solicitó a principios de 1843 una memoria acerca de los sueldos del personal académico y administrativo de la Academia, pues la reestructuración de la misma se llevaría a cabo ese año. Sánchez de Tagle permaneció como su ilustre secretario siguiendo puntualmente la renovación de la institución. ¿Sería mucho arriesgar decir que los reglamentos adoptados en 1843 fueron los mismos que regían la Academia fundada en 1785?

Su sapiente y cuidadosa mano estuvo tras la correspondencia para los concursos de selección de los alumnos que partirían como pensionados a Roma, así como para el que se debía abrir en dicha capital para seleccionar a los maestros que se harían cargo de la enseñanza en la Academia.

En junio de 1845 Manuel Díez de Bonilla, quien finalmente lo sustituyó como secretario a su muerte, comenzó a firmar algunos documentos relativos a la administración de la Academia junto con él.

En 1852 el maestro catalán Manuel Vilar deseaba volver a su tierra natal y por ello había presentado su renuncia a Javier Echeverría con antelación. La junta, no queriendo que se fuera, ideó diversos encargos. Entre éstos estuvieron los bustos para la Sala de juntas. En noviembre de ese año,Vilar avisaba a Couto que el retrato del "señor don Francisco que me encargó la junta Superior de Gobierno lo he concluido en yeso, y por lo tanto tengo el honor de ponerlo a su disposición tan pronto como el cantero haya concluido de debastar el retrato del Sr. Echeverría, que se está haciendo para su familia, se comenzará a trabajar el mármol".

Para el yeso Vilar partió de los modelos imperantes en Roma durante su formación, cuando el más noble y severo clasicismo fue puesto nuevamente en boga por el arqueólogo y crítico Winckelmann y reafirmado, prestigiado y divulgado por Canova y Thorvaldsen. La figura humana, ya fuera drapeada a la antigua o desnuda, era la forma más elevada de representar y a la que un escultor debía aspirar. Representar a un personaje retomando el modelo clásico significaba dotarlo de la belleza moral que ennoblecía al individuo. Dentro del clasicismo decimonónico hubo dos corrientes: una que favorecía en el dibujo la copia del antiguo y otra más liberal que tomaba sus modelos de la naturaleza, pero ninguna de ellas cuestionaba la superioridad artística y moral de la escultura antigua. Manuel Vilar impulsó ambas en la estructura de aprendizaje que creó para sus alumnos: la copia del antiguo en los primeros años y la copia del modelo al natural en los años superiores. Aunque se sirvió de la fotografía para asegurar la semejanza de los rostros de los modelos, nunca estuvo contento con las fotografías de sus propias esculturas, y se lamentaba de que éstas no reprodujeran el aliento de la escultura.

Comenzó el busto en yeso de don Francisco entre septiembre y octubre de 1852, y lo terminó en diciembre del mismo año. Para sacar la semejanza del personaje, debe de haber tomado como modelo sus retratos grabados, así como utilizado el conocimiento personal que tuvo de Sánchez de Tagle, con quien convivió casi dos años desde la llegada de Vilar en enero de 1846 al puerto de Veracruz hasta la muerte del secretario el 7 de diciembre de 1847. La junta le otorgó 300 pesos por los bustos de Tolsá y de Sánchez de Tagle. Vilar no los aceptó alegando que la escultura de Tolsá la había producido Martín Soriano, por lo que tomó sólo 150 pesos y le sugirió a la Junta que se le diera una gratificación a su discípulo. La junta dispuso finalmente que él tomara 250 pesos y que el resto fuese para Soriano.

La escultura no fue traspasada al mármol de inmediato. Sería Martín Soriano, dentro de la clase de práctica de mármol, quien esculpiría el busto en este material en 1854. Esta pieza de mediano mérito, según el maestro Vilar fue propuesta para ser enviada a París a la Exposición Internacional, pero la Academia no hizo finalmente envío alguno.

Vilar pudo formar con sus obras y la de sus más aventajados discípulos un pequeño museo, constituido por siete galerías de escultura. En él se podía apreciar la historia de la enseñanza de este departamento tan importante de las bellas artes. Estuvo conformado por aceptables academias en yeso, buenas copias de originales, originales no desprovistos de valor, como las estatuas de mármol, y los retratos de los personajes que dieron vida a la Academia.

Sánchez de Tagle, por su actividad y pertenencia a la élite ilustrada, mereció ser, en el programa de Couto, junto con Echeverría, uno de los primeros personajes cuyos bustos esculpiera Manuel Vilar para la Sala de juntas de la Academia. El oscuro director de la Academia desde 1834, José Mariano Sánchez y Mora, quien en tiempos de la renovación se le aceptó la renuncia, no fue agraciado con el recuerdo de sus contemporáneos.